Encontramos en los pensamientos del P. Manna sobre la misión, la cooperación misionera, la unidad, los sacerdotes y la santidad, una coincidencia sorprendente con las ideas de Juan Pablo II en la Encíclica Redemptoris Missio y en la Exhortación Apostólica Pastores Dabo Vobis.
Urgencia y Universalidad de la Misión “Ad Gentes”
Todavía hoy, y esto después de dos mil años de cristianismo, centenares de millones de hombres nacen, viven y mueren sin haber conocido el verdadero Dios, sin haberse ocupado de El ni de su destino eterno. Innumerables pueblos y tribus, no saben todavía que, también para ellos, un Redentor ha nacido y ha muerto, que ellos tienen derecho a una herencia de gracia, de felicidad y de gloria que no poseerán, tal vez, jamás.
Nosotros creemos que Jesucristo es el Mesías esperado, que es el Salvador del mundo…… Pero ¿por qué Jesús, el Salvador del mundo, no es todavía conocido por tantos millones de hombres? ¿Por qué el amor de Jesús, su expiación y su sangre, no han reunido todavía las masas inmensas de infieles que viven en nuestro país, en este tiempo, ante los ojos de los cristianos y de los sacerdotes que son responsables de su salvación?
Nosotros podemos y debemos reconocer que, si una gran parte del mundo es todavía increyente, ello es debido principalmente a la falta de esfuerzo por parte de los cristianos para difundir la luz y la gracia de las que Dios les ha colmado…. ¿Qué esfuerzo enérgico, grande y sobre todo perseverante han realizado los cristianos para propagar la fe entre los pueblos y las masas de infieles?...
Cooperación Misionera
Si los cristianos tienen el deber de colaborar en la cooperación misionera y este deber es grande y urgente, es precisamente la Unión Misional la que debe trabajar para la realización de esta cooperación. Si el olvido de este deber misionero se convierte en un obstáculo a la conversión del mundo, la Unión Misional debe hacer todo lo posible para suscitar u reanimar la conciencia misionera de los cristianos. Es para esto para lo que ha sido fundada la P.U.M.
Para atenuar los interrogantes que un serio examen de las deficiencias de nuestra cooperación misionera plantea a todo hombre la buena fe, se dice que, no obstante todo, la situación de tantos infieles no debe preocuparnos y afligirnos excesivamente, porque nosotros no podemos escrutar ni conocer la acción secreta de Dios en el fondo del alma de sus criaturas, y que Dios puede llegar adonde nosotros no podemos. Ideas buenas para justificarnos hasta un cierto punto; y, sin embargo, en realidad nosotros no sabemos quien de nosotros desearía encontrarse en el lugar de los pobres infieles, sin la alegría de conocer y amar a Jesucristo, fuera de los brazos maternos de la Iglesia.
Unidad
La unidad no se realizará por medio de programas, ni de congresos, ni de libros u otras cosas bellas e impresionantes; más bien se realizará, aun al precio de todo esto, si nos dejamos abrasar por una llama de amor cada vez más intensa. Nosotros entrevemos esta unidad no con los ojos de un intelectual o de un diplomático sino con los ojos de un santo.
En consecuencia, el primer impulso para tender a la unidad debe nacer del interior, no del exterior. ¡Es voluntad de Dios que nos demos cuenta de hasta qué punto esta unidad depende de nosotros mismos, inspirada como es por un amor cada vez más grande a Jesucristo!. Porque Jesucristo está en el corazón de nuestro problema.
El amor a Jesucristo, este es el secreto más grande que está a la base de la unidad. Solo el amor de Cristo puede disponernos, igual que a nuestros hermanos separados, a sacrificar todos los obstáculos que se oponen a la unidad. El amor raquítico y superficial no basta…
Vocaciones
¿De qué sirve hablar a los jóvenes de las misiones o dar cursos de misionología si, a continuación, cada uno permanece donde está y no se compromete a multiplicar el número de los misioneros? ¿De qué sirve tener 145.000 sacerdotes inscritos en la P.U.M., si ni siquiera un uno por ciento, ni un uno por mil toma la decisión de dejar su patria para ir a trabajar por la salvación de los infieles…?
Todo movimiento misionero que no se manifieste en un verdadero florecimiento de vocaciones misioneras, es un movimiento frustrado, o, al menos, incompleto…
La cuestión de las vocaciones es un punto esencial de nuestro programa, a él tienden, sobre todo, la oración y la propaganda. ¿De qué sirve predicar tanto sobre las misiones, si no llega a multiplicar en la Iglesia el número de obreros evangélicos? ¿De qué sirve tener 200.000 sacerdotes inscriptos en la Unión Misional del Clero si, al meno un uno por mil de entre ellos no se decide a dejar su patria para ir a salvar a los infieles? ¿De qué sirven tantos círculos misioneros, cursos de misionología en los Seminarios y en las universidades, si las vocaciones de seminaristas no son más numerosas que en los tiempos en los que no les estaba permitido ocuparse de las misiones… Todo movimiento misionero, y el de la Unión en primer lugar, que no lleva a un florecimiento efectivo de verdaderas vocaciones apostólicas, es un movimiento fracasado, o al menos incompleto…
Sacerdotes
El sacerdote es como una prolongación en el tiempo de Jesucristo sacerdote, es el continuador en el mundo de la misión divina de salvación universal.
Todo sacerdote es también misionero y, en cuanto tal, debe ser también un perfecto imitador de las virtudes y perfecciones de nuestro Señor Jesucristo.
El sacerdote misionero es un hombre con el espíritu de Jesucristo, revestido de sus virtudes, impregnado de sus sentimiento, animado por su mismo celo, apasionado de su amor: un hombre de una elevada perfección evangélica, no inferior a la que se pueda alcanzar en la vida monástica más exigente.
El misionero debe ser el hombre apasionado de Jesucristo hasta la locura, el hombre que no vive más que de Jesucristo y para Jesucristo, que encuentra en Jesucristo su razón de ser, su apoyo, su felicidad…
El hecho de agitarnos y de hablar, de lamentarnos y de hacer proyectos no sirve para nada si la gracia del Espíritu Santo que ilumina, inflama e impulsa al sacrificio, no desciende en abundancia al corazón de los sacerdotes… Es indispensable que la Unión Misional realice entre los sacerdotes una acción de santificación.
El misionero es el sacerdote tal como lo ha hecho Nuestro Señor y como nos lo describe el Evangelio. Para ser misionero no hace falta nada más que lo que hace falta para ser un sacerdote santo, lleno de celo, aquí, en nuestro país.
Religiosas
…Las religiosas, esas almas consagradas a Jesucristo, son todas misioneras por la naturaleza misma de su vocación… Leyendo la vida de santas religiosas se constata que el celo por la salvación de las almas ocupa un gran lugar en sus vidas. Tiene que ser así, no se puede amar sin estar lleno de celo, porque el celo es la llama del amor.
…Las religiosas que aman a Jesucristo deben ser, naturalmente y por su propia vocación, celadoras fervorosas de las misiones. Quien no lo es… no ama verdaderamente a Jesucristo.
Santidad
Vosotros no sois los enviados de una empresa, de una Iglesia más o menos evangélica, con la finalidad de fundar instituciones de caridad y de educación, y de conseguir adeptos para aumentar las estadísticas.
…Misioneros de la Redención, vosotros sois llamados a ser también redentores, hombres de expiación, reparadores, esencialmente hombres de sacrifico…
El hombre de oración vive y respira en una atmósfera de fe, todas las cosas de aquí abajo las considera y las estima según criterios sobrenaturales que inspiran todas sus acciones.
El misionero, hombre de oración, tiene su propia manera de juzgar acerca de las fatigas y los esfuerzos del apostolado, del éxito mayor o menor de las obras, de la vida y de la muerte. Ve más con los ojos del espíritu que con los del cuerpo, y no se deja engañar o entusiasmar fácilmente por todo lo que, incluso en nuestras actividades, hace demasiado ruido y necesita encontrar su apoyo en la alabanza o en la aprobación de los hombres.
- Santos para santificar;
- Si los misioneros, vengan del país que vengan, no son santos, harían mejor quedándose en sus casas.
- Es más útil a la Iglesia un sacerdote santo que los Decretos de un Concilio;
- Todas las Iglesias, pero particularmente las jóvenes, tienen más necesidad de santos que de laureados;
- Santos antes que apóstoles;
- Si un día nos damos cuenta de que no somos santos, será sólo por nuestra culpa.
- Si fuésemos más santos, se estuviésemos más unidos a Dios y entre nosotros, se conseguiría más;
- Sed santos, pues de lo contrario vuestra vida será un fracaso… una ruina para las almas que tienen derecho a esperar salvadores;
- Nuestro seminario es escuela de santidad; si de esta escuela no salen santos, fracasa en su finalidad.
- Sed cartujos en casa y apóstoles fuera.