Obras Misionales Pontificias de Argentina, desea invitar a todas las comunidades parroquiales y capillas, colegios e instituciones católicas del país, como así también, a todos los hombres de buena voluntad, y de cualquier confesión religiosa, a solidarizarnos, reflexionar y elevar una oración a Dios, Fuente de Vida inagotable, especialmente, como Nación, en las distintas celebraciones litúrgicas del próximo fin de semana, 18 y 19 de junio, por quienes sufren más de cerca las consecuencias de la erupción del volcán, que puedan encontrar el acompañamiento y compromiso concreto de cada argentino; igualmente, recemos por todos nosotros, para que humildemente en los momentos más difíciles de nuestra vida, le digamos al Señor “Creemos, pero aumenta nuestra fe”.

Pbro. Osvaldo Pablo Leone,
Director Nacional de las OMP - Buenos Aires 15 de junio de 2011

Nos unimos al dolor de muchos, convocando a todos
a la oración...

La acumulación de cenizas en el sur de nuestro país a causa de la erupción del volcán chileno Puyehue, ha puesto a esta región en estado de emergencia a causa de los daños que ha provocado y nos preocupa a todos, el dolor y la angustia de tantos hermanos argentinos, lo cual nos hace sufrir.

Los fenómenos naturales como este y otros, nos ponen en alerta y nos animan a no perder la confianza. Recuerdo el pasaje del Evangelio, donde Jesús duerme en la barca mientras los discípulos son testigos del fenómeno natural de la tormenta y dudan (Mt. 8, 23-27). Así es como nos pasa a nosotros más de una vez, parece que se desatan un mar de problemas, o un “montón de cenizas” que nos traen muchos problemas. Nos intranquiliza y nos turba, nos sentimos impotentes, desanimados. Lo peor que nos puede pasar es que todo esto nos entre en el corazón y empiece como las polillas, a minar nuestro trato de amistad con Dios.

Cuanto más abrumados nos veamos por los problemas, más necesitamos rezar. Sobre todo porque en momentos donde como ahora parece que la ceniza tapa y oscurece tantos proyectos o los arruina, nos puede parecer como a los apóstoles aquel día, que Jesús duerme en la barca de nuestra vida, y nos dé ganas de decirle con desesperación ¡Señor sálvanos! O bien, ¿acaso no te interesa que perezcamos?
El Señor jamás nos abandona, aunque nosotros sí algunas veces, llevados de ambiciones desmedidas. Ojalá que las cenizas no sean solamente un problema que nos quite la paz y ahí termine todo, sino que la dificultad nos ayude a acudir a él para pedirle que esas mismas cenizas no nos quiten la visión de su presencia en nuestra vida. Jesús nunca nos abandona!

Cuentan que en cierta ocasión Santa Catalina de Siena se quejó de que el Señor la había abandonado en los momentos de mayor dificultad y que el Señor le respondió: “Nunca estuve más cerca de ti que en ese momento”.

Vivimos días de incertidumbre, cuando las provincias del sur argentino, representadas en miles de rostros concretos que sufren y al mismo tiempo se movilizan y se solidarizan unos con otros; cuando la tierra, en esta porción del planeta, gime una vez más, advirtiendo al ser humano las consecuencias del atropello a la naturaleza, a la creación de Dios.

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