La misión es Iglesia

P. Fernando Gatkuoth, mccj - Sudán del Sur
Artículo de la Revista Esquila Misional N| 743 - junio 2017

«La Iglesia peregrina es misionera por naturaleza, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre, pero este designio dimana del "amor fontal" o de la caridad de Dios Padre» (Decreto Ad gentes [AG] 2)>>.

La misión es Iglesia porque, como señala el documento AG, esa es su naturaleza y razón de existir. Jesús fundó la Iglesia para continuar con su misión salvífica y de vida (cf 10), en palabras de Jesús: «Como el Padre me envió a mí, así los envío yo a ustedes» (Jn 20,21). «Siendo así que esta misión continúa y desarrolla a lo largo de la historia la misión del mismo Cristo, que fue enviado a evangelizar a los pobres, la Iglesia debe caminar, por moción del Espíritu Santo, por el mismo camino que Cristo siguió» (AG 5). Así pues, la Iglesia nació para ser misionera.

Primero, Jesús envió a los 12 apóstoles (cf Mc 6,6-13, Mt 10,5-16), después de esto, «el Señor designó a otros setenta y dos» (Lc 10,1-12). Estos fueron los primeros misioneros. En el día de su resurrección (cf Jn 20,19-23) y cuando regresó a la casa del Padre los envío de nuevo para continuar con su misión, pero ahora con una dimensión universal: «Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16,15; cf Mt 28,18- 20; Hch 1,8). Marcos confirma, en su evangelio, que ellos de inmediato comenzaron su encomienda: «Ellos salieron a predicar por todas partes» (Mc 16,20).

Esta acción de la Iglesia, tanto ayer como hoy, es tarea de todos los bautizados y de toda ella. Cada bautizado es también llamado a evangelizar y la Iglesia no es una identidad abstracta y sin consistencia. Es el cuerpo de Cristo integrado por cada una de esas piedras vivas que somos los bautizados.

Lo reitero: tú, yo, cada uno de los bautizados somos Iglesia y por tanto todos somos misión y estamos llamados a sacudirnos la pereza e indiferencia para participar de ella. «No podemos permanecer tranquilos si pensamos en los millones de hermanos y hermanas nuestros, redimidos también por la sangre de Cristo, que viven sin conocer el amor de Dios. Para el creyente, en singular, lo mismo que para toda la Iglesia, la causa misionera debe ser la primera, porque concierne al destino eterno de los hombres y responde al designio misterioso y misericordioso de Dios» (La Misión del Redentor [RM] 86).

Tampoco podemos permanecer indiferentes ante tantas injusticias y situaciones de muerte que existen en el mundo, y que necesitan ser iluminadas por la luz de Cristo y su evangelio para transformarlas en situaciones de vida. Un ejemplo es Sudán del Sur que en los últimos tres años ha experimentado una guerra civil brutal que ha producido dolor y muerte. Pues bien, como bautizados y Misioneros debemos actuar en favor de todos esos hermanos que sufren injustamente y, también, por aquellos que no conocen a Jesús; porque ser Misioneros nos compromete a trabajar para que todos los pueblos de la tierra tengan vida plena con Jesús (cf Jn 10,10).

Conclusión

La Iglesia sin la misión no tiene razón de existir y el bautismo de los católicos pierde gran parte de su significado y valor. A este punto se te podría preguntar: ¿Cuál es tu compromiso con la misión? ¿Qué haces para que el Evangelio llegue a todos los rincones de la tierra? ¿Qué haces para que este mundo sea mejor y un hogar digno para todos los seres humanos?

Para ayudarte en tu oración y reflexión personal y de grupo, lee los textos siguientes: Mt 28, 18-20; Hch 1,8; Jn 10,1-16; Rom 12,4-8; 1Cor 12,1-11; 1 Cor 13,1-3. También lee el documento AG, y el capítulo VI de RM, titulada: Responsables y agentes de la pastoral misionera, números: 61-76.

La misión de la Iglesia es su razón de existir. Dios te dio vida junto con una vocación y misión. ¿Cuál es la tuya? ¿Cuál es la razón de tu existir? De la respuesta depende, en parte, tu felicidad y plenitud en la vida.

La misión es Iglesia