Agosto 2017 Mes de la IAM

Agosto 2017:
Mes de la Infancia y Adolescencia Misionera

Queremos llegar a los niños y adolescentes de la IAM en Argentina con un mensaje de esperanza y a la vez para que tomen un compromiso.

A los más chicos debemos enseñarles a rezar, a comprometerlos por el bien común, a que ayuden a otros niños, que es el lema y la función de la Obra. A este compromiso espiritual se le suma la colaboración económica.

Vemos con alegría el crecimiento en muchas comunidades y diócesis del aporte en la alcancía misionera. Un esfuerzo que es de todos, comenzando por la familia y transmitiendo estos valores a los más chicos y haciendo ver al adolescente que la vida tiene sentido cuando se comparte y se ayuda.

No dejemos de lado la formación e inculcar el espíritu misionero en los que heredarán nuestras enseñanzas y testimonio. El mes de agosto debe ser celebrativo en toda la Iglesia que promueve el impulso misionero en los niños y animadores. Son 174 años de una Obra que surgió de la oración de un obispo en Francia y se propagó por todos los rincones del mundo.




Subir


Infancia y Adolescencia Misionera (IAM),
174 años construyendo la misión

En mi vida tengo dos familias, la de mi hogar y la de mi iglesia, en ambas compartí tantas cosas que a veces me cuesta diferenciar cual es cual, y cada vez que me preguntan «¿qué es la IAM?» me cuesta contestar porque siento que cada definición me sabe a poco, porque sus actividades se realizan en la Iglesia pero su vida las trasciende rompiendo las fronteras para llegar a los hogares y porque los encuentros son los sábados, los viernes o los domingos, pero su alegría dura toda la semana. La IAM es un regalo de Dios para el mundo, Él nos llama desde pequeños y nos muestra la realidad con ojos de amor, no nos obliga a nada y sin embargo es imposible no comprometerse con los desafíos de llevar el alivio y la fuerza del evangelio.

Nuestra hermosa obra está cumpliendo 174 años, desde que un Obispo tuvo un deseo y una idea que lo haga realidad, y en el día de hoy no solo continúa viva sino que está siempre en crecimiento, y cada vez se hace más necesaria, esto no es una casualidad, sino que se debe a que la realidad nos está exigiendo que construyamos espacios de nuevas formas de evangelización donde podamos, además de comprender, poner en práctica aquello que Jesús nos pide de manera concreta y sencilla, donde aprendamos a relacionarnos como hermanos y a resolver los conflictos por medio del diálogo, seamos verdaderos discípulos de sus palabras, sigamos su ejemplo en las actitudes y podamos sentir a su Espíritu para que nos guíe.

Es mi profundo deseo que la IAM logre llegar a cada rincón de nuestras diócesis, no solo por un cariño particular, sino porque confío plenamente que en ella, con su cooperación y escuela con Jesús hay una clave importante para un mundo mejor, si podemos lograr que nuestros niños y adolescentes ayuden a otros niños y adolescentes, tal vez tengamos un futuro donde «todos nos ayudemos».

Marco Valiente, Secretario Nacional de la Infancia y Adolescencia Misionera Argentina



Subir


La Vocación del Animador de la IAM

El animador, muchas veces sin saberlo, se encuentra envuelto en la tarea de la animación. Las motivaciones, en algunos casos, son insuficientes.

En varias ocasiones escuchamos comentarios como: «mi amigo es un animador»; «mi amiga me invitó»; «lo hago para conocer más de cerca que es esto de la IAM», etc. Es cierto que en nuestras parroquias y movimientos se va encarando con más seriedad el papel de animador de la Infancia y Adolescencia Misionera, pero debemos acercarnos un poco más cada día a ese ideal. No podemos engañarnos que una buena parte acepta ser animador o dirigente para «dar una mano» y «porque me gusta», sin que se llegue a considerar seriamente que es una respuesta a un posible llamado de Dios.

¿Qué es un animador?

Es una persona de fe. Dos elementos que se unen para formar una única realidad: persona adulta y creyente. Quien es convidado por la Iglesia para asumir la responsabilidad de anunciar a las nuevas generaciones la fe, tiene que tener una densidad humana y una firmeza de fe que, si no llegan a ser ideales, sean por lo menos normales. Se anima y se educa más por lo que se es, que por lo que se dice o se hace.

Cuando hablamos de creyente es obvio que nos referimos a un animador que cree en Jesús. No se considera perfecto y sabe que vive su fe con imperfecciones; vive en una comunidad que es la Iglesia, tiene los sacramentos, fue incorporado por el Bautismo y la Eucaristía es el centro de su vida.

No podemos separar Eucaristía de la misión. El creyente está en camino y procura continuamente su conversión. Recorre el camino guiado por el Señor, intenta seguir sus pisadas como los primeros discípulos, por eso procura vivir la fraternidad humana.

Caminar la vida de fe no es fácil. Muchas veces es preciso superar obstáculos remando contracorriente en todos los ambientes. Estar preparado para el sufrimiento, entregarse a las cosas del Señor, y a veces con dolor. Pero con todo, el animador no se deja vencer por el desánimo, porque es creyente. Sigue confiado su camino, acredita que el Reino es posible y lo transmite a otros chicos y jóvenes. El mismo Dios nos hace ver, con la Resurrección de su Hijo, que la vida vence a la muerte.

Un creyente que tiene experiencia de Dios

El animador de la IAM es un testigo de Dios en primera persona. No puede hablar de Él partiendo de teorías. Es un creyente con experiencia de intimidad con el Señor. Como ejemplo sabemos que ninguno enseña a leer si no sabe leer. Jesús preguntaba si un ciego puede guiar a otro ciego. Y en esto se refería a la ceguera del corazón, ya que no puedo hacer crecer en la fe si mi fe no ha crecido. Nuestra vivencia de la Palabra de Dios nos lleva a animar al grupo y comunicarnos con él. El animador da su experiencia de fe e ilumina a nivel doctrinal las situaciones concretas que pueden aparecer en el grupo. Llegan las palabras pero arrastran los buenos ejemplos, entonces, el papel del animador vivido en profundidad, lo convierte en profeta.

Un creyente que comparte

El animador está conciente que la vida en grupo, caminar con otros, es un valor, y por lo tanto, procura vivir la experiencia de compartir con los otros lo que es y lo que tiene experimentando que al dar, recibe, y que su vida se desenvuelve según los otros.

Dejándose interpelar por la Palabra, leyendo los acontecimientos de la vida, sabe que es servidor en el grupo y se siente enviado.

El animador de la IAM es un enviado a anunciar el Evangelio

El animador tiene que aceptar ser anunciador y entrar en la dinámica de seguidor de Jesús, hacer suya la causa del Maestro y prolongar su misión. Jesús lo recibió y lo envió.

En medio de las novedades que surjan, la creatividad que ponga para llevar adelante el anuncio, el animador tiene que mantener viva la idea que el único protagonista de su mensaje es Jesús. Por eso debe renunciar a ser la «estrella», ya que no moldeamos a los niños y adolescentes a nuestra imagen y semejanza. Sería un grave error.

Aprendamos de Juan, el Bautista: «Qué Él crezca y yo disminuya».

@IAMARGENTINAOMP



Subir


El «milagro» de los niños

«Apartate, que solo eres un niño», «Déjame, que eres muy pequeño todavía», «Renacuajo, que no puedes». En nuestra vida cotidiana hay miles de expresiones y de ocasiones en las que los niños son ignorados, devaluados o despreciados, simplemente, porque su pequeñez nos hace verlos poco útiles o necesarios, cuando no son considerados meros estorbos.

Salvo para luchar -ahí está la desgraciada realidad de los niños soldado- o para ser explotados, cuesta que un dirigente político, económico o social piense en recurrir a los niños y niñas para solventar algún problema que se le presente a una colectividad o a una nación.

No fue este, gracias a Dios, el pensamiento del obispo francés monseñor Forbin-Janson (1785-1844), cuando -tras un encuentro que tuvo en Londres con la fundadora de otra Obra Pontificia, la de la Propagación de la Fe, Paulina Jaricot- puso en marcha en 1843 la hoy conocida como Obra de la Infancia Misionera, encumbrada a la condición de Pontificia por Pío XI en 1922. Una asociación misionera nacida con el propósito de proporcionar asistencia material y espiritual a los niños de toda la Tierra; una organización mundial que trata de llevar el conocimiento de Jesús y de su mensaje de salvación a las nuevas generaciones de hombres y mujeres que lo desconocen.

Se oían por aquel entonces las llamadas de necesidad de millones de niños del lejano Oriente, se sabía de sus muertes atroces, como hoy se escuchan las de aquellos pequeños que pasan hambre, padecen enfermedades de fácil curación pero que a ellos les llevan a la tumba, se ven obligados a matar o son explotados sexual o laboralmente ... Todo un clamor que, a pesar de su magnitud, resulta difícil de escuchar y, más aún, de solucionar en el opulento Occidente. ¿A quién recurrir para aliviar tanto drama? Ni en aquel siglo XIX francés, ni en el presente mundial -de no ser porque esta Obra ya existe-, se hubiese pensado en acudir a los mismos niños para que, con sus oraciones y sus pequeños ahorros, ayudasen a otros niños de lejanas tierras, totalmente desconocidos, pero más necesitados que ellos. Y así se obró el «primer milagro» de la Infancia Misionera. Una iniciativa humilde y pequeña por quienes la hacen posible -niños y niñas-, pero poderosa -son los hombres del mañana, el mejor lugar donde sembrar la semilla liberadora y solidaria del Evangelio- y digna de admirar, porque encuentra en los niños la respuesta que no han sabido dar sus mayores. ¡Qué grande eres, pequeño!

Sin duda, el gran mérito de la Infancia Misionera ha sido darles a los niños un papel protagonista y activo en el servicio misionero. No es nada que venga impuesto por los adultos, sino algo que surge en el interior del propio niño y que acaba contagiando de espíritu misionero a su propia familia, a sus amigos, a la escuela, a la parroquia ...

Pioneros y únicos_

Estamos ante una obra pionera en la atención a la infancia. Desde su creación en 1843, pasó mucho tiempo -nada menos que 80 años- para que otra institución, en este caso la Sociedad de Naciones -predecesora de la actual Naciones Unidas- se acordara de los peligros y males que acechan a la infancia y aprobara el 26 de diciembre de 1924 la primera declaración de derechos del niño -la Declaración de Ginebra-. y hubo que esperar algo más, fueron necesarios más de 100 años, para que se creara en 1946 el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). y aun así, no se ha logrado alcanzar, ni tan siquiera copiar, el gran «milagro» de la Infancia Misionera, su esencia, su preciado fruto: que los propios niños se conviertan en los protagonistas de la tarea misionera y desarrollen un papel activo en favor de sus hermanos que se encuentran desamparados y abandonados a su suerte. No se recurre a adultos ni a personas famosas; es el propio niño quien quiere hacer saber a su "otro yo", que no le conoce, que Dios no le ha olvidado; que alguien, tan pequeño como él, ha visto en su rostro el sufrimiento de Jesús.


Red social de evangelización_

Son niños separados por la distancia, totalmente distintos en cuanto a posesión de bienes materiales o posibilidades sanitarias, educativas o alimentarias, pero que se sienten unidos por su condición de niños; se saben iguales en cuanto miembros de la gran familia humana. Solidarios en sus penas y sufrimientos. Felices en sus alegrías y logros.

En la Obra Pontificia de la Infancia Misionera, todos forman una gran red social de amigos. Pero esta no es virtual, sino real. No se conecta a través de Internet, sino en Jesús y por medio de Jesús. Él, su mensaje, su ejemplo de vida, hace posible que los niños que lo conocen traten de imitarlo, abran los ojos a las injusticias que viven sus hermanos de países lejanos y pongan manos a la obra, con pequeñas privaciones, oraciones y esfuerzos para aliviar su situación. De tal manera que los otros niños que no han oído hablar de ese tal Jesús se pregunten quién es este que se identifica tanto con sus penurias que estuvo dispuesto a morir por ellos; quién es este que anima a otros muchachos, que viven sin ninguna dificultad, a que les ayuden a salir del horror al que se les ha arrojado. He aquí el «milagro» de la evangelización, la semilla que hace brotar la curiosidad por Jesús, aquel al que no es necesario preguntar si te deja ser su amigo, porque acoge a todos por igual. Y no solo eso, sino que quiere que todos se impliquen en el propósito de hacer un mundo más acorde con el que Dios había deseado para la humanidad. Este es el sentido universalista de la actividad misionera, el que busca en los demás la propia salvación.


Escuela misionera_

La Obra Pontificia de la Infancia Misionera es una gran escuela de formación de la conciencia misionera de los niños. En ella los muchachos aprenden a abrir los ojos a una realidad que, desgraciadamente, en demasiadas ocasiones no es justa con los más pequeños e, incluso, se ceba con ellos. Enseña a que sus corazones se muestren sensibles a estas situaciones de pobreza, de violencia, de abuso que sufren otros chicos y chicas, que merecen la consideración de hermanos, y logra que así, lejos de quedarse petrificados alegando cualquier excusa para desentenderse de violencias que les pillan muy lejanas, se muestren dispuestos a colaborar.

De este modo, como destaca el papa Benedicto XVI, «miles de niños salen al encuentro de las necesidades de otros niños, impulsados por el amor que el Hijo de Dios, al hacerse niño, trajo a la Tierra».

Lo hacen con sus manos abiertas de generosidad y con sus pies ligeros, que les permiten salvar las distancias y les llevan a emprender iniciativas, desarrollar actividades, asumir compromisos que hacen sentir a sus amigos más necesitados su cercanía en el dolor, al mismo tiempo que ofrecen, a toda esta infancia que sufre, la esperanza del Evangelio. Es la fuerza de la fe, de la inquietud misionera, de la donación generosa y gratuita, de la oración que permite "conectar" en el interior de cada uno con nuestros prójimos lejanos y olvidados, con otras preocupantes y sangrantes situaciones, para formar una sola familia en la cual, de forma solidaria, se comparten todos los bienes tanto materiales como espirituales, todas las alegrías y dolores.

Gracias a la Obra Pontificia de la Infancia Misionera, los niños, como dijo Juan Pablo II con ocasión del 160 aniversario de la Obra, quedan «convencidos de que quien encuentra a Jesús y acepta su Evangelio se enriquece con numerosos valores espirituales: la vida divina de la gracia, el amor que hermana, la entreqa a los demás, el perdón dado y recibido, la disponibilidad a acoger y ser acogidos, la esperanza que nos proyecta hacia la eternidad, y la paz como don y como tarea».

No se busca solo la promoción social o el bienestar material, sino también el espiritual. Quitarle a esta Obra su dimensión misional supondría arrancarle su alma, su esencia. Por eso, en sus orígenes, monseñor Forbin-Janson pedía a los niños de la Infancia Misionera que, junto a la pequeña limosna, rezasen un ave maría al día, como si de una Obra de la Propagación de la Fe de los niños se tratase. La oración cobra, en este sentido, una fuerza especial, capaz de crear en el niño una predisposición misionera y un ambiente colectivo de unión con el resto de la humanidad, y de esperanza en que es posible la expansión de los valores evangélicos por todo el mundo. Es, por tanto, una oración misionera y universal, que anima a las ilusionadas conciencias de los pequeños a creer en una Tierra con buen tempero para la siembra de la justicia necesaria, la libertad responsable, el amor gratuito, el perdón bondadoso y la paz trabajada; una oración que confía en que todo ser humano se implique en este propósito, porque quien a la larga se beneficia de ello es toda persona de este mundo; una oración que se convierte en el mejor donativo del que, poniéndolo todo en las manos de Dios, solo puede ofrecer el dolor de su pobreza.


Semillero de vocaciones misioneras_

La Obra Pontificia de la Infancia Misionera es, por tanto, un semillero de vocaciones misioneras. Qué mejor lugar para que surjan vocaciones a la misión ad gentes que aquel en el que, desde pequeños, se aprende cuanto de bueno hay en un Evangelio que encuentra en la entrega al prójimo más necesitado la mejor opción para alcanzar una vida plena, que muestra la riqueza del desprendimiento, que enseña a denunciar la injusticia con el fin de que se respete la dignidad de toda persona, que ofrece diálogo para entenderse, que piensa en el otro como amigo y que tiene como fin último el de construir el mundo de paz que Dios nos propone. Qué mejor lugar para que surjan nuevos misioneros que aquel en el que los niños aprenden a respetar y amar a otros niños de lugares lejanos y culturas diferentes y en el que llegan a sentir a estos como miembros de una misma familia humana, en la que Jesús es el hermano y amigo, y Dios, el Padre de todos. Qué mejor escuela para la educación misionera.

De hecho, son muchas, sin duda, las vocaciones misioneras surgidas al calor de la Infancia Misionera; son numerosas también las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada que esta Obra ha suscitado tanto en los países de vieja cristiandad, como en las jóvenes Iglesias. (Hasta tal punto es cierta esta afirmación que en el año 1919, cuando la Obra de San Pedro Apóstol parecía languidecer apenas recién nacida, la Santa Sede, por boca de su secretario de Estado, monseñor Gasparri, llegó a sugerir a los responsables de la Infancia Misionera que extendieran su generosidad a los seminarios y seminaristas de los territorios de misión). Son también abundantes los hombres y mujeres que, sin llegar a sentir la llamada vocacional misionera específica, han aprendido, gracias a esta Obra, a hacer de la fraternidad y la solidaridad evangélica y universal los principios fundamentales de unas vidas dispuestas a superar barreras, vencer obstáculos y tender puentes por sus hermanos más olvidados y necesitados.


La niña de sus ojos

No se debe olvidar esta lección. La Obra Pontificia de la Infancia Misionera es la niña de los ojos de la Iglesia, donde ve reflejado su futuro, donde comienza a gestarse un mañana que se prepara hoy. Ningún lugar mejor para educarse y asumir desde la fe los valores del Evangelio que esta Obra, en la que los pequeños aprenden a acudir en auxilio de los niños más pobres de toda la Tierra y a ofrecerles la riqueza de una amistad que nunca les va a fallar: la de Jesús.

En definitiva, la Obra Pontificia de la Infancia Misionera propone a todos los niños y niñas del mundo un rico camino de maduración cristiana y misionera, un camino que les llevará a realizar una gran labor de evangelización universal tanto entre los chicos de los países más alejados, como sus propios hogares y colegios.

Cuanto más bonita veamos la Infancia y Adolescencia Misionera, más prometedor será el futuro de la Iglesia Católica.



Subir


¡El desafío de 'Ser' y 'Hacer' amigos

«Una aventura aquí y más allá de las fronteras»

Desde hace un tiempo, es cada vez más común entre los niños, adolescentes, jóvenes e, incluso, adultos el ser testigos o participantes de numerosos desafíos («challenge», en inglés) que circulan por las redes sociales y medios audiovisuales (Facebook, Instagram, Twitter, YouTube, Whatsapp). Se trata de pruebas, propuestas, retos (la mayoría sin mucho sentido) que deben realizarse con el único propósito de entretener por un momento. Muchos se cumplen de forma personal y otros en grupo; algunos promueven una diversión sana y otros significan un riesgo para los jugadores (como el «Reto de la Ballena Azul», tan cuestionado en los últimos tiempos, que atenta contra la salud y la vida de quienes cumplen las consignas planteadas). El furor por los numerosos «Challenges» surgidos en los últimos tiempos ha sido tal que incluso famosos reconocidos del mundo entero suben a diario sus videos a las redes sociales llevando a cabo la consigna, lo que fomenta la viralización de los retos, es decir, la propagación masiva a través de los medios de comunicación.

Así surgieron el «Mannequin Challenge», o «desafío maniquí», que consiste en realizar una filmación con el celular en el que todas las personas de un lugar permanecen inmóviles como muñecos; el «Ice Bucket challenge» (desafío cubeta de hielo), «Whisper Challenge» (desafío del susurro) y hasta «El Desafío de la Botella», que es simplemente tirar una botellita con un poco de agua hacia arriba haciéndola girar sobre sí misma y lograr que la misma caiga parada.

¿Qué tienen estos desafíos que animan a tantos a realizar su propia versión? Básicamente, que invitan a hacer algo. Claro está que la repercusión, los efectos, la 'diversión' es efímera. En esta sociedad del descarte, de la velocidad frenética, de búsqueda del límite, del 'ya', hasta los videos virales pasan de moda rápidamente y lo que ayer era furor hoy cae en el olvido.

Pero, sabiendo que los niños, adolescentes, jóvenes (y, también, adultos) están dispuestos a hacer, a «cumplir con los desafíos»… ¿qué pasaría si les proponemos un desafío que permanece, que trasciende, que está lleno de sentido porque da Vida, con mayúscula, porque es capaz de transformar la vida de los demás? ¿Qué pasaría si los «participantes» de este desafío descubrieran que el «hacer» tiene que ver con algo más profundo, más radical: va de la mano con un «Ser»? ¿Qué pasaría si la propuesta es nada más y nada menos que «viralizar el Amor»?

Te propongo un desafío...

¿Y si pudiéramos realizar un «challenge» que no tiene fecha de vencimiento, que no pasa de moda y que puede impactar para siempre en la vida de los demás? ¿Y si propusiéramos realizar algo ahí donde cada uno está, en su lugar, en su vida cotidiana que sea capaz de cambiarle la vida a otros que, incluso, viven más allá de las fronteras, en otro continente? ¿Nos animaríamos a sumarnos a un reto que puede llenar nuestra vida de sentido y resignificar la vida de tantos niños y adolescentes olvidados, descartados, tapados, desconsiderados, despojados de su dignidad? ¿Seríamos capaces de unirnos a un reto mundial, que lleva más de 170 años de vigencia y que se realiza a diario en los cinco continentes? ¿Estaríamos dispuestos a levantar la vista de nuestros celulares o pantallas para mirar a los ojos, para salir al encuentro, para dejarnos encontrar?

¡Qué desafío! Estos son los que valen la pena, los que no siempre se viralizan en las redes o se destacan en los medios pero que tienen un impacto tan fuerte, tan profundo, que se arraigan, que permanecen, que transforman, que siguen buscando hacer de nuestro mundo un lugar digno para vivir. Algunos tal vez no se animen a lanzarse a la aventura del reto y elijan permanecer como meros espectadores, pero muchos otros (muchísimos, ¡gracias a Dios!) en América, Asia, África, Europa y Oceanía ya se animan a diario a decir «sí» a la propuesta, haciendo del Amor algo (Alguien) concreto, cercano, entregado.


El desafío de la amistad...

Monseñor Carlos Augusto María de Forbín-Janson, obispo de Francia, en 1843 aceptó el desafío, el reto, la invitación impulsada por Jesús, quien sin tener ninguna red social sofisticada más que la cercanía, el encuentro, la misión como salida de uno para llegar al corazón del otro, propuso "viralizar el Amor" en un mandato que sigue resonando aún hoy: «Vayan y anuncien a todos la Buena Noticia» (Mc. 16, 15).

Forbín-Janson comprendió que la clave de ese mandato es una decisión radical, decidida, firme y real de abandonar la comodidad de ser espectador y lanzarse a la aventura de mirar, de ir más allá, de salir el encuentro, de «hacer» (amar) como respuesta al descubrir la razón de su «ser» ('soy amado'). Fue por eso por lo que se lo conoce como el fundador de una de las cuatro Obras Misionales Pontificias: la IAM (que comenzó siendo «la Santa Infancia» para luego presentarse al mundo como «Infancia Misionera» y, a partir del 2002 en Argentina, 'Infancia y Adolescencia Misionera'), surgida inicialmente con el propósito de ayudar a los niños vulnerables de China a través de «un Ave María por día y una monedita al mes» pero que, poco a poco, se convirtió en un servicio para todos los niños y adolescentes de los cinco continentes. Con el carisma de la cooperación misionera expresada en el lema «Que los niños y adolescentes ayuden a los niños y adolescentes», la Obra comenzó a extenderse por el mundo, más allá de las fronteras, a numerosos países. En 1849 -apenas unos pocos años después de ser fundada- llegó a la Argentina.

La IAM en nuestra tierra ha reunido, y sigue reuniendo, a cientos de niños, adolescentes y animadores de todas las diócesis quienes, también como Forbín-Janson, sienten el llamado de Jesús, que los invita a comprometerse con la realidad, con la misión, con otros niños y adolescentes.

Ellos aceptaron el reto, están cumpliendo el desafío de 'Ser Amigos de Jesús y Hacer más amigos para Él'. Numerosos gestos misioneros dan prueba de ello, los cuales nos hablan de un compromiso real, concreto, que se vive, que se siente, que se experimenta. El saludo de la IAM «De los niños y adolescentes del mundo, ¡Siempre amigos!» es mucho más que una frase o un slogan que nos identifica como Obra: es una verdad que se materializa, por ejemplo, en el notorio crecimiento de la Alcancía Misionera año tras año, en el animarse a mirar la realidad de cada continente, entendiendo que los demás, pese a las distancias y las diferencias, son amigos.

El compromiso se expresa en cada niño, en cada adolescente, en cada animador que entiende que ser misioneros está en nuestra esencia, es un camino de todos los días, que se hace vida en los compromisos misioneros semanales, en la entrega cotidiana. Dicho compromiso se vive en cada animador que opta por formarse para mejorar su servicio, que se preocupa y, principalmente, se ocupa de que los niños y adolescentes que Dios le ha encomendado se encuentren con Jesús.

La IAM propone tres consignas concretas que nos permiten cumplir con el desafío, yendo al encuentro de los demás en nombre de Jesús:

  • La Cooperación Espiritual: consiste en colaborar a través de la oración, desde el ofrecimiento de nuestra propia vida cristiana (testimonio) y de nuestros sacrificios, uniéndolos a los de Jesús por el bien de los demás.
  • La Cooperación Material: se trata de la ofrenda económica o con bienes materiales. La «Monedita al mes» de la consigna inicial de Forbín-Janson, destinada a la Alcancía Misionera que cada año llega al Fondo de Solidaridad (Roma) y que se destina a cubrir numerosos proyectos en el mundo a favor de niños y/o adolescentes.
  • La Cooperación con Servicios Misioneros: esto es, básicamente, que cada niño, adolescente y animador se brinde a los demás, que se ponga al servicio del otro (con una acción, un gesto, la sola presencia, el tiempo, una palabra…).

Este es el «Challenge», el reto de Ser y Hacer Amigos. ¿Estamos listos, entonces, para ser parte de esta maravillosa propuesta? Es un desafío de Amor, que da vida, que lleva en vigencia más de 170 años y que sigue creciendo. La misión es el mayor (y más «viral») reto al que nos enfrentamos como Iglesia. El Amor de Dios debe llegar a todos. ¿Aceptamos la propuesta? ¡A lanzarnos a las profundidades del Amor!


#ButtonChallenge: Para muestra basta un botón_

Todos sabemos muy bien que con poquito podemos hacer un montón, sobre todo si de ayudarnos se trata… Y, como dice la conocida «Para muestra, basta un botón». Por eso, esta dinámica nos invita a confirmar que esto que decimos es verdad…

Este año, la IAM Argentina se ha propuesto revitalizar, redescubrir el carisma de la Obra, fomentando, animando, avivando la cooperación de niños y adolescentes a favor de otros niños y adolescentes.

Vamos a animar, entonces, a nuestros grupos de IAM a cooperar como misioneros (en este caso, a través de la Cooperación Material y Espiritual) utilizando BOTONES. Sí, botones. Los mismos que usamos para prendernos la ropa.

El propósito de esta invitación es no solo animar la cooperación y el servicio misionero, sino descubrir cómo un pequeño detalle que parece insignificante (como un botón) puede convertirse en un gesto valioso para los demás, puede ser verdaderamente grande y edificante si se lo mira con los ojos de la Fe y con el corazón puesto en Jesús y en su misión.

Los animadores repartirán un botón a cada miembro de la IAM, de cualquier color, forma y tamaño (se puede pensar alguna dinámica para la entrega: por ejemplo, esconder una caja que los contenga y jugar a la búsqueda del tesoro). Durante la semana, cada niño, adolescente y animador deberá «canjear» el botón por una monedita o colaboración material y una oración por los niños y adolescentes del mundo.

¿Cómo se logrará? Cada miembro de la IAM llevará el botón y se lo ofrecerá a una persona (familiar, amigo, almacenero del barrio, a quien encuentren) comentándole que la Infancia y Adolescencia Misionera promueve la ayuda a niños y adolescentes de todo el mundo y que, a través de un pequeño aporte se puede cambiar la vida de muchos de ellos. Luego, se le mostrará el botón con la consigna: «Con poquito podemos hacer mucho. Solo tengo este botón. ¿Estás dispuesto a colaborar a cambio de este botoncito con los niños y adolescentes del mundo?».

Si la persona acepta el reto y le entrega una monedita o un billete, el niño le dará el botón con el compromiso de que lo deje en algún visible de la casa, a fin de que cada vez que lo vea rece un Ave María por los Niños y Adolescentes del mundo.

Si se pudiera, lo ideal sería que esa persona ofrezca nuevamente el botón a otra a cambio de una colaboración (que luego acercará al niño, adolescente o animador de la IAM) para que la cadena continúe. Esto puede ser posible si el niño, adolescente o animador realiza el gesto en alguna reunión familiar, o en la sala de maestros, o en un lugar con mucha gente (para que vaya recaudando las distintas colaboraciones en su Alcancía Misionera). En ese caso, el niño modificará el compromiso de rezar por los niños y adolescentes del mundo (ya que no se dejarán el botón de recuerdo) diciendo: «Cada vez que mires un botón, cualquiera sea, recordá esta colaboración tan grande que hiciste y rezá un Ave María por todos los chicos del mundo».

En el próximo encuentro de la IAM, los niños, adolescentes y animadores ofrecerán en la Alcancía Misionera lo recaudado tras este reto y compartirán el testimonio acerca de a quiénes ofrecieron el botón y las respuestas de las personas involucradas.

¡FELIZ MISIÓN!


IAM - Diócesis de Río Cuarto - Córdoba



Subir


Aportes de las alcancías de la Infancia y Adolescencia Misionera Argentina

Aportes en pesos enviados hasta el 31 de diciembre de cada año

Arquidiócesis_

Arquidiócesis 2014 2015 2016
Buenos Aires 4.600,00
Bahía Blanca 450,00 600,00
Córdoba 5.600,00 4.000,00
Corrientes 4.875,00 9.736,25
La Plata 1.600,00 2.400,00 2.800,00
Mendoza 3.612,00 1.950,00 3.200,00
Mercedes-Luján 200,00 1.500,00
Paraná 4.600,00
Resistencia 1.843,75 2.000,70 3.472,00
Rosario 5.300,75 6.888,00 8.520,00
Salta 1.242,00 700,00 1.980,00
San Juan 1.184,25
Santa Fe 6.865,00 5.550,00 7.475,00
Tucumán 330,00 1.200,00 1.300,01

Diócesis_

Diócesis 2014 2015 2016
Alto Valle 3.518,00 5.705,00
Añatuya
Avellaneda-Lanús 810,00 1.242,85
Azul 670,00 1.700,00 1.400,00
Catamarca 680,00 800,00
Comodoro Rivadavia 1.761,00 3.405,95 6.431,45
Concepción 1.000,00 1.900,00
Concordia 11.230,00 15.500,00 22.400,00
Cruz del Eje
Chascomús 1.234,75
Formosa 1.304,40 1.410,00
Goya
Gualeguaychú 2.348,00 4.560,00
Jujuy 1.000,00 2.500,00 5.648,00
Laferrere 2.741,45 4.930,85 7.594,15
La Rioja 1.830,00 4.043,00 4.330,00
Lomas de Zamora 2.157,50 3.110,35 5.420,00
Mar del Plata 2.455,05
Merlo-Moreno 611,70 629,00
Morón 1.023,00 400,00 486,00
Neuquén 3.890,00 4.005,00 7.570,15
Nueve de Julio
Oberá 3.340,00
Orán 1.000,00
Posadas 7.485,00 4.510,00
Puerto Iguazú 1.900,00
Quilmes 3.272,55 3.275,00 6.715,45
Rafaela
Reconquista
Río Cuarto 4.144,95 6.900,00 7.034,90
Río Gallegos 1.657,00 1.450,00
San Carlos Bariloche 1.000,00 1.000,00
San Francisco
San Isidro
San Justo 1.473,00 3.169,85 600,00
San Luis 923,00
San Martín 1.010,35 1.392,50 3.291,05
San Miguel 3.776,20 2.391,40 1.282,50
San Nicolás 600,55 300,00
San Rafael 2.265,00 900,00 1.300,00
San Roque 617,00 4.767,00 4.000,00
Santa Rosa 671,60 500,00
Santiago del Estero 60,00 1.500,00 1.000,00
Santo Tomé 400,00
Venado Tuerto
Viedma 2.867,00 4.900,00 3.200,00
Villa María 260,00
Zárate-Campana 772,75 7.740,00 11.606,50

Prelaturas_

Prelaturas 2014 2015 2016
Cafayate 950,00
Deán Funes
Esquel 100,00 100,00
Humahuaca
Opus Dei

Eparquías y Ordinariatos_

Eparquía / Ordinariato 2014 2015 2016
Armenia
Maronita
Ucraniana
Castrense
Oriental

Otros aportes_

Otros aportes 2014 2015 2016
Colegios 2.675,00 1.130,00
Particulares 156,10 800,00

Totales

Totales 2014 2015 2016
$ 92.496,10 139.593,35 163.004,36



Subir




Subir


Contactarse

Secretaría Nacional de la Infancia y Adolescencia Misionera de Argentina
Medrano 735 - 1179 CABA

+54 011 4863-1357 / 4862-4136

iam@ompargentina.org.ar



Subir