La Navidad es un hecho histórico y una Persona concreta, Jesús; que nace para todos, para cada hombre. Si estamos de acuerdo con esta afirmación, entonces no podemos celebrar la navidad sin volver nuestros ojos al mundo entero, a cada habitante de la tierra.
África no será entonces, un lugar más en el mapa o una realidad a la que quizás ya estamos acostumbrados. No! África será un lugar sagrado donde Dios nace en Navidad y cada día. Podremos ver entonces la belleza y el dolor de África, ¡su pobreza lacerante que nos interroga en el amor y la fraternidad! Recuerdo aquellas palabras de Jesús: Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza (Lc. 9,57).
Detengamos también nuestra mirada en Asia y dejándonos interpelar en lo más hondo del corazón por las palabras de S. Pablo: Ay de mí si no predicara el Evangelio (1Cor. 9,16). ¿Cuántos en Asía, donde los católicos son apenas el 3%, no saben que Jesús nació y se hizo hombre por amor a cada uno de nosotros? Una de las conclusiones del Tercer Congreso Americano en Quito, dice así: La misión ad gentes es misión para la humanidad.
Sigamos mirando juntos la geografía de nuestro mundo y traigamos al corazón el continente Europeo; un continente milenario que hoy necesita una Nueva Evangelización. Para la mayoría de sus habitantes de Europa, todo parece resolverse desde lo económico, mientras Jesús sigue buscando una posada donde poder nacer (Lc. 2,7). Decía Benedicto XVI en un mensaje navideño: «A pesar de tantas formas de progreso, el ser humano es el mismo de siempre: una libertad tensa entre bien y mal, entre vida y muerte» . Es precisamente en su intimidad, en lo que la Biblia llama el corazón, donde siempre necesita ser salvado. Y en la época actual postmoderna necesita quizás aún más un Salvador, porque la sociedad en la que vive se ha vuelto más compleja y se han hecho más insidiosas las amenazas para su integridad personal y moral. ¿Quién puede defenderlo sino Aquél que lo ama hasta sacrificar en la cruz a su Hijo unigénito como Salvador del mundo?
Pensemos también en Oceanía, un continente tan pequeño…..y con un mosaico de tantas razas, culturas y religiones. Recemos para que este mosaico que constituye una gran riqueza, sea oportunidad de diálogo, de fraternidad, para que todos sus habitantes sean constructores de paz. ¿Acaso no son estos los dones de la Navidad ? ¿Acaso no son estos dones los que hacen posible el nacimiento de Jesús en nuestra sociedad de hoy?
Finalmente contemplemos a nuestra amada América, el continente de la esperanza - como la definió el Papa Pablo VI - y como lo subrayaba el Papa Juan Pablo II, el continente donde habitan la mitad de los católicos del mundo. Donde la presencia de María ha ganado el corazón de sus habitantes y se ha convertido en la Madre que con infinita paciencia nos dice una y otra vez hagan todo lo que él les diga (Jn.2, 5). Esa Madre que nos mira con ternura, indicándonos que Jesús es El Camino, La Verdad y La Vida en todas las etapas de nuestra vida.
Y para terminar cerremos nuestros ojos y digámosle a Jesús desde el fondo del alma: Jesús, que naciste en Belén, volvè a nacer en nuestro corazón y hacelo parecido al tuyo, capaz de dar y darse sin medida, por amor a todos y cada uno de nuestros hermanos. Amén