La vocación del animador de la IAM

El animador, muchas veces sin saberlo, se encuentra envuelto en la tarea de la animación. Las motivaciones, en algunos casos, son insuficientes.

En varias ocasiones escuchamos comentarios como: «mi amigo es un animador»; «mi amiga me invitó»; «lo hago para conocer más de cerca que es esto de la IAM», etc. Es cierto que en nuestras parroquias y movimientos se va encarando con más seriedad el papel de animador de la Infancia y Adolescencia Misionera, pero debemos acercarnos un poco más cada día a ese ideal. No podemos engañarnos que una buena parte acepta ser animador o dirigente para «dar una mano» y «porque me gusta», sin que se llegue a considerar seriamente que es una respuesta a un posible llamado de Dios.

¿Qué es un animador?

Es una persona de fe. Dos elementos que se unen para formar una única realidad: persona adulta y creyente. Quien es convidado por la Iglesia para asumir la responsabilidad de anunciar a las nuevas generaciones la fe, tiene que tener una densidad humana y una firmeza de fe que, si no llegan a ser ideales, sean por lo menos normales. Se anima y se educa más por lo que se es, que por lo que se dice o se hace.

Cuando hablamos de creyente es obvio que nos referimos a un animador que cree en Jesús. No se considera perfecto y sabe que vive su fe con imperfecciones; vive en una comunidad que es la Iglesia, tiene los sacramentos, fue incorporado por el Bautismo y la Eucaristía es el centro de su vida.

No podemos separar Eucaristía de la misión. El creyente está en camino y procura continuamente su conversión. Recorre el camino guiado por el Señor, intenta seguir sus pisadas como los primeros discípulos, por eso procura vivir la fraternidad humana.

Caminar la vida de fe no es fácil. Muchas veces es preciso superar obstáculos remando contracorriente en todos los ambientes. Estar preparado para el sufrimiento, entregarse a las cosas del Señor, y a veces con dolor. Pero con todo, el animador no se deja vencer por el desánimo, porque es creyente. Sigue confiado su camino, acredita que el Reino es posible y lo transmite a otros chicos y jóvenes. El mismo Dios nos hace ver, con la Resurrección de su Hijo, que la vida vence a la muerte.

Un creyente que tiene experiencia de Dios

El animador de la IAM es un testigo de Dios en primera persona. No puede hablar de Él partiendo de teorías. Es un creyente con experiencia de intimidad con el Señor. Como ejemplo sabemos que ninguno enseña a leer si no sabe leer. Jesús preguntaba si un ciego puede guiar a otro ciego. Y en esto se refería a la ceguera del corazón, ya que no puedo hacer crecer en la fe si mi fe no ha crecido. Nuestra vivencia de la Palabra de Dios nos lleva a animar al grupo y comunicarnos con él. El animador da su experiencia de fe e ilumina a nivel doctrinal las situaciones concretas que pueden aparecer en el grupo. Llegan las palabras pero arrastran los buenos ejemplos, entonces, el papel del animador vivido en profundidad, lo convierte en profeta.

Un creyente que comparte

El animador está conciente que la vida en grupo, caminar con otros, es un valor, y por lo tanto, procura vivir la experiencia de compartir con los otros lo que es y lo que tiene experimentando que al dar, recibe, y que su vida se desenvuelve según los otros.

Dejándose interpelar por la Palabra, leyendo los acontecimientos de la vida, sabe que es servidor en el grupo y se siente enviado.

El animador de la IAM es un enviado a anunciar el Evangelio

El animador tiene que aceptar ser anunciador y entrar en la dinámica de seguidor de Jesús, hacer suya la causa del Maestro y prolongar su misión. Jesús lo recibió y lo envió.

En medio de las novedades que surjan, la creatividad que ponga para llevar adelante el anuncio, el animador tiene que mantener viva la idea que el único protagonista de su mensaje es Jesús. Por eso debe renunciar a ser la «estrella», ya que no moldeamos a los niños y adolescentes a nuestra imagen y semejanza. Sería un grave error.

Aprendamos de Juan, el Bautista: «Qué Él crezca y yo disminuya».

@IAMARGENTINAOMP


Vocación del Animador de la IAM