Los Seminaristas
Es de importancia capital que estos estudiantes, candidatos al sacerdocio, están bien formados a nivel teológico y misionológico para ponerse al servicio de la evangelización universal de la Iglesia. La Exhortación Apostólica Pastores Dabo Vobis recomienda, en particular, el estudio de la misionología, del ecumenismo, del judaísmo, del islam y de las demás religiones no cristianas (cf. Nº 54). Para garantizar esta formación misionera pueden ser útiles los cursos de misionología por correspondencia organizados por el Secretariado Internacional de la P.U.M. y la revista Omnis Terra.
En cada seminario o casa de formación se recomienda la organización de un servicio de documentación y una biblioteca, en la que deberían encontrarse buenas revistas misioneras y las publicaciones nacionales e internacionales de las Obras Misionales Pontificias.
Estaría también bien organizar en cada seminario un Grupo misionero, al que aludíamos anteriormente, que tome a pecho las actividades de las O.M.P. y que esté en estrecho contacto con los responsables diocesanos y nacionales de las O.M.P., que les ayudarán y les apoyarán. Se recomienda encarecidamente mantener un contacto regular con los misioneros y con los sacerdotes Fidei donum de la diócesis.
Propondríamos para esos Grupos un programa y un hilo conductor: el estudio de la Redemptoris Missio y, en particular, el capítulo séptimo, que contiene los elementos esenciales de toda cooperación misionera: oración y sacrificio, estudio y formación, solidaridad material y financiera con las Iglesias jóvenes.
Para alimentar espiritualmente esta animación misionera puede recomendarse una celebración eucarística semanal, una Hora Santa, la recitación de algunos misterios del rosario por las intenciones misioneras de la Iglesia.
Se recomienda encarecidamente que se interese a los seminaristas por la pastoral misionera y la animación misionera diocesana. Durante los fines de semana y los meses de vacaciones hay que recurrir a ellos para que ayuden en la educación misionera de los niños, de los jóvenes y de los adultos. Los que se entreguen al servicio de la animación tomarán gusto en ella y se interesarán por la misión.
Todo ello resultará más fácil si, al mismo tiempo, se infunde en esos estudiantes el senus Ecclesiae y el amor de la Iglesia (cf. . Los seminaristas deben darse cuenta de que serán ordenados sacerdotes en una Iglesia local, pero al servicio de la Iglesia universal.
Recomendamos la P.U.M. a los rectores de seminarios y a los directores espirituales, como medio excelente de formación espiritual de los seminaristas
Los Sacerdotes
La formación misionera recibida en el seminario debe continuar durante toda la vida y durante el ejercicio del ministerio sacerdotal. Es la formación permanente la destinada a hacer madurar en el sacerdote la conciencia de su participación en la misión salvífica de la Iglesia. En la Iglesia como misión, la formación permanente del sacerdote es no sólo condición necesaria, sino también medio indispensable para centrar constantemente el sentido de la misión y garantizar su realización fiel y generosa…es también un exigencia, explícita o implícita, que surge fuertemente de los hombres, a los que Dios llama incansablemente a la salvación (PDV 75).
La misión ocupará un lugar especial en la oración del sacerdote diocesano. Su jornada transcurre en unión con Jesús el Gran Sacerdote, y en unión con todos los misioneros y las jóvenes Iglesias; los momentos fuertes de este encuentro con la Iglesia universal serán especialmente: la celebración eucarística, la oración del breviario, la recitación del rosario y el indispensable momento reservado para una oración de tipo contemplativo. En su lucha por vaciarse de sí mismo para dejarse llenar por la plenitud de Dios Uno y Trino, el sacerdote asumirá la preocupación de Jesús por llevar a todos los hombres al Padre. Los que están encomendados a sus cuidados verán completamente normal que el amor que el sacerdote, hombre de Dios, siente por Dios en Jesús, se abra a las dimensiones del mundo. La misión y la cooperación misionera están eficazmente vinculadas a la riqueza de la vida interior del sacerdote y a su entusiasmo por el Reino.
El sacerdote diocesano expresará también su inquietud misionera estableciendo un organismo de cooperación misionera en su parroquia y en las estructuras educativas en orden a los niños, los enfermos, las personas de edad y en todas las comunidades de vida cristiana o de base. En este ámbito se constata la importancia de un contacto estrecho con el responsable diocesano de las O.M.P. El sacerdote diocesano tendrá muy presente que la animación y actividad misioneras en su diócesis dependen, en gran parte, de su propio compromiso.
Es, pues, importante que el sacerdote diocesano siga formándose en el contenido y urgencia de la misión actual. Leer, estudiar y meditar la última Encíclica Redemptoris Missio, así como las Exhortaciones Apostólicas Pastores Dabo Vois y Christifideles Laici podrá ayudarle en este contenido y darle ideas interesantes para su actividad pastoral. Porque la nueva evangelización y la misión ad gentes van unidas.
La P.U.M. entra en contacto varias veces al año con todos los sacerdotes diocesanos y religiosos, recordándoles el ideal y los objetivos del P. Manna: en Pentecostés (jornada misional de los enfermos), en la fiesta de San Francisco Javier (jornada misional de los sacerdotes), durante la semana internacional de oración por la Unidad de los cristianos y durante el tiempo de cuaresma. Son otras tantas ocasiones para renovar su celo misionero y para verificar cómo vivir una espiritualidad sacerdotal misionera.
La preocupación misionera del sacerdote diocesano le inculca una atención y simpatía muy particulares por la promoción de las vocaciones misioneras.
La P.U.M. se encarga también de la animación de los sacerdotes diocesanos mediante publicaciones y la organización de jornadas de reflexión, que den a las O.M.P. el espacio necesario en su vida y en sus preocupaciones.
Las Comunidades Religiosas
La P.U.M. ayuda a las comunidades religiosas a dar una verdadera dimensión misionera a su vida religiosa activa o contemplativa en la formación, en la vida de oración y en las actividades pastorales.
Formación
La misión debe ser un elemento y un aspecto permanente de la formación religiosa. Debe ser el alma del estudio y de las iniciativas que se tomen para profundizar y renovar la vida consagrada. Esta formación se ve favorecida por la información sobre el mundo misionero y por el testimonio de los misioneros. Recomendamos el estudio y reflexión sobre Redemptoris Missio en noviciados, casas de formación teológica y comunidades de profesos.
Oración
La oración personal y comunitaria de los religiosos y religiosas debe tener una apertura y una tendencia universal y misionera constantes. El espíritu y el amor por la evangelización se incrementarán, ante todo, con la participación en el sacrificio de la Misa y en la adoración eucarística.
Se invita a las comunidades religiosas a que organicen retiros y jornadas de espiritualidad animados por los responsables de las O.M.P. y de la P.U.M.
Las religiosas celebran su Jornada Misionera el día 1 de Octubre, fiesta de Santa Teresa de Lisieux.
Animación
Los responsables y los animadores de las O.M.P. toman a pecho el diálogo con los religiosos y las religiosas, invitándoles a comprometerse como tales en la cooperación misionera de la Iglesia. Este compromiso misionero de su vida no puede sino favorecer la pastoral vocacional.
Presencia y Actividad en las Misiones
En la Redemptoris Missio el Papa Juan Pablo II hizo una vibrante y enérgica llamada, tanto a los Institutos de vida contemplativa como a los de vida activa, para que se hagan presentes con sus respectivos carismas en el mundo no cristiano donde la Iglesia está realizando la primera evangelización y el anuncio de Cristo (cf. RM 69-70).
En su programa de sensibilización y de formación la Unión Misional ofrece una ayuda eficaz a las comunidades religiosas para que madure la dimensión misionera de la vocación y de la actividad de sus miembros y les haga disponibles para llevar a cabo los empeños misioneros según su propio carisma y apostolado en la Iglesia.