31 de mayo, festividad de María Reina de las Misiones

Pbro. Osvaldo Pablo Leone, Director Nacional de las OMP

La presencia de María en la Iglesia, es presencia en el corazón de cada cristiano «Ella les pertenece y ellos la sienten como Madre y hermana» (DA 269). Podríamos volver a repetir aquella preciosa frase a Cristo por María que tanto dice de nuestra identidad cristiana y profundamente mariana.

31 de mayo, festividad de la Reina de las MisionesMaría Reina de las Misiones representa esa presencia de María silenciosa y profundamente comprometida con el entero Pueblo de Dios, presente en el mundo entero. Con los ojos puestos en sus hijos y en sus necesidades como en Caná de Galilea, María ayuda a mantener vivas las actitudes de atención, de servicio, de entrega y de gratuidad que deben distinguir a los discípulos de su Hijo. Indica, además, cuál es la pedagogía para que los pobres, en cada comunidad cristiana, «se sientan como en su casa». Crea comunión y educa a un estilo de vida compartida y solidaria, en fraternidad, en atención y acogida del otro, especialmente si es pobre o necesitado. En nuestras comunidades, su fuerte presencia ha enriquecido y seguirá enriqueciendo la dimensión materna de la Iglesia y su actitud acogedora, que la convierte en «casa y escuela de comunión» y en espacio espiritual que prepara para la misión (DA nº 272)

Pensemos en la presencia de María en el contexto de la realidad en la que vivimos sumergidos y con tantas incertidumbres en estos últimos meses en nuestro país. Con toda certeza estamos en el corazón de la Virgen que nos acompaña y nos anima a confiar en su Hijo - como lo hizo en las bodas de Caná - al mismo tiempo que nos invita a salir adelante en nuestras dificultades personales y como país, haciendo todo lo que Él nos diga (Jn. 2, 1-11)

También sabemos que en muchas partes del mundo el Evangelio aún no ha llegado, en otros lugares aún necesita fortalecerse para ser testimonio vivo de la muerte y resurrección de Jesús, Salvador del mundo y Señor de la historia y en otros hablamos de la urgencia de una nueva evangelización. En todas las situaciones los discípulos misioneros de Jesús cuentan con la presencia consoladora y que no defrauda de María Reina de las Misiones. María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros (DA 269)

Nuestra Madre y permanente compañera de camino de la Iglesia misionera, alienta y anima a ir más allá de las fronteras, como continuadores de la misión de su Hijo ya que ésta es la razón de ser de la Iglesia y que define su identidad más profunda (DA 373). En el contexto de los preparativos para el CAM 3 a celebrarse en Quito en el mes de agosto de éste año, María Reina de las Misiones debiera ser inspiradora de una entrega más generosa de cada uno de los bautizados ya que el mundo espera de nuestra Iglesia latinoamericana y caribeña un compromiso más significativo con la misión universal en todos los Continentes. Para no caer en la trampa de encerrarnos en nosotros mismos, debemos formarnos como discípulos misioneros sin fronteras, dispuestos a ir «a la otra orilla», aquella en la que Cristo no es aún reconocido como Dios y Señor, y la Iglesia no está todavía presente (DA 376).

Encomendemos a los maternales cuidados de María Reina de la Misiones, en éste 31 de mayo, a nuestra patria, unámonos en torno a Nuestra Madre para hablar con Ella de nuestras preocupaciones como ciudadanos argentinos y para dejarnos aconsejar por Ella. Pidamos también por cada uno de los misioneros dispersos en todo el mundo. Volvamos a poner ante sus ojos, el recuerdo de tantos que aún no conocen a su Hijo, como a aquellos que ya lo conocen y lo aman. Pidamos de modo particular por el Tercer Congreso Americano (CAM 3) para que dé a toda la Iglesia en América, un nuevo impulso misionero, capaz de entusiasmarnos a llevar el Evangelio más allá de las fronteras, a todo el mundo.

Los invito a todos a rezar juntos y junto a María Reina de las Misiones, éste 31 de mayo en la Parroquia Santa María de Betania - Medrano 752, Capital Federal - en la misa que celebraremos a las 19:30 hs pidiendo muy especialmente por nuestra patria.

Buenos Aires, 29 de mayo de 2008