Talleres de formación IAM

Estamos en una época del año, cercana a las vacaciones de invierno y donde las diócesis y varias regiones pastorales del país, organizan los talleres de iniciación y profundización de la Infancia y Adolescencia Misionera. También muchas diócesis se juntan a vivir una Esam (Escuelas de Animación Misionera) y no fantan las Escuelas para formar los futuros líderes, tanto para chicos como para adolescentes.

Todo esto está bien y será fructífero en tanto y en cuanto tengamos en cuenta, los animadores y formadores, a hacer hincapié en la espiritualidad del futuro misionero y animador en la misión.

Cada tema a tratar, cada momento de compartir, en los sacramentos que debemos intensificar y también en el divertirnos, no debe faltar centralizar la figura de Jesús, que pidiendo que se deje que los niños lleguen a Él, es precisamente para mostrarles el camino a seguir.

La vocación específica del animador es llevar a los otros por la senda de Dios. En este caso y en este tiempo difícil que nos toca vivir, lo primordial es mostrar el rostro del Padre misericordioso. Podemos organizar muchos encuentros, pero sería un error que «pasemos el tiempo» sin hacer que los niños se identifiquen con el Maestro.

El juego: Es disfrutar, es animar, es divertir. No es confrontar y menos pensar en "perder tiempo". Es la forma de evangelizar con alegría. Los chiocs, destinatarios de este momento, lo necesitan. El esparcimiento es parte de la formación misionera.

Diálogo: Es hablar, sí; pero lo principal es escuchar. Mucho tienen para decirnos y mucho aprendemos de ello. En esta etapa de la vida, la realidad social que nos rodea hoy, hacen que sea parte esencial de nuestro trabajo de evangelizador. No nos escuchamos mucho. Por cierto hablamos demasiado y perdemos el espíritu de la fraternidad.

Vida comunitaria: Estamos hechos para vivir en comunidad y de modoe special en el rato del encuentro. Es compartir. Compartamos más con los niños y adolescentes. Necesario para adquirir un espíritu acorde a lo que pide la misión.

Este año la IAM cumple 174 años de vida. Se nos pide junto a la misión, ser solidarios. El animador vive y enseña el Decálogo y distribuye sus talentos, sus bienes. No guarda nada para sí.

Dios no deja sin recompensa al que da con alegría. Ser generosos y alentadores Alejar los fantasmas del desánimo que muchas veces hacen que abandonemos esta fantástica tarea de animar y formar.

No es una «linda nostalgia» estar y trabajar con niños y adolescentes, sino celebrar una presencia: la de Cristo Resucitado.

Pbro. Dante De Sanzzi


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