24 de febrero de 2010, Parroquia Santa María de Betania
Coronación de
«María, Reina de las Misiones»

Para toda la Iglesia María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros. Por eso y en el contexto del estado permanente de misión, que nos recuerda el Tríptico de Aparecida que acompañará toda la celebración, María ocupa un lugar central en nuestra vida como discípulos y misioneros de su Hijo.
La Ceremonia comenzó tal como estaba previsto a las 20 hs. con la entrada de la imagen de la Virgen portada por cadetes de la Policía Federal a una 'colmada' Parroquia «Santa María de Betania».
Luego recibimos las banderas de ceremonia, portadas y escoltadas por miembros del Regimiento de Granaderos General San Martín.
Con la coronación le manifestamos nuestra fe y confianza adornando su cabeza con una corona. Con este gesto la Iglesia reafirma que Santa María es tenida e invocada con razón como Reina, ya que: Madre del Hijo de Dios y Rey mesiánico, por su fe y obediencia a la voluntad de Dios, así como por su constante meditación de la Palabra y de las acciones de Jesús, es la discípula más perfecta del Señor.

Luego de la homilía de Mons. Bernardini, 4 religiosas de las congregaciones más próximas a la Sede Nacional de Obras Misionales Pontificias, acercaron al altar la corona que se colocó a la imagen de María Reina de las Misiones.
Inmediatamente después el Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Adriano Bernardini, dijo una oración, tras lo cual roció con agua bendita la corona. Seguidamente procedió a la coronación de la imagen de María, Reina de las Misiones
Finalmente al concluir la Misa comenzó la procesión con María Reina de las Misiones hacia la Sede Nacional, momentos antes de su ingreso a la Entidad, la Banda del Regimiento Patricios interpretó una serie de marchas homenajeando a María Reina.
Algunos Párrafos de la Homilía de S.E.R Mons. Adriano Bernardini
En su homilía Mons. Bernardini reflexionó sobre la Liturgia de la Palabra.
«Queridos hermanos ¡la Fe! He aquí la importancia de la fe en nuestra misión. Y esta noche no podemos no rendir homenaje a la fe de la primera misionera que iremos a coronar: a María».
La fe de la Anunciación que lleva a María a visitar Isabel con el anuncio de Cristo:
María se pone en camino hacia la región montañosa -se lee en el Evangelio de Lucas- y llega rápidamente a una ciudad... (Lc. 1,39)

Que deliciosa y que fuente de enseñanza es la representación de la Virgen en esta actitud. Esta imagen de María que va rápidamente por un camino intransitable, no puede dejar de fascinarnos. Aquellos pasos expresan conocimiento, decisión, coraje, alegría del anuncio: el anuncio de Cristo que lleva en su seno. Se tiene la representación plástica del evangelizador...del alma colmada del Amor de Dios y deseosa de volcarlo a los demás.
María lleva dentro de sí un misterio. Un misterio consumado en la profundidad de su ser y que ahora es celebrado abiertamente, en el camino de los hombres.
El acontecimiento que se ha verificado dentro de Ella, se convierte en mensaje, noticia que se difunde. Al comienzo ninguno sabe nada. Todo se ha desarrollado en el silencio, en la oscuridad de una casa cualquiera, en el corazón de una joven como las otras. Ahora esta niña camina presurosa subiendo por un sendero montañoso.
María llega rápidamente –continua el Evangelio de Lucas- Y aquí se pone el ritmo de nuestra vida sea a nivel local como de Iglesia local.
Ahora:

¿Cuál es nuestro ritmo? Es el nuestro el ritmo uniforme, lento, de los complicados alineamientos, o es el ritmo vivaz de las anticipaciones?
¿Es el nuestro el paso arrastrado de la costumbre o el gozoso de la sorpresa? El redoble del funcionamiento o la frescura de la intuición?
Nuestras relaciones con el mundo ¿tienen el signo de la profecía, del presentimiento o del resentimiento?
Recordemos que el ritmo, el paso, dependen del mensaje que nos urge dentro. Si nuestro paso es el de una persona cansada, tímida, vacilante, no podemos ilusionarnos que los otros adviertan la belleza y la importancia del mensaje que comunicamos.
Seremos interesantes sólo en la medida en que lograremos ser verdaderos anticipadores, precursores, evangelizadores.
Cabe destacar que Mons. Bernardini tuvo palabras para referirse al Encuentro Nacional de los Directores Diocesanos de las OMP expresando:El fín último de este encuentro de ustedes, ciertamente es el de ayudar espiritual y materialmente a las iglesias de las tierras de misión, pero en el fondo no es otra cosa más que una realización de la componente misionera inherente a nuestro bautismo y sobre todo a nuestro sacerdocio ministerial, como muchas veces nos lo subraya el Concilio Vaticano Segundo y, más recientemente, el Documento de Aparecida.
Finalmente Mons. Adriano Bernardini, Nuncio Apostólico en Argentina, agradeció la invitación del Director de Obras Misionales Pontificias, Pbro Osvaldo Leone, al presidir la Santa Misa de apertura de la Asamblea Anual de los Directores Diocesanos de las OMP y en la que se llevó a cabo la solemne coronación de María, Reina de las Misiones.


