El Espíritu Santo nos hace
Verdaderos Misioneros

Letanías al
Espíritu Santo

Cuando el olvido y la indiferencia nos alejan del hermano:
¡Ven Espíritu de Amor, Bondad y Ternura!

Cuando la incomprensión nos aísla:
¡Ven Espíritu de Sabiduría y Unión!

Cuando la mentira nos envuelve:
¡Ven Espíritu de Verdad!

Cuando las tinieblas nos encubren y envuelven la realidad:
¡Ven Espíritu de claridad y transparencia!

Cuando el egoísmo nos puede:
¡Ven Espíritu de Jesús, ayúdanos a ser para los demás!

Cuando la pereza nos paraliza:
¡Ven y sacúdenos Espíritu de servicio!

Cuando la incredulidad nos ciega:
¡Ven Espíritu Santo y danos sabiduría!

Cuando el desánimo nos domina:
¡Ven con tu Esperanza, Espíritu Santo!

Cuando la debilidad nos puede:
¡Ven Espíritu de Fortaleza!

Cuando la mediocridad es nuestro pan de cada día:
¡Ven Espíritu de Jesús y empújanos a una Entrega Total!

Cuando la tristeza nos amenaza:
¡Ven Espíritu de Alegría y fiesta cristiana!

Cuando la exigencia del Reino nos llama:
¡Ven Espíritu Santo y camina con nosostros!

Letanías al Espíritu Santo

Queridos animadores

El Espíritu nos hace verdaderos misionerosEstamos festejando la fiesta de Pentecostés, la fiesta de la efusión del Espíritu en los corazones, la fiesta del amor. Pienso en el Espíritu Santo como el “gran desconocido”, la tercera Persona de la Trinidad .

El obrar del Espíritu es misterioso pero es la fuerza que nos ayuda a ser “luz” para otros con nuestro testimonio de vida, es como el aire que nos permite respirar, es la vida de Dios en nosotros; no es a quien normalmente le rezamos, pero es el que hace posible que podamos rezar.

Jesús realizó su misión bajo el aliento del Espíritu, y es El, el que hace posible nuestra misión de llevar a Jesús a todos, el protagonista de la misión, pues ésta se realiza bajo su impulso y fuerza.
Va delante de nosotros, nos acompaña y hace fecunda nuestra tarea de misioneros de Jesús.
Cada uno de nosotros, estamos llamados ser y hacer amigos para Jesús y esto supone vivir una sólida espiritualidad, garantía que nuestra vida está impregnada de la fuerza del Espíritu. Nuestra relación personal con el Espíritu Santo es exigencia de nuestro ser amigos y discípulos de Jesús.

Y ¿que hace el Espíritu en nosotros? Viene con la plenitud de sus dones, nos envuelve, nos ayuda a enamorarnos cada vez más de Jesús y nos empuja a servirlo desde la misión.

En este tema de la misión y pensando en el Espíritu, quiero compartirles parte de una entrevista que le hacen a un misionero español, el padre Francisco Lerma Martinez, que será consagrado obispo de una diócesis de Mozambique. En la entrevista que le hacen, nos habla de cuatro ideas fundamentales como programa para vivir la misión desde esta nueva función que el Señor le presenta. Siento que es un programa para cada uno de nosotros, animadores de la IAM en este camino de comunión hacia Dios y los hermanos:

1. Primero, vivir la humildad: ser humildes, porque estamos cansados de mucho orgullo y mucha prepotencia. Un misionero tiene que ser humilde ante todo, porque se sabe discípulo. Somos colaboradores de Dios en la misión de ser y hacer amigos para Jesús

2. Luego, vivir la paternidad/ maternidad: muchos de nuestros niños y adolescentes, de los mismos animadores viven situaciones de orfandad. Dios nos pide ser para ellos padres y madres, signos de la presencia constante de Dios en cada uno de nosotros

3. La tercera es cargar con la cruz. Desde la misión llevamos el peso de mucha gente, de muchos niños y adolescentes que sufren en el mundo pero también en nuestro propio grupo. Quizá también el peso de nuestra propia cruz…pero el Señor está con nosotros y nos ayuda a llevarla

4. Finalmente, sólo Dios, como dice santa Teresa de Jesús. Esta sería la base de este programa para ser cada vez mejor discípulo y misionero de Jesús, porque sin un encuentro profundo, sereno, alegre con Jesús, nada de lo que hagamos será creíble para nuestros niños, adolescentes, para la comunidad. Sin una experiencia fuerte, constante, confiada de Jesús en nuestra vida, en cada momento de nuestra vida, nuestra misión será una simple estructura que no hablará a nadie de la alegría que nos da tener a Dios en nuestro corazón

Es el Espíritu que nos ayuda a vivir cada uno de estos pasos en el camino del encuentro con Jesús, en el compartirlo con nuestros hermanos a través de la misión.

A el invoquemos cada día, pidiéndole la gracia de asemejarnos a Jesús y tener un corazón misionero y en este año especialmente pidamos por nuestra patria, para que abiertos al Espíritu, vayamos construyendo desde muestra misión en el IAM una patria mas humana, más fraterna, más misionera.