3 de diciembre de 2011 - San Francisco Javier Patrono Universal de las Misiones
San Francisco Javier,
misionero y viajero
Cuatro grandes viajes realizó Javier en solo once años de apostolado misionero, además de otros muchos menos importantes.
- Primer viaje: Desde el puerto de Lisboa a la India (1541-1542)
- Segundo viaje: De la India a las islas Molucas (1545-1546)
- Tercer viaje: De la India al Japón (1549-1551)
- Cuarto viaje: De Japón a la India (1552)
En total, más de 100.000 Km de recorrido, es decir, dos veces y media la vuelta a la tierra. Continúa>>
Sugerencia para la celebración de la misa en honor a San Francisco Javier>>
2 de diciembre 2011
Finalidades de la PUM:
La comunión y la santidad
Son las dos características fundamentales de la cooperación misionera en función de la misión ad-gentes.
31 de octubre de 2011
Cooperación a la actividad misionera de la Iglesia
Deber de la cooperación misionera: Cuando hablamos de la actividad misionera de la Iglesia podemos encontrar luces muy oportunas en algunos documentos de la Iglesia. El decreto Ad Gentes 6 afirma que los heraldos del Evangelio, es decir, los misioneros, yendo por todo el mundo no cristiano, consagran por completo su vida a la evangelización y plantación de la Iglesia. Ellos tienen una tarea propia, un compromiso específico que es de ellos y no de todos. Son los artífices de la actividad misionera en el sentido más completo de la palabra.
Más, los misioneros no son los únicos encargados de resolver el problema misionero. La salvación del mundo es tarea de toda la Iglesia. Todos y cada uno de los cristianos estamos implicados en esta causa. “Dado que la Iglesia es toda ella misionera y la obra de la evangelización es deber fundamental del Pueblo de Dios, el Concilio invita a todos a una profunda renovación interior, a fin de que , teniendo viva conciencia de la propia responsabilidad en la difusión del Evangelio, acepten su cometido en la obra misionera” (AG 35). Todas las Encíclicas misioneras nos han recordado este deber.
La fuerza del compromiso misionero de todo el pueblo cristiano y de cada uno de sus miembros, es el amor. “Por el precepto de la caridad, que es el más grande de los mandamientos del Señor, cada cristiano está comprometido a buscar la gloria de Dios con la venida de su Reino y la vida eterna para todos los hombres; para que ellos conozcan al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo. Por lo tanto, todos los cristianos tienen el noble deber de trabajar para que el mensaje divino de la salvación sea conocido y aceptado por todos los hombres, en toda la tierra”.
La cooperación misionera puede desarrollarse en múltiples modalidades desde las más sencillas hasta las de mayor trascendencia. Siempre pueden surgir expresiones nuevas. Algunas son fundamentales e indispensables. La cooperación se fundamenta y se vive, ante todo mediante la unión personal con Cristo: solo si se está unido a Él, como el sarmiento a la vid (Jn 15,5) se pueden producir buenos frutos. La santidad de vida permite a cada cristiano ser fecundo en la misión de la Iglesia (RM 77). La participación en la misión universal de la Iglesia no se reduce a algunas actividades particulares, sino que es signo de madurez de la fe y de una vida cristiana que produce frutos.
Se nos propone cooperar con tres formas:
- Cooperación espiritual: oración y sacrificios por los misioneros, por la obra misionera de la Iglesia.
- Cooperación con misioneros: la cooperación se manifiesta, además, en el promover las vocaciones misioneras.
- ooperación material: son muchas las necesidades materiales y económicas de las misiones: para fundar la iglesia con estructuras mínimas ( capillas, escuelas para catequistas, seminaristas, viviendas), también para sostener las obras de caridad, de educación, de promoción humana; campo inmenso de acción, especialmente en los países pobres. Dar económicamente, dar de su propio tiempo, darse a sí mismos, buscar información continua sobre las misiones (AG 36).
El problema misionero encontrará solución solo cuando todos los cristianos sientan como propio el mismo problema, porque entonces habrá todo lo necesario para las misiones; personas disponibles para anunciar el Evangelio, oraciones para hacer fructificar la predicación, los recursos económicos necesarios al apostolado misionero. Todo esto se alcanza a través de la animación misionera, porque cuando los cristianos están mentalizados misioneramente, marchan a las misiones si están llamados, rezan por las misiones y por los misioneros, y dan ayudas materiales necesarias.
Es a nivel de parroquias, diócesis, conferencias episcopales que deben desarrollarse el servicio misionero y la ayuda mutua de las Iglesias. Todas ellas existen para trabajar y darse a nivel de Iglesia universal y del mundo entero. Si se cierran sobre sí mismas, porque pasan situaciones difíciles, o porque viven demasiado acomodada, disminuye automáticamente su fervor y pierden el entusiasmo.
Por el contrario, cuando parroquias, diócesis, conferencias episcopales, sacerdotes, consagrados, laicos, “expanden los campos de la caridad hasta los confines de la tierra tienen de los que están lejos una preocupación semejante a la que sienten por sus propios miembros e interviene una gracia de renovación que empuja a nueva vida y a mayor actividad” ( AG 30,31,40,41).
25 de octubre de 2011
¿Cuál es el sentido de la misión
para los consagrados?
La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás.
El Evangelio nos ayuda a descubrir que un cuidado enfermizo de la propia vida atenta contra la calidad humana y cristiana de esa misma vida. Se vive mucho mejor cuando tenemos libertad interior para darlo todo. ( cfr Jn 12,25 )
Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Esto es en definitiva la misión.
Una Iglesia que no sale de sí misma, que tiene poco impulso misionero, es una Iglesia-parroquia condenada a enfermarse, achicarse, debilitarse, oscurecerse. Una comunidad cuando deja de salir de sí, se muere.
Por todo esto hay que empezar a ir, a actuar. No nos conformemos con que la gente va a misa o envíe sus hijos al colegio parroquial. O me entrego con confianza al anuncio o elijo la comodidad (peligrosa y muy de moda ) la apatía y las excusas egoístas.
25 de octubre de 2011
A todos los pueblos en
todos los tiempos
«El don espiritual que recibieron los presbíteros en la ordenación no los dispone para una misión limitada y restringida, sino para una misión amplísima y universal de salvación hasta los extremos de la tierra, porque cualquier ministerio sacerdotal participa de la misma amplitud universal de la misión confiada por Cristo a los apóstoles. En efecto, el sacerdocio de Cristo, de cuya plenitud participan verdaderamente los presbíteros, se dirige por necesidad a todos los pueblos y a todos los tiempos, y no se coarta por límites de sangre, nación o de edad».
( Presbyterorum Ordinis 10 )
25 de octubre de 2011
Fiestas litúrgicas para conmemorar:
- 16 de enero: Memoria del Beato Paolo Manna, fundador de la Pontificia Unión Misional.
- 1 de octubre: Memoria de santa Teresita del Niño Jesús, patrona de las misiones.
- 3 de diciembre: Memoria de San Francisco Javier, patrono de las misiones.
La Pontificia Unión Misional, invita a los consagrados a vivir con intensidad el tiempo de cuaresma, tiempo de reflexión y reconciliación con dios, ofreciendo nuestra oración, nuestro ayuno y nuestra limosna a favor de los más pobres, necesitados y para la conversión de los infieles.
La solemnidad de Pentecostés es la fiesta del nacimiento de la Iglesia misionera. Es nuestra fiesta.
El fin de semana del Domund (Domingo mundial de las Misiones ), es tiempo de gracia. Jesús, el misionero del Padre, nos invita a compartir nuestros dones con los hermanos que sufren privaciones. Es el tercer fin de semana de Octubre.
Nuestra tarea es vivir estos fuertes momentos desde las casas de formación ( seminarios, monasterios, etc ) y el incentivo a la misión que debemos dar a los candidatos al sacerdocio y a la vida consagrada.
24 de octubre de 2011
La Pontificia Unión Misional del clero invita a:
- Que los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y comunidades reciban material de información misionera.
- Participen, dentro de sus posibilidades, en futuros talleres y encuentros de formación misionera.
- Rezar por las misiones y los misioneros que trabajan más allá de sus fronteras; esto se puede realizar con encuentros fuertes de espiritualidad.
- Descubrir desde nuestra vocación, el perfil misionero que Dios infunde en cada uno de nosotros.
Interiorizarnos de las vocaciones misioneras que surjan en nuestras comunidades y en nuestros seminarios. En los jóvenes debemos ver la futura Iglesia misionera.
- Comprometernos con la misión, colocándonos a disposición de los hermanos con alegría.
- Alabar y agradecer a Dios por los dones recibidos. Repartir los bienes con los que no tienen, mismo a costa de sacrificios.
24 de octubre de 2011
Invitación a la misión de
San Francisco Javier,
en su tiempo y hoy
“En estas tierras, muchos dejan de hacerse cristianos, por no tener quien se ocupe de tan grandes obras. Muchas veces me dan ganas de ir a las universidades de Europa, gritando, como un loco, a los que tienen más conocimientos que voluntad, para que se decidan a hacer fructificar sus dones.
Si prestasen atención la cuenta que Dios les pedirá de sus estudios y sus dones que Dios les dio, como prestan atención a sus diplomas, muchos de ellos se moverían tomando providencias y orientación espiritual para sentir dentro de su alma la voluntad divina, obedeciendo más a ella que a sus propios gustos, diciendo: “Señor, aquí estoy. ¿Qué quieres que haga? Envíame donde quieras, y si fuera preciso, hasta la India”
(India, 15 de enero de 1544, carta de San Francisco Javier a sus compañeros en Roma ).
24 de octubre 2011
Beato Paolo Manna, el misionero
El 4 de noviembre de 2001, el Papa Juan Pablo II eleva a los altares al Padre Paolo Manna, sacerdote, misionero, animador y fundador, por el año 1916, de la Union Misional del Clero o Pontificia Union Misional, la más joven de las Obras Misionales Pontificias.
El Papa Pablo VI decía de él que su nombre “merece ser escrito con letras de oro en los anales de las misiones”. Y también Juan XXIII remarcaba que era uno de los más grandes cooperadores misioneros.
El Padre Manna se preocupó toda su vida a que la Iglesia fuese misionera: “todas las Iglesias para la conversión de todo el mundo”
El objetivo: todos los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas en estado de misión. Pese a los avances realizados, hoy estamos aún lejos de ese ideal.
Luego de ser ordenado sacerdote, en 1895 va como misionero a Birmania ( Myanmar ), pero sus problemas de salud acaban por frustrar esa misión, luego de algunas idas y venidas. En 1912 regresa definitivamente a Italia, pero en sus ideales estaba claro el objetivo: inculturación y misión.
Se convierte luego en gran animador. La P.U.M recibe el título de Obra Pontificia en 1937. Constata con angustia una dura realidad: la indiferencia de muchos obispos y del clero ante las misiones y la conversión de los infieles. Decía el P. Manna: “muchos sacerdotes se ocupan demasiado de sus propios problemas personales y no lo suficiente por las misiones”.
La Unión Misional se tiene que encargar de encender en las almas de los sacerdotes, el deseo de la conversión de los gentiles. No se trata, entonces, de una nueva Obra Misional instaurada para recaudar limosnas de los fieles.
Esta aclaración no está de más. Hacía tiempo que funcionaban las otras tres Obras Misionales. Un siglo antes, hacia 1822, una joven Paulina Jaricot, funda la Propagación de la fe. Dos décadas después, el obispo Forbin- Janson crea la Obra Misional de la Santa Infancia. Y hacia fin de siglo, de la mano de Estefanía y Juana Bigard, madre e hija, nace la Obra de San Pedro apóstol. Con la creación de estas instituciones, todo bautizado era transmisor de la Buena Noticia; se trata de animar a la cooperación misionera desde la infancia; y se ayuda a la formación del clero local. Al poner en marcha la Unión Misional, el P. Manna busca una mayor implicación de los sacerdotes: “ninguno más que él debe ser celoso del progreso de las misiones; la labor misionera está en manos de él”.
Tenemos la necesidad de anunciar a Jesucristo. No de “imponer” la Noticia, sino de darla a conocer adaptándose a cada cultura y abierta al diálogo con los pueblos.
El P. Manna puso a la luz de una manera única, la dimensión misionera de la Iglesia.
Pbro Dante De Sanzzi