El primero comienza con su fundación y dura hasta el Vaticano II.
Gracias a la perspicacia y dinamismo del P. Paolo Manna, la Pontificia Unión Misional fue adquiriendo poco a poco, a medida que iba siendo conocida y difundida, una estructura y organización más completas y definitivas. Las ediciones sucesivas de los Estatutos ofrecieron a la Unión Misional la posibilidad de desarrollarse en los ámbitos diocesano, nacional e internacional.
Después del Vaticano II – y esto vale para las demás Obras Misionales Pontificias -, hubo un período de reflexión y de renovación, inspirado y orientado por la riqueza de las enseñanzas conciliares sobre la misión ad gentes. La naturaleza misionera de la Iglesia y, como consecuencia, el necesario deber de responsabilidad que tienen al respecto todos sus miembros, según las directivas explícitas del Concilio, dieron más importancia a la animación y a la cooperación misionera de las Obras Misionales Pontificias. Estas tienen el deber de hacer progresar en toda la comunidad cristiana el conocimiento, la animación y la solidaridad con y por la misión. Para conseguir esta finalidad, tienen que colaborar con los centros y organismos misioneros de las Iglesias particulares. La tarea específica de las Obras Misionales Pontificias consiste en garantizar la cooperación misionera de todas las comunidades eclesiales e impregnarlas de un espíritu universal y católico auténtico.
La animación y formación impartidas en función de este espìritu misionero constituirán la finalidad principal y única de la Pontificia Unión Misional, lo cual muestra bien a las claras la importancia de la tarea de los animadores del Pueblo de Dios – sacerdotes, religiosos y todos los que trabajan en la pastoral de las Iglesias, jóvenes o más antiguas -. Este deber de animación fue asignado sin ambigüedades a la Pontificia Unión Misional y, más particularmente, desde que la Redemptoris Missio ratificó la tarea confiada a las Obras Misionales Pontificias de promover el espíritu misionero en el seno del Pueblo de Dios (Cf. RM 84).
Podríamos decir, como conclusión, que el funcionamiento actual de la PUM se adapta a las circunstancias y a los contextos culturales, tanto en las Iglesias jóvenes como en las más antiguas. Esta actividad de los animadores y cooperadores misioneros dará sus frutos para la misión ad gentes en la medida en que la PUM sea acogida por los seminaristas, sacerdotes, diáconos, religiosos y agentes pastorales, cada uno según su propia especificidad. Para cada una de estas categorías de consagrados a la misión, el P. Manna quiso una espiritualidad de dimensión misionera. Estando así las cosas podemos decir, a justo título, que la PUM es el alma de la cooperación misionera. Proponemos, pues, a todos los sacerdotes, religiosos, religiosas, diáconos, seminaristas y animadores misioneros lo que Paolo Manna escribía a los candidatos misioneros:
“Tenemos que velar para que nuestros aspirantes sientan a Jesús en su corazón y en su alma lo mismo que lo conocen con la inteligencia; hay que subrayar la importancia de todos los aspectos de la formación espiritual, intelectual y científica, así como la oración y la teología. Esto vale para los seminarios menores y mayores. Si no lo hacemos, habremos trabajado en vano. ¿ Para qué sirven los jóvenes que saben lo que dicen los teólogos sobre Jesús si crecen en la indiferencia y sin calor por él ? Haríamos de ellos unos intelectuales pero no misioneros, es decir, hombres que podrían ser felices el día de mañana, dándose a sí mismos para hacer conocer a Jesús, para hacerlo amar y para hacer que le sirvan los pueblos no cristianos...”.
Indulgencias concedidas a los miembros de la PUM
Por un Decreto de la Penitenciaría Apostólica se concede INDULGENCIA PLENARIA (12-12-1979) a los miembros de la Pontificia Unión Misional de Sacerdotes, Religiosos y Religiosas, que pueden beneficiarse de ella:
- El día de su adhesión a la Unión Pontificia.
- En la solemnidad de la fiesta de Pascua.
- En las fiestas litúrgicas de la Inmaculada Concepción, de San Francisco Javier, de Santa Teresa del Niño Jesús.
- El día aniversario de su primera profesión religiosa o de su ordenación sacerdotal.