Septiembre, Mes de la Biblia

Pbro. Osvaldo Pablo Leone, Director Nacional de las OMP

Combinación perfecta: Biblia y Misión

Cuando hablamos de la Palabra de Dios algunas veces nos olvidamos que ella es Cristo mismo, que con Él nos encontramos cuando la leemos y rezamos con ella. Ella nos enamora porque allí en ese encuentro silencioso y de corazón a corazón con la Palabra , nos encontramos con Jesús que como nos dice San Agustín es más intimo que nuestra propia intimidad. Allí se nos revela el Señor de quienes somos amigos (Jn 15,15) y discípulos, sus misioneros. Nos abre su corazón y nos cuenta sus secretos, sus deseos para nuestro querido mundo que más de una vez parece estar tan lejos de su Presencia, pero que Él no deja de amar, como no deja la oveja perdida, aunque tenga consigo las 99 (Lc 15, 1-7).

¿Dónde vamos a encontrar consuelo y reparo más eficazmente que no sea en el encuentro con el Señor, en su Palabra, cuando algo nos inquieta el alma o necesitamos compañía en las vicisitudes de la vida cotidiana? (Mt 11, 28). El encuentro con el Señor que nos habla, es el encuentro con el Amigo que no falla jamás convirtiéndose en el tesoro de nuestra vida (Mt 13, 44), en el agua que sacia nuestros deseos más profundos de felicidad (Jn 4,14), en la Alegría y Vida en abundancia que nadie, ni nada nos podrá arrebatar (Jn 10,10).

La misión, ese don y tarea que por vocación, como bautizados, llevamos muy dentro nuestro, encuentra la luz para discernir y ver por dónde hacer su camino de servicio a los hermanos, en el encuentro con Jesús, en el encuentro con su Palabra viva y eficaz. Yo soy la luz (Jn 12, 46) Yo soy el Camino– nos ha dicho Jesús – como también nos ha dicho Yo soy la Verdad y la Vida (Jn 14, 6), entonces para quienes somos amigos y discípulos porque Él así lo ha querido, como para quienes aún no lo encuentran y lo andan buscando por otros caminos, algunas veces muy distintos a los suyos, se encontrarán a si mismos, encontrarán su identidad y misión cuando se encuentren con Él.

Contamos con la gracia de que cuando le buscamos con corazón sincero no se nos esconde, sino que está deseoso de entablar un diálogo íntimo y lleno de verdad con nosotros. Me atrevería a decir que en su Palabra se acerca a nosotros realmente y con tanta ternura como se acercó a Pedro, para sacar de nosotros, como del apóstol, lo mejor de nosotros mismos. Para que cada uno, profundamente animados por su cercanía y compasión podamos decirle con plena confianza en su amor: Señor, Tú lo sabes todo, tu sabes que te amo y luego escuchar su voz tan firme y tierna a la vez que nos envía a la misión diciéndonos: apacienta mis corderos (Jn 21, 15-17).

Con estos pensamientos que comparto en voz alta solo quiero decir que no creo que sea posible separar la Sagrada Escritura de la Misión, o al revés, y que en ese hermoso espacio que nos ofrece la Iglesia con la celebración del Sínodo sobre la Palabra de Dios en éste año 2008 (5 al 26 de octubre), contamos con una preciosa ocasión para recrear en nosotros, el entusiasmo por el encuentro con el Señor de la Vida , con Jesús misionero del Padre en la lectura y oración con la Palabra.

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