El 2 de abril recordamos a quienes murieron en las Islas Malvinas y a quienes quedaron marcados por una guerra sufrida hace ya 26 años. Ellos, sus familiares, sus compañeros y sus Instituciones son tenidos muy presentes hoy en toda la Argentina.
Cuando nos detenemos a pensar en la historia de nuestro País, con sus heridas, gozos y esperanzas, fácilmente, si leemos la historia sin la fe que llevamos tan hondamente dentro de nosotros podemos leer una historia sin la Providencia de Dios.
Creo que sería un error que nos quitaría la esperanza del corazón el mirar nuestra historia lejos de Dios. Por otra parte, cuando nos duelen los hechos se nos hace difícil ver a Dios íntimamente presente en las situaciones por las que hemos pasado o pasamos, personalmente o como País.
Esto que nos pasa y que es de nuestra talla tan humana y tan normal, es comprendido y amado por nuestro Buen Dios, que ha tenido que afrontar el dolor hasta la muerte y muerte de cruz como bien nos dicen las Escrituras. ¿Podremos tener dudas entonces de si Dios comprende y ama nuestra historia, sea la que sea, o si entiende nuestros dolores de ausencia cuando hemos perdido a alguno de los seres que más hemos amado en esta vida?. Yo aseguraría que sencillamente no es posible.
Mirar a Jesús con los ojos y el corazón cuando la memoria nos devuelve el recuerdo de lo que fue la guerra de las Malvinas, seguramente nos devolverá la posibilidad de descubrir esa resurrección escondida.
Nuestra fe es probada en el dolor y al mismo tiempo se afianza en él, sino sacamos nuestra mirada del encuentro con la mirada de Jesús, que se hizo semejante a nosotros en todo, menos en el pecado.
Este nuevo aniversario, en el que recordamos a nuestros Héroes de Malvinas, caídos en combate; y a nuestros Veteranos de guerra, Héroes de nuestra Patria, seguramente está impregnado de todo esto y mucho más de lo que venimos diciendo. Me parece oportuno entonces invitar en este día, a todos los familiares y amigos de los caídos en Malvinas, a los que vivieron la guerra, y a todos los argentinos, a poner en este nuevo 2 de abril el corazón, con todos los recuerdos, dolores y esperanzas que nos procura esta fecha, muy cerca del corazón de Dios, donde todos encontramos un lugar seguro, fraterno y amigo con la certeza de su Providencia que jamás, por más abrumados que nos veamos, nos deja solos o a la deriva.
Encomiendo en mi oración a cada uno de nuestros héroes de Malvinas, a sus familiares y cada uno de los argentinos en este día.
Buenos Aires, 28 de marzo de 2008