Así como los obispos, Sucesores de los Apóstoles, están al servicio del Evangelio de Jesucristo, para que se conserve siempre vivo e íntegro en la Iglesia , lo mismo podemos decir del sucesor de Pedro. Bien y justamente podemos decir, que como Pedro, el Papa es llamado a ser Pastor de la Iglesia Universal.
Lumen Gentium en el nº 18, sintetiza el significado de su ministerio pastoral diciendo, que Jesucristo instituyó en él para siempre el principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de la fe y de la comunión. Son palabras que no tienen desperdicio a la hora de mirar al Papa y su misión de Pastor de toda la Iglesia.
El Papa está llamado a cumplir esta misión de ser principio de unidad, pero de modo visible y secundario; ya que de ninguna manera es él quien instituye por sí mismo la fe, los sacramentos o la unidad de la Iglesia , que son obra Nuestro Señor Jesucristo y del Espíritu Santo. Por otro lado, esto mismo nos puede decir entonces sobre la fundamental importancia de la comunión con el Sucesor de Pedro, como el elegido por el Señor para servir como Pastor de la Iglesia Universal , como fue elegido Pedro el primer Papa.
Su servicio es una misión muy particular en la Iglesia y, no es ni podría ser fruto del poder del hombre, un llamado a tal servicio en la Iglesia y para toda la Iglesia ; con esto decimos que su elección no es fruto de sus cualidades personales o por la perfección de su fe o porque es moralmente irreprensible, como ministro. Pensemos que ningún hombre, tampoco los discípulos de Jesús fueron elegidos por estos motivos. Cada uno de ellos fue elegido por Jesús ante todo para estar con el Maestro, para vivir como Él y para dar testimonio de Él al mundo entero, contando con la gracia y la fuerza del Espíritu Santo que es el Protagonista de la misión.
El servicio y la misión del Papa no se apoya en seguridades humanas -ni en la carne ni en la sangre- sino en Cristo, piedra angular .
Leemos en la Palabra de Dios Yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él"( Ez. 34, 11), estas palabras pueden dar mucha luz a nuestra inteligencia y consolar, nos ubican en el c arácter pastoral de la misión del Papa . El Sucesor de Pedro en el cumplimiento de la tarea que Cristo le encargó tiene claramente la misión de apacentar su rebaño. Yo mismo apacentaré mis ovejas y las llevaré a reposar ( Ez. 34, 15). Yo mismo, son palabras muy significativas, fuertes e importantes, porque dicen que la iniciativa en la misión encomendada es siempre de Dios, Él se ocupa personalmente de su pueblo.
Jesús, el Buen Pastor, es el modelo de pastor que Pedro y los demás Apóstoles aprendieron a conocer e imitar estando con Jesús, compartiendo su vida (cf. Mc. 3, 14-15). Cada uno de ellos fue modelado por el Pastor Jesús , por su muerte y resurrección. El servicio y misión del Papa hecha raíces en esta singular configuración a Cristo Pastor, de Pedro y de sus Sucesores, por otro lado es una configuración donde resuena aquella pregunta fundamental de Jesús a Pedro: ¿Me amas más que estos?... Apacienta mis corderos ( Jn. 21, 15).
Tenemos como Pedro, conciencia de nuestras propias limitaciones y pobrezas, pero nos consuela la certeza de la presencia del Señor Resucitado. De allí que entonces podemos afirmar una vez más que el servicio del Papa Benedicto XVI, como el de todos los Papas, no se funda en las capacidades y en las fuerzas humanas, sino en la oración de Cristo, que implora al Padre para que la fe de Simón no desfallezca ( Lc. 22, 32).
La historia de Pedro, su experiencia de la debilidad humana que lo llevó a negar a su Señor, nos puede impulsar a trabajar y pedir al Señor la gracia de la propia conversión. Al mismo tiempo nos puede ayudar a ser compasivos con las debilidades de los demás, acompañar y apoyar al Papa, al que se le encomienda la misión de Pastor de toda la Iglesia , no porque sea el más fuerte o carezca de debilidades. A pesar de sus pecados y de sus limitaciones, Cristo eligió y llamó a Pedro y a lo largo de la historia siguió llamando a cada uno de los Papas, para confiarle una misión hermosa y delicada a la vez: la de ser el fundamento de la unidad visible de la Iglesia y confirmar a sus hermanos en la fe.
Recordemos algo más; las palabras que Pedro escuchó de su Maestro, a quien amaba de verdad y más allá de sus propias debilidades y pecados. Aquellas palabras ante las cuales sintió que le traspasaban el corazón. Hoy antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente ( Lc. 22, 62).
Pidamos a Jesús que nos renueve en la confianza en él y que nos acompañe, y acompañe al Santo Padre en su misión. Que el Maestro nos ayude a vivir nuestra misión al servicio del Evangelio en la fidelidad, en la alegría y en estrecha comunión con el Sucesor de Pedro, el Papa Benedicto XVI.