Del protagonismo al servicio

Pbro. José Luis Quijano (*)

Reflexiones de un catequista, a partir del Mensaje del Papa para la 42º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales con motivo de celebrarse el 4 de mayo próximo la Jornada Mundial de los Medios de Comunicación Social

Misionar el tiempo y la cultura

Diversas disciplinas toman hoy la metáfora del escenario para definir y describir contextos plenos de significados y de factores causales. Allí las personas viven, los hechos ocurren y se desarrollan los procesos. En este sentido, la cultura comunicacional (1) es un escenario en el cual la Catequesis vive el desafío de comunicar hoy lo que Dios nos ha revelado. Esta cultura constituye un sistema hegemónico en el cual prevalecen los medios de comunicación social y los nuevos medios electrónicos.

Instituto Superior de Catequesis ArgentinoEllos han puesto todo hacia fuera. Como en una gran vidriera, en la cual todo se muestra. La interioridad de la persona y hasta su misma conciencia quedan, a veces, tristemente a merced de los criterios de moda que esos mismos medios difunden. Muchas opciones se muestran relativas al tiempo y a la sociedad. Se niega la universalidad de los valores y el relativismo reinante avala la existencia de muchas verdades.

El tiempo en el que vivimos se despliega desafiante entre preguntas que no encuentran respuestas y ensayos de nuevos paradigmas. El desencanto, como nota repetida y subyacente, se manifiesta como rebeldía, desconfianza, resignación o escepticismo. Por otro lado, este tiempo peculiar, que avanza entre dilemas y búsquedas, nos ofrece la riqueza de una creciente valoración de la diversidad, la comunicación y la tolerancia.

Los hombres y las mujeres de este tiempo esperan, muchas veces sin darse cuenta, conocer la verdad sobre Dios, sobre el hombre y sobre el camino que lleva a la liberación del pecado y de la muerte (2) , porque el corazón humano ha sido creado para acoger la amistad que Dios le ofrece, en la cual puede hallar su plena liberación (3).

No es lo mismo ser un deambulante que un peregrino….El que deambula, camina sin sentido. El peregrino, en cambio, avanza firmemente hacia el encuentro con sus anhelos más profundos y hace de su vida una respuesta leal y generosa a la amistad que Dios le ofrece.

El tiempo de hoy es tiempo de misión, para derribar fronteras y suscitar la comunión. Tiempo para acompañar el peregrinar de muchos, para sacarlos de la confusión que los hace deambular sin sentido. El llamado misionero nos convoca no sólo a la búsqueda de los que viven lejos, en las lejanas tierras que solíamos llamar tierras de misión. Hoy se trata, más bien, de misionar el tiempo y la cultura.

El destinatario de la misión está lejos y también está cerca: en nosotros mismos, en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestros ambientes… Embargado por la indiferencia, por la tibieza de una fe heredada y no del todo asumida, por un subjetivismo exacerbado, o por una paradójica soledad en plena cultura comunicacional.…

En este escenario los medios de comunicación poseen, a la vez, la capacidad para ejercer un protagonismo que contribuye a la deshumanización y descristianización de la cultura o a ponerse al servicio de la Vida , la comunión y la Verdad.

Los medios de comunicación al servicio de la Vida

En el corazón de todo hombre y de toda mujer anida el anhelo de una vida plena, justa, feliz y digna. Recientemente la Iglesia Latinoamericana , en la voz de sus Pastores, ha expresado su fidelidad a ese profundo anhelo humano, convocándonos a una vida digna, plena y feliz en Cristo. Él es el Señor de la Vida. A la samaritana le da mucho más que el agua del pozo y a la multitud hambrienta le ofrece mucho más que el alivio del hambre. Se entrega Él mismo como la Vida en abundancia.

Los catequistas, por nuestra vocación y ministerio, nos hacemos testigos de esa Vida, para que Ella se encarne en el corazón de los hombres y mujeres de nuestras culturas. Porque la Catequesis es, precisamente, esa acción eclesial capaz de poner a las personas no sólo en contacto, sino en íntima comunión con Jesús (4) .

El discípulo es, sobre todo, un seguidor. Puede no conocer, del todo, el camino… Pero alcanza a ver la meta que le muestra su maestro. No se puede ser discípulo si no se ha descubierto un maestro a quien seguir.

Conocer a Jesús, seguirlo y hacernos sus discípulos implica darle la respuesta de fe que nos plenifica y nos asemeja a Él, configurando nuestras personalidades a su imagen y semejanza. Implica encarnar en nuestras vidas su propuesta y los valores que ella conlleva.

Y, como los valores atraen, arrastran por su propio peso e iluminan el camino de los que peregrinan, donde hay valor hay sentido. La fe es la respuesta de sentido más plena que el hombre puede darle a su vida, es el valor que lo mantiene religado permanentemente a Dios, como su sentido y fin último.

Los medios de comunicación, los nuevos medios electrónicos y el espacio virtual, en su opción por el protagonismo o el servicio, pueden constituir ambientes y entornos de muerte o de vida, de humanización o de deshumanización, de encuentro o de soledad, de gracia o de pecado…

Los medios de comunicación al servicio de la comunión eclesial y de la Catequesis

El individualismo, la soledad sin límites y la incomunicación tienen su contrapartida, en el tiempo actual, en la búsqueda de auténticas Obras Misionales Pontificias de Argentinaexperiencias de comunidad y de comunión. Experiencias que, a través del encuentro, permitan a las personas sentirse aceptadas, valoradas y partícipes de la solidaridad, la justicia y el bien común.

Nosotros creemos que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y los medios de comunicación social, en general, pueden contribuir significativamente a la comunión. Nos acercan al extranjero, al que piensa distinto, al diferente. Ellos entran a nuestra casa en simultáneo, invitándonos permanentemente a la hospitalidad y al discernimiento.

El espacio virtual es una expresión de la cultura comunicacional. Diversos ámbitos, como la educación, el comercio, la política… habitan hoy ese espacio. Por eso , es legítimo preguntarnos…

No hay Catequesis posible sin comunidad eclesial. La Catequesis es una acción de la Iglesia , aunque, en este sentido, la prioridad corresponde siempre a la Iglesia particular (5). La clave para dar una respuesta afirmativa a las preguntas anteriores queda, entonces, determinada por la eventual posibilidad de construir un espacio eclesial en el espacio virtual.

La comunidad cristiana es la realización histórica del don de la comunión (koinonía), que es un fruto del Espíritu Santo. La comunión expresa el núcleo profundo de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares, que constituyen la comunidad cristiana referencial. Ésta se hace cercana y se visibiliza en la rica variedad de las comunidades cristianas inmediatas… (6)

La comunión es, por lo tanto, el rasgo por excelencia de una auténtica comunidad eclesial. Don del Espíritu Santo y reflejo de la comunión trinitaria. Sólo si el espacio virtual admite la conformación de una comunidad con este talante, estamos en condiciones de afirmar su eclesialidad y su potencialidad catequística.

Nosotros afirmamos que más allá de las formas tradicionales de comunidad eclesial y, por ende, más allá de los lugares ya conocidos de la Catequesis ; el espacio virtual , como nueva forma cultural, aporta la existencia de verdaderas comunidades virtuales que viven el don de la comunión.

Las siguientes dimensiones resultan verdaderas notas esenciales de una comunidad eclesial y pueden estar presentes en una comunidad virtual:

Creer que el espacio virtual puede albergar a una comunidad eclesial es creer en la potencialidad comunicativa de las nuevas tecnologías para la información y la comunicación; pero también es creer en la capacidad relacional del hombre, en su existencial necesidad de trascendencia, que lo hace salir de sí mismo para entablar los vínculos interpersonales en los que se apoya una verdadera comunidad. Pero, por sobre todas las cosas, es creer en la creatividad del Espíritu Santo que, como Señor y dador de vida, otorga a la comunidad el don de la comunión.

La formación de los discípulos de Jesús en las comunidades eclesiales virtuales está sustentada en el mismo itinerario que se propone a todo bautizado que, en cualquier ámbito eclesial, se sienta llamado a seguir a su Maestro para hacerse, luego, su testigo y convocar a nuevos discípulos a la escucha de Jesús:

En estas nuevas comunidades, como en toda la Iglesia , la dinámica del discípulo - testigo es el fermento de una nueva humanidad. Humanidad nueva que, a la escucha de la Palabra , redescubre su horizonte y se pone en camino, siguiendo los pasos de Jesús.

El espacio virtual se extiende a lo largo y a lo ancho de una distancia inabarcable, pero paradójicamente, en ese espacio de inusitada grandeza, se hace cercano lo distante. Como en la inmensidad del mar que parece estar hecho para las distancias y las despedidas y, sin embargo, provoca reencuentros y regresos. Del mismo modo, la comunidad virtual en el gran espacio genera cercanía y comunión.

El mar orilla la costa y le habla secretamente. Éste es el lugar del llamado. En la costa del mar de Galilea estaban Simón y su hermano Andrés y Santiago y su hermano Juan, cuando Jesús los llamó convocándolos a ser pescadores de hombres. (7)

En la orilla del corazón, donde Dios habla, allí se produce la cercanía más íntima. Allí se escucha el llamado de Dios y allí resuena también la respuesta del que acepta ser su discípulo.

Este diálogo de interioridades se hace posible en la comunidad eclesial virtual. A pesar de la inmensidad del espacio, el discípulo puede escuchar a su Maestro y puede pronunciar la opción libre de seguirlo. En la comunidad eclesial virtual las interioridades están entrelazadas por la fuerza de la comunión que supera todas las distancias físicas.

Si el discípulo es un nuevo hombre, renacido a la luz de la Palabra de su Maestro, la comunidad eclesial virtual es una nueva comunidad. Sin renunciar a ninguna de sus notas esenciales y en permanente servicio a la Iglesia particular, la comunidad eclesial virtual es hoy un nuevo lugar para la formación de discípulos y testigos de Jesús.

Los medios de comunicación al servicio de la Verdad

El hablar crea comunidad; por la palabra recibimos y compartimos. Sin lenguaje, el mundo interior nos oprimiría. La verdadera palabra libera. Pero debe ser verdadera y estar en relación vital con el silencio (8) . Los catequistas que dejan espacio al silencio hacen más posible la experiencia comunitaria.

Porque el silencio es condición para el diálogo, porque el diálogo es la búsqueda sincera de la Verdad y porque alrededor de la Verdad se reúne la comunidad. La Verdad atrae, ilumina, arrastra por su propio peso. Las personas que poseen la capacidad del silencio, adquieren la comunidad con los demás en la Verdad.

Es legítimo mirar la cultura como un conjunto de lenguajes y expresiones a través de los cuales los hombres y mujeres manifiestan su ser profundo y establecen lazos de convivencia. Por lo tanto, ser parte de una cultura es, en este sentido, aprender los lenguajes que ella emplea para hacer circular la vida entre sus miembros (9).

La Palabra de Dios se hizo hombre, hombre concreto, situado en el tiempo y en el espacio, enraizado en una cultura determinada: Cristo, por su Encarnación, se unió a las concretas condiciones sociales y culturales de los hombres con quienes convivió (10).

Este tema de comunicación nos remite a la verdad, como valor inherente a todo humano auténtico acto de comunicación. Cuando dos personas se comunican, a través del diálogo, están buscando juntos la verdad.

El diálogo supone una verdad buscada y discernida junto con otros. La búsqueda de la verdad está en el fundamento de todo diálogo. Ella es su sentido y su meta. Dialogamos para la verdad: para descubrirla cuando todavía no logramos verla y para comunicarla a los demás cuando creemos haberla alcanzado.

Dice un autor (11) que aquél que sabe dialogar construye puentes, mientras que el que sólo sabe discutir no hace más que cavar profundas e irreconciliables trincheras. Los catequistas solemos hacer alusión a nuestra condición de puentes. En un sentido, nuestra vocación nos hace camino y proximidad entre Dios y los hombres.

Los catequistas hemos sido llamados a anunciar la Verdad. Somos discípulos de la Verdad , hemos dejado otras tareas y urgencias para sentarnos a sus pies. La hemos escuchado y saboreado y hemos intentado hacernos sus testigos.

Pero hoy no es fácil dialogar... Hoy la verdad se halla especialmente cuestionada, combatida, sospechada, ridiculizada...

Muchas preguntas se hacen en torno a la comunicación de la Verdad. Los catequistas de este tiempo nos afanamos en la búsqueda de respuestas, pero muchas veces, a pesar de haber descubierto la Verdad , sólo atinamos a hacernos trinchera y obstáculo para que muchos otros se hagan sus discípulos y sus testigos.

Hacernos trinchera y obstáculo para que muchos otros se hagan discípulos y testigos de la Verdad es pretender imponerla a través de la fuerza, la obligación o el discurso doctrinario. Nadie guarda una lámpara en un cajón. La verdad brilla, ilumina, se impone y se muestra por derecho propio.

Por eso, nada mejor para comunicar la Verdad que asumirla y vivirla radicalmente, con todos sus riesgos, sus exigencias y su transparencia traducida en evidencia y en certeza.

Comunicar la Verdad es, antes que nada, haberla encarnado en la propia vida y hacerla don para los demás. Después, sólo después, podremos plantearnos la pregunta acerca de los lenguajes que facilitan y hacen más eficaz la comunicación de la Verdad.

Para ponernos al servicio de la Verdad , los catequistas hemos sido convocados a recorrer un itinerario del silencio a la palabra, de la soledad a la comunión, del discurso a la experiencia, del sin -sentido al sentido…

Con ocasión de la 42ª Jornada Mundial de la Comunicación Social , el Papa ha convocado a los medios de comunicación, en toda su vasta red de modalidades y expresiones, a recorrer un itinerario del protagonismo al servicio. Lejos de la búsqueda desenfrenada de la primicia, de la noticia mercantil y tergiversada, de la manipulación y el abuso de poder, los medios pueden ser un fecundo servicio a la Vida , a la comunión y a la Verdad.

(*) Rector del ISCA (Instituto Superior de Catequesis Argentino - rector@isca.org.ar - www.catequista.org

(1) Concepto acuñado por los Obispos de la Argentina en La Patria requiere algo inédito . Nº 6. 81ª Asamblea Plenaria de la CEA. 12 de mayo de 2001.

(2) Cfr. Redemptoris missio 45.

(3) Cfr. Víctor Fernández, Notas de espiritualidad misionera. Revista Vida Pastoral, Nº 248, Buenos Aires. 2004.

(4) Cfr. CT Nº 5

(5) Así lo expresa el DGC en su número 217 cuando afirma El anuncio, la transmisión y la vivencia del Evangelio se realizan en el seno de una Iglesia Particular o Diócesis… En cada Iglesia Particular se hace presente la Iglesia Universal con todos sus elementos esenciales.

(6) DGC Nº 253

(7) Cfr. Mc. 1, 16 - 20

(8) Guardini, Romano. Cartas de autoformación. Ed. Librería Emmanuel. 1983. Pág. 113.

(9) Cfr. Merlos Arroyo, Francisco. Obra citada.

(10) Cfr. Directorio General para la Catequesis 109.

(11) Julio César Labaké en El diálogo educativo. Ed. Bonum. Buenos Aires.

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