23 de febrero de 2010, Sede Nacional de las OMP
Palabras de Apertura y Bienvenida
Quisiera dar apertura a nuestra asamblea de este año, iluminados por la Palabra del Señor:
«Que todos sean uno: como tu, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que tu me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno – yo en ellos y tu en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado como me amaste a mí» (Jn 17, 20-23).
El primer objetivo de la Asamblea es volver a poner todo en las manos del Señor, ponernos por entero en sus manos. Un segundo objetivo es revitalizar la unidad, SER UNO en el Señor Jesús. Un tercer objetivo: trabajar y discernir juntos para un mejor servicio a la misión que la Iglesia nos ha encomendado.
Ojala que de estos días de asamblea, nos ayuden a ensanchar el corazón y la mente, que nos carguen de una buena «dosis» de renovado entusiasmo por la misión. Nos dice Aparecida que «El estado permanente de misión implica ardor interior y confianza plena en el Señor, como también continuidad, firmeza y constancia para llevar nuestras naves mar adentro, con el soplo potente del Espíritu Santo, sin miedo a las tormentas, seguros de que la Providencia de Dios nos deparará grandes sorpresas» (DA 551)
La misión es esencial en la Iglesia no es una opción. Nosotros en el servicio que la Iglesia nos pide, somos convocados a caminar decididamente y sin miedos, felices de nuestra vocación de discípulos misioneros en el mundo de hoy.
En lo que concretamente se refiere a la misión y responsabilidad de un Director Diocesano de las OMP, como «animador de la misión» en su Iglesia particular, los Estatutos lo sintetizan diciendo:
«Es necesario que las Obras Misionales Pontificias estén presentes y actúen en todas las Iglesias particulares, tanto las de antigua fundación como las jóvenes y sean reconocidas como el organismo oficial de la cooperación misionera de todas las Iglesias particulares y de todos los cristianos».
Las Obras Misionales Pontificias ocupan justamente el «primer lugar» en la cooperación misionera, porque constituyen un instrumento precioso para infundir en los católicos, desde la infancia, un espíritu verdaderamente universal y misionero, y para recoger eficazmente los subsidios en beneficio de todas las misiones y según las necesidades de cada una. Las Obras Misionales Pontificias son, por tanto, propuestas para todos los cristianos como«instrumentos privilegiados del Colegio Episcopal unido al Sucesor de Pedro y responsable con él del Pueblo de Dios, Pueblo que es también, todo él, misionero» (Estatuto de las OMP, 12)
Para poder ir creciendo en esta unidad que tanto nos pide Jesús y que tanto necesitamos para prestar un buen servicio a nuestras diócesis, quisiéramos comenzar a trabajar ayudados de un Consejo Nacional, que prevén los Estatutos de las OMP.
Consejo Nacional, compuesto por (Capitulo 3, art.54):
- El Director Nacional
- Los Secretarios Nacionales de cada una de las Obras
- Los Directores Diocesanos, en nuestro caso al tratarse de una cantidad significante, forman parte de este Consejo Nacional los Delegados Regionales de las OMP.
Corresponde al Consejo Nacional (Art. 55):
- colaborar estrechamente con el Consejo Nacional de Misiones constituido por la Conferencia Episcopal y dirigido por el Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones [83];
- determinar los temas y estudiar la estrategia de la campaña misionera anual y el programa de actividades de las Obras Misionales Pontificias, tanto para la animación como para la organización de las colectas;
- recibir y examinar el balance financiero anual presentado por el organismo competente, con los gastos de animación y administración efectuados por la Dirección Nacional y por las Direcciones Diocesanas, según el presupuesto previo establecido.
Art. 60. En cada Diócesis, el Obispo, preferiblemente después de haber oído al Director Nacional, nombrará un Director Diocesano de las Obras Misionales Pontificias que, si es posible, sea único para las cuatro Obras Misionales Pontificias. Es conveniente que sea nombrado por un período de cinco años; su mandato es renovable.
Es también deseable que el Director Diocesano sea a la vez el Delegado Episcopal de Misiones [90]. En el caso de que el Ordinario nombrase un Delegado Episcopal distinto, éste ha de ofrecer el más amplio apoyo al Director Diocesano en el desarrollo de su cometido [91]. Conviene que el Director Diocesano sea también miembro del Consejo Pastoral Diocesano y, asistido por sus colaboradores, el está al servicio del Obispo para ayudarle a dar una dimensión misionera universal a la pastoral diocesana [92].
Aprovecho este momento para volver a agradecerles, todo el apoyo y todo el trabajo que cada uno de ustedes realiza en la animación y formación misionera en sus diócesis, al servicio del entero Pueblo de Dios. Que Dios bendiga cada uno de los esfuerzos que hacen. Gracias de corazón por todo!!!!
Los animo también a valorar la importancia de nuestra Asamblea Anual; tenemos que reservar y privilegiar la fecha de esta instancia única en el año, en la que nos encontramos para conversar y discernir juntos, sobre la mejor manera de llevar adelante este servicio que la Iglesia nos encomienda y para la que fuimos nombrados por el Obispo de nuestra diócesis.
Agradezco una vez más la compañía y el apoyo del Pte. de la CEM, Mons. José Vicente Conejero Gallego, y de cada uno de los miembros de la Comisión: Mons. Collazuol, Mons. Palentini y Mons. Suárez.
Para terminar quisiera decirles que creo que, en estos tiempos de misión permanente en el continente, tenemos que hacer todos los esfuerzos necesarios por afianzar la misión sobre pilares sólidos: la oración, la eucaristía y la comunión. Y también llevar adelante nuestro servicio en la diócesis, haciendo visible desde la sencillez y la confianza en el Señor, la Animación – Cooperación con responsabilidad, caridad y honestidad.
Este servidor, que hoy tiene la misión de llevar adelante la dirección nacional de las OMP junto a mis colaboradores, a quienes agradezco profundamente la generosidad en el servicio, estamos para acompañarlos, servirlos y entregarnos a cada uno de ustedes en la marcha de sus Iglesias particulares.
Es sumamente importante que trabajemos en comunión, y nos apoyemos mutuamente, «el anuncio del Evangelio no lo podemos hacer cada uno por su lado, solos o aislados». Tenemos que fortalecer la comunión entre nosotros, la unidad. El trabajo por regiones pastorales es una manera de fortalecer la unidad y crecer juntos.
«Que todos sean uno» - nos dice Jesús-.
Sean todos bienvenidos…y gracias a cada uno por estar aquí!!!!
María, Reina de las Misiones, ruega por nosotros.
San Francisco Javier, ruega por nosotros.
Santa Teresita del Niño Jesús, ruega por nosotros.
P. Osvaldo Pablo Leone
Director Nacional de las OMP - Argentina