10 de mayo de 2010, Dirección Nacional OMP

Se ha ido al cielo un amigo sacerdote,
un amigo del Maestro

P. Osvaldo Pablo Leone

«Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él, sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte ya no tiene señorío sobre Él, porque su vivir es un vivir por siempre para Dios» (Rom 6,8-11).

P. Osvaldo P. Leone y P. Salvador MartuccioEn el día de ayer, 7 de mayo, vísperas de la fiesta de Nuestra Señora de Luján, se ha ido a gozar de la presencia del Padre para siempre, el P. Salvador Martuccio, Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias de Argentina, durante los años 1985-1995, un gran misionero, amigo y sacerdote del Pueblo de Dios.

Quienes lo hemos tenido la dicha de conocerlo sabemos que toda su vida fue «un vivir para Dios»”, aún en medio de las limitaciones de su enfermedad, de las incertidumbres y también en medio de las oscuridades del abandono y la critica que no faltan a los seguidores de Jesús.

Su existencia fue una existencia sencilla, austera, entregada a la voluntad de Dios y al servicio de los hermanos. No esperaba «aparecer» ni «brillar» sino solamente servir como el Maestro. Sacerdote entregado al servicio de la misión universal de la Iglesia desde la oración y el servicio concreto y generoso.

Pbro. Salvador MartuccioVivió la resurrección de Jesús, como un programa de vida que debía desarrollar en la entrega cotidiana y en cualquier situación, hasta llegar a su consumación final. Por eso creemos que ahora vive ya la vida de Dios para siempre.

«No buscó las cosas de acá abajo», sino las de arriba. Sabía que por mucho que se disfrute de la tierra, todo era muy pobre comparado con la amistad y la comunión con el Maestro para siempre. Ahora es revestido con la misma gloria de Jesús a quien tanto amó en vida como sacerdote.

«Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo, el cual transfigurará nuestro pobre cuerpo a imagen de su cuerpo glorioso, con el poder que tiene de someter a sí todas las cosas» (Flp 3,20-21)

«Somos ciudadanos del cielo». Este es nuestro verdadero DNI, garantizado y firmado por el Señor Jesús, el Resucitado. ¡Felices nosotros si llegamos a entender, a vivir, esto que fue tan claro para el P. Salvador Martuccio! Seguimos en la tierra, pero con el corazón puesto en los bienes que no se herrumbran, ni corroe la polilla; en Jesús, el Maestro, el Amigo y el Esposo!!

P. Salvador…servidor de Dios, por su infinita misericordia descansa en paz. Amén.

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