Cuatro grandes viajes realizó Javier en solo once años de apostolado misionero, además de otros muchos menos importantes.
- Primer viaje: Desde el puerto de Lisboa a la India (1541-1542)
- Segundo viaje: De la India a las islas Molucas (1545-1546)
- Tercer viaje: De la India al Japón (1549-1551)
- Cuarto viaje: De Japón a la India (1552)
En total, más de 100.000 Km de recorrido, es decir, dos veces y media la vuelta a la tierra.
Correspondía a Javier una doble labor: a) con los portugueses. Fue el apóstol incansable que con su predicación continua, su amistad con los grandes pecadores, su autoridad y prestigio extraordinarios, hizo revivir la fe y la moral de gobernantes, comerciantes y soldados portugueses. B) con los paganos.Esta fue la labor principal a la que se dedicó con toda la fuerza y entusiasmo de su espíritu.
Rumbo al Japón:
Llegó al Japón tras innumerables inconvenientes. Intelectual y moralmente este país era muy superior- a pesar de sus defectos- a todos los demás pueblos evangelizados. Los japoneses no abrazarán la fe tan pronto como lo hicieron otras tribus. Pero, una vez convencidos de la Verdad, la seguirán sin vacilar, profesaran un cristianismo auténtico y hasta se convertirán en magníficos propagandistas del Evangelio. Dos años y medio pasó Javier evangelizando Japón.
Muerte frente a las costas de China:
Sanchón es una pequeña isla de 38 Km de largo por unos 22 de ancho. Hoy son más de 100.000 habitantes; en tiempos del santo estaba deshabitada.
Es un islote árido y poco hospitalario. Se había convertido en lugares de reuniones secretas de mercaderes portugueses y traficantes chinos para sus transacciones comerciales. Distaba 10 Km de las costas de China.
Anhelando disponer de barco que le traslade a China, Francisco Javier viajó hasta Sanchón, donde se establece a la espera de poder llegar a China. Allí se siente enfermo de fiebre, que finalmente acaba con su vida.
Falleció el 3 de diciembre de 1552, al amanecer, en la isla de Sanchón, en una choza de paja ajena, acompañado de dos laicos, después de diez años de haber venido a estas partes.
Fue el gran apóstol de los tiempos modernos, como San Pablo lo fue de los antiguos. Misionero de soberana grandeza, nos asombran sus obras. Fue el gran conquistador de Oriente, que iba abriendo camino a un ejército de misioneros.
Despertó el espíritu misional de la cristiandad. Decía su compañero, el misionero Aráoz, que Javier no hacía menos fruto en España y Portugal con sus cartas, que en La India con su predicación. Sus fabulosas cartas se copiaban y enviaban por todas partes. San Ignacio de Loyola las multiplicaba. Juan III de Portugal, el rey misionero, quería que se leyeran en todos los púlpitos. Suscitaban vocaciones misioneras en todas las universidades. Que el ejemplo de su vida siga suscitándolas.
Oración
“Dios, que quisiste agregar a tu Iglesia las naciones de las Indias y por la predicación y los milagros de San Francisco Javier,
concédenos que al venerar la gloria de sus insignes merecimientos, imitemos también loa ejemplos de sus heroicas virtudes”
Por Jesucristo Nuestro Señor.