El mes de Octubre, la Iglesia Católica celebra el Mes de las Misiones, puesto que fue en este mes, que se descubrió el continente Americano, abriendo así una nueva página en la historia de la Evangelización.
Este debe ser considerado en todos los países como el mes de la misión universal. El penúltimo domingo de Octubre, proclamado Jornada Mundial de las Misiones constituye el punto culminante. En algunos países, como por ejemplo en la República Argentina, por ser el tercer domingo de Octubre el Día de la Madre, esta Jornada se anticipa para el 2º domingo. Esta Jornada se celebrará en todas las Iglesias locales como fiesta de la catolicidad y de la solidaridad universal. Este día, los cristianos del mundo entero tomarán conciencia de su responsabilidad común frente a la evangelización del mundo. Los Obispos y las Conferencias Episcopales elaborarán invocaciones especiales por las misiones, que se añadirán a la oración de los fieles durante la Misa (Estatutos de las OMP 11, Motu Proprio "Ecclesiae Sanctae" III, 3).
La Jornada Misionera Mundial, orientada a sensibilizar sobre el problema misionero, así como a recoger donativos, es una cita importante en la vida de la Iglesia, porque enseña cómo se ha de dar: en la celebración eucarística, esto es, como ofrenda a Dios, y para todas las misiones del mundo (RM 81).
La finalidad fundamental de esta Jornada es dar a conocer la actividad misional de la Iglesia, en su más amplio sentido, tanto evangelizador como de desarrollo y promoción humana.
El Papa Pío XI fue el gran impulsor del Domund. Electo Papa en 1922, toma un gran cariño a las Misiones, demostrado en la Fiesta de Pentecostés de ese mismo año cuando interrumpió su Homilía, despertando un silencio azaroso; tomó su solideo blanco y lo hizo circular entre los Cardenales, Obispos, Sacerdotes y Fieles en la Basílica de San Pedro de Roma, haciéndose así el mismo recaudador de una colecta en favor de las misiones. A pedido de los miembros de las OMP, Pío XI el 14 de abril de 1926 instituyó la JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES.
Ese día debía ser celebrado en toda la Iglesia católica del mundo, el penúltimo domingo de octubre. (Recordemos que el último domingo era la recién creada Fiesta de Cristo Rey) Así se vinculaba la obra de las misiones con el Reinado de Cristo. Nació así la Jornada Mundial de las Misiones, que más tarde recibió el nombre oficial de Domingo Mundial de las Misiones, popularizada con el nombre de DOMUND.
Sucesor de Pío XI, y gran promotor de la Evangelización de los pueblos, Pablo VI recuerda: Fue una genial intuición en la vida de la Iglesia, una oportunidad de hacer sentir la vocación misionera de la Iglesia a nuestros hermanos los obispos, al clero, a los religiosos y religiosas y a todos los católicos; una ayuda insustituible a las misiones; un acicate a la fe tanto de las Iglesias de muchos siglos de fundación como de las Iglesias jóvenes, un gran días de la catolicidad.
Para que el mes de octubre ofrezca a los cristianos la ocasión de dar una dimensión universal a su colaboración misionera, se invita a los Obispos a que pidan a los responsables de las obras católicas y a los fieles que renuncien a las colectas de carácter particular durante este período (Estatutos de las OMP 12). Por ello, en todas las parroquias se realiza este día la colecta DOMUND. Los fondos recaudados con ocasión del Domund en todo el mundo, son distribuidos a cuantos misioneros y diócesis situadas en territorios de misión los solicitan. El envío del dinero se realiza directamente desde el país que lo ha recaudado, y la distribución se produce de forma equitativa mediante la aprobación de las ayudas a través de un Consejo Superior de las Obras Misionales Pontificias formado por los Directores Nacionales de todos los países en los que esta Institución está implanta a. A pesar del gran esfuerzo económico, las solicitudes de ayuda siguen siendo muy numerosas y cualquier apoyo es poco.
Historia del Octubre Misionero y del DOMUND
Cuando el Cardenal de Milán, Aquiles Ratti, es elegido Pontífice en 1922, bajo el nombre de Pío XI, viene ya aureolado con la fama de gran favorecedor del apostolado misionero. Ha instituido en su vasta Diócesis un activo secretariado diocesano de Misiones, que ha extendido por toda ella la Obra de la Propagación de la Fe. Hasta ha fijado en favor de esta Obra una gran jornada anual, que debe celebrarse el día de la Epifanía en todas las Parroquias y Centros religiosos diocesanos.
A las pocas semanas de su entronización como Papa, elige en la persona de Mons. Roche, al primer Obispo indígena, que inaugurará la serie de Prelados autóctonos de rito latino en el siglo XX. Pocos días después promulga como Pontificia a la obra de la Propagación de la Fe, junto con la Obra de la Santa Infancia y del Clero Indígena; y las declara instrumento principal y oficial de la cooperación misionera de toda la Iglesia católica.
En 1925. abre en el Vaticano, en pabellones levantados sobre el patio célebre del Belvedere, una espléndida Exposición Misionera, aprovechando la afluencia de peregrinos al nuevo año santo, con el fin de promover las vocaciones misioneras, suscitar el interés de los fieles por los problemas de las Misiones y excitar su generosidad espiritual y material.
En febrero de 1926, publica la célebre encíclica Rerum Ecclesiae, en la que reafirma la importancia y urgencia de los objetivos misioneros programados al principio de su Pontificado y manifiesta su resolución inquebrantable de acortar las etapas para su realización. "La Iglesia -afirma en esta encíclica- no tiene otra razón de ser sino la de hacer partícipes a todos los hombres de la redención salvadora, dilatando por todo el mundo el reino de Cristo". Antes de terminar ese año, consagrará el mismo Papa a los seis primeros Obispos indígenas de China. Y es, precisamente en este año de tan notables acontecimientos, cuando va a tener lugar otro hecho significativo: La institución de la jornada misionera de octubre. Las OMP desde su promulgación como Pontificias en 1922, se habían ido desarrollando, bajo el impulso de sus consejos generales y de sus direcciones nacionales y diocesanas, en diversas naciones, especialmente en las de antigua cristiandad. Pero no podía esperarse de estas Obras, aunque contaran con numerosos y valiosos colaboradores, que influyesen de manera decisiva en el Pueblo de Dios.
Así, en este clima tan favorable a la causa misionera de la Iglesia, surge en el seno del Consejo General de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe (algunos creen que por instigación del mismo Pontífice) la iniciativa de celebrar una Jornada Mundial de propaganda, que constituya un serio aldabonazo en la conciencia de todo el Pueblo de Dios, para recordarle su responsabilidad misionera de dimensión universal.
Se proponen cinco grandes objetivos:
- Oración ferviente al Señor para acelerar su reinado en el mundo.
- Hacer comprender a todos los fieles el formidable problema misionero.
- Estimular el fervor misionero de los sacerdotes y de los fieles.
- Dar a conocer mejor la Obra de la Propagación de la Fe.
- Solicitar la ayuda económica en favor de las Misiones.
En concreto, el Consejo Superior General sugiere entre otras cosas:
- "Que se fije el domingo penúltimo de octubre como jornada de oración y propaganda misionera en todo el mundo católico".
- "Que se celebre en esa jornada la misa "por la evangelización de los pueblos" "
- "Que la predicación, en ese día, sea de carácter misionero, con especial referencia a la Obra de la Propagación de la Fe ".
Un breve rescripto de la Sagrada Congregación de Ritos, firmada por el Prefecto Cardenal Vicco, con fecha 14 de abril de 1926, será el acta fundacional de este Domingo Mundial de Misiones o "Domund", como lo llaman los pueblos hispánicos. Al comienzo de tal rescripto, figura esta lapidario frase: "Nuestro Santísimo Señor, el Papa Pío XI, acogiendo benigno los votos y preces elevados, se ha dignado oír y aprobar dichas peticiones". El que este documento lleve la impronta de la Sagrada Congregación de Ritos señala el carácter principalmente espiritual de esta jornada misionera mundial.