Fanática de la IAM

Dicen que un alma que encuentra la misión, vivirá feliz cada día, del resto de sus días. 174 años de esta Obra, 22 de vida y 11 en la IAM, así vivo, desde hace ya un tiempo.

Mi nombre es Antonella Martinez, “Anto” para quienes me conocen. Soy de la ciudad de Viedma, capital de la provincia del Río Negro.

Mi ciudad está ubicada en el margen nordeste de la Patagonia. Además de un moderno centro administrativo de la provincia, es sede, del Obispado más antiguo del Sur Argentino y capital histórica de la Patagonia. El paso de los salesianos dejó en ella, una historia que aun sigue viva. Viedma cuenta con su diversidad verde todo el año y quienes la conocen, aseguran que su costanera al margen del Río Negro, sea un lugar ideal para disfrutar. Por su cercanía al mar y su belleza natural hacen de esta ciudad, un lugar único.

Viedma es lugar que con mi gran familia elegimos para vivir. En ella también se encuentra la parroquia Salesiana de la Obra de Don Bosco, (allí realice mis estudios primarios y secundarios).

Marzo del 2006 y el patio de esa parroquia, se convertiría en el lugar donde me vi crecer. Desde niña pase mis días entre juegos, entre canciones y música, del llanto a la sonrisa en segundos. Pase lluvias e inviernos frios, vi caer las hojas de los limoneros que el padre cuidaba con tanto amor, vi crecer las flores en primavera y disfrutar del sol o un campamento en verano. Pase mis días ahí, en la IAM.

Pasa el tiempo, y nos hacemos un poco más grandes, tal vez vamos cambiamos el té que antes elegíamos como merienda por un Mate calentito. Muchos me preguntan ¿que es la IAM? ¿Por qué tanto la nombras? Antes respondía con una sonrisa diciendo que era esa actividad que yo elegía cada sábado en la parroquia, pero hoy mas grande, en la universidad, con mis amigos, en una clase de baile, respondo con el corazón y me lleno de orgullo cada vez que hablo de ella. La Infancia y Adolescencia Misionera me enseñó a HOY, ser YO. Me enseño que lo simple siempre gana y es mejor un instante con amigos que un momento perdido. Me enseñó a disfrutar y conocer la vida de ese Jesús que hoy vive en mí. Aprendí a rezar, aprendí a despertar y sostener con responsabilidad la vida que los demás me confían, en fin, aprendo cada vez que hablo con alguien sobre la IAM.

Aún recuerdo mi primera misión. Con mis compañeros de grupo de la parroquia Don Bosco, nuestro destino cada año es la Meseta de Somuncura, esa inmensidad de tierras que alberga cada tanto, un paraje, algunos con pocas familias, otros mas difíciles de llegar, pero todos con el corazón dispuesto a lo que brota.Tengo presente las 6 misiones que llevo, la primera, fue un septiembre donde todo parecía nuevo para mí. Hoy habiendo pasado por distintos lugares, aseguro que una parte de mi se renueva cada vez que voy de Misión.

Elijo la misión como mi forma de vida y les aseguro que no es tan compleja como mucho se lo imaginan, es más simple de lo que creemos. No todo es tan difícil, no todo está perdido. Alguna vez pensaron que con una charla podían aliviarle el día a alguien. El mate, ese instante mágico algunos dulces otros amargos. Quien imagino que ver caer sol, el aire, un asado o el pan recién hecho seria un pedacito de felicidad que compartimos con los demás, ni hablar de esas sonrisas llenas de tierras que te esperan para un partidito en el potrero o la soga que las nenas con tanto amor cuidan. Esas familias que te esperan cada año, esos mensajes que la radio del pueblo transmite y el aviso al poblador que va llegando a cada hogar como: “el grupo misionero está por llegar”. Esa mezcla de nervios que cada año sentimos al emprender un nuevo viaje.

Tengo la suerte, mi fortuna es ser Misionera de la IAM , prepárame cada año para una nueva misión y disfrutar. Así lo hacemos con mi grupo, nos preparamos todo el año porque tenemos la suerte de ser animadores y cuando ya va llegando fin de año, ahí arrancan las corridas. Preparar el menú no es nada fácil, la limpieza, y ¿la mercadería? ahí aparece la familia donándote 1kg de yerba y esos supermercados de la ciudad que te dan un poco mas. Preparar las oraciones se hacen cada año más originales. En el último tiempo elegimos el sol de la costanera y el aire del río para sacar la Biblia, un cuaderno y comenzar a escribir. Todos juntos en grupitos de a dos preparando algo para esos días y al grito de: “Cambiooo” rotamos buscando a nuestro próximo compañero, toda una aventura para hacer de cada misión, días especiales. Pero no es todo, la celebración de reyes, los regalos, las visitas, los rosarios, todo tiene que estar listo para la fecha de partir. Ese Jesús que nos acompaña, ya nos va preparando para enviarnos Eso, es misión, preparar el corazón unos días antes y estar dispuestos a sentir lo simple todo el año. Cada misión es diferente y siempre hay algo nuevo que nos sorprende. Estoy segura que cada misionero lo sabe, pero como decimos: volver misionados no tiene comparación!

Desde pequeña supe que algo más había y a medida que pasa el tiempo lo voy encontrando. Lo encuentro en la misión, en el sábado de actividades, lo encuentro en cada reunión para preparar algo, cuando suena el silbato, en la formación, lo encuentro en cada campamento, en mi parroquia, en los animadores, lo encuentro en cada IAM, lo encuentro en las familias que nos confían sus tesoros más pequeños, lo encuentro en mi familia que siempre me acompaña. Lo encuentro en vos pero también lo encuentro en mí. Y así vamos, buscando el Servicio y dispuestos a ayudar, esperando cada año para disfrutar.

Creo en el Dios de los Jóvenes y en esos amigos que llegan sin pensar. Creo en las charlas y en un simple: ¿querés un mate? Si, creo que la infancia hace amigos para Jesús.Yo descubrí el tesoro de la amistad descalzando mi corazón para entrar en el otro. Solo camine. A veces se nos quita algo valioso pero esos Ángeles dispersos en este mundo están ahí para abrazarnos. “Pensé, cuantas veces habré dejado alguna maraca. Pero sentí el deseo de entrar en esos corazones sin dejar un cartel que diga: ¡Aquí estuve yo! Solo entrar y no pensar, solo cuidar ese corazón como un lugar sagrado, quizás, mi mayor tesoro” Hoy ya elegí mi manera de caminar, vos elegí tu paso y todo será diferente. Pasá y entrá, pasalo bien, disfrutá! Deja que te pase lo que nunca te pasa. Pasa y quédate. Pasa lo pisado y pisa lo pasado. Sonreí, disfruta, baila. Pasa y deja huellas Elegí que paso vas a dar... y tus días serian diferentes.

Hoy solo le doy gracias a Dios, por darme la posibilidad de vivir mis días en esta Obra. Agradezco cada día ser parte de la Infancia y sentir estos 11 años como algo único. Viví cada etapa (desde integrante hasta animadora y ahora quizás un poquito más) Solo espero que lleguen muchos años más. Se me llena el corazón de felicidad al saludar a la IAM. Festejar un mes más y ver la parroquia llena de color, globos, música, los nenes y cada sonrisa amiga, woow! ya no tiene comparación.

Ojala cada Infancia, sea el lugar que elijan y que cada animador descubra el motivo de caminar la vida dando lo mejor de su corazón. Saludo a cada infancia y a ese grupo de jóvenes que se la juegan por disfrutar, estoy segura que cada IAM es diferente pero igual a la vez. Miren ese rosario misionero que nos acompaña y cerrando los ojos, piensen ese continente que hoy necesita de nuestras oraciones.

Gracias, por anunciar con su vida a los demás. Por renunciar a buscar comodidad y gracias por vivir las obras con fe, sin temor a fracasar. Solo sabemos que a donde vayamos anunciarte, es misión.

A mí, muchos me llaman fanática pero quien viva la IAM como parte de si, sonreirá al descubrir el placer de ser. IAM, así de simple, así de siempre ¡¡SIEMPRE AMIGOS!!

Antonella “Anto” MARTINEZ
Infancia y Adolescencia Misionera - IAM - (Pquia. Don Bosco) Diócesis de VIEDMA.