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VII Encuentro Nacional de Familias Misioneras

Homilía de Mons. Juan Horacio Suárez , miembro de la Comisión Episcopal de Misiones

VII Encuentro Nacional de Familias MisionerasEs para mi una gran alegría, presidir esta Eucaristía en el encuentro de Familias Misioneras.

Hay una expresión de Henry De Lubac: La Eucaristía hace la Iglesia , la Iglesia hace la Eucaristía. Esto indica la unión intima de ambas. El misterio de la Eucaristía ocupa el centro de la enseñanza del Concilio Vaticano II. Este domingo XX durante el año podríamos llamarlo un domingo netamente eucarístico.

Juan, en su Evangelio, no nos trae las palabras de la Institución eucarística en la Ultima Cena de Jesús (sí el mandato del amor fraterno con el lavatorio de los pies).

Los otros evangelios si los traen, y antes que ellos San Pablo en su primera carta a los Corintios hace una referencia explícita.

Pero en cambio, Juan nos ofrece en labios de Jesús una catequesis o una teología eucarística muy profunda, con ocasión de la promesa que hace de la Eucaristía al día siguiente de la multiplicación de los panes, en la sinagoga de Cafarnaún. Es la que oímos hoy, en la segunda parte de su discurso del Pan de Vida, orientada, ciertamente, a la Eucaristía , pidiendo como requisito la fe en Cristo.

Las palabras de Cristo alcanzan su vértice, con un poder expresivo extraordinario y hasta escandalizador. Toda la fuerza del pasaje está por una locución: comer la carne y beber la sangre, y en un momento llega al culmen al decir quien no mastica.

No es de extrañar que los judíos se escandalizaran, a ellos se les imponía evitar cualquier contacto con la sangre.

En realidad Jesús, ya había enseñado la clave de la verdadera interpelación para captar el sentido auténtico de sus palabras. Cuando dice carne y sangre es un modo de hablar auténtico, se trata del hombre en su totalidad.

Cuando dice comer y beber es manifestación transparente de asimilación, de unión, de contacto intimo. En una palabra, alimento, comer de ese alimento para tener vida.

Las palabras de Jesús se llenan, entonces de un significado claro e intenso: comer la carne y beber la sangre del hijo del hombre, significa participar íntimamente en la Pasión y Muerte de Cristo, significa entrar en comunión con su persona y con su vida.

En este pasaje encontramos afirmado por otras vías dentro del texto que hemos proclamado: Tenemos una definición de pan vivo que Jesús se atribuye.

Hay dos afirmaciones dentro del discurso de Cafarnaún con sus dos formas pan de vida y pan vivo, vida del Padre que tiene vida.

El alimento que Jesús ahora prepara sobre la mesa reúne todos los significados que narra sobre el pan el Antiguo Testamento, pero agrega uno nuevo, sorprendente y decisivo. El pan de la vida es su misma persona, en su misma existencia donada a los hermanos en la muerte, es la Eucaristía que el tiempo y en el espacio hace presente la realidad viva de Cristo.

Hemos hecho la afirmación cierta de que Jesús 'es el Pan vivo bajado del cielo'.

Quienes acogen con sinceridad la Buena Nueva , mediante tal acogida y la participación en la fe, se reúnen pues en el nombre de Jesús para buscar juntos el reino, construido, vivido. Ellos constituyen una comunidad que es a la vez evangelizadora. Aquellos que ya han recibido y que están reunidos en la comunidad de salvación, pueden y deben comunicarla y difundirla . E.N. 13.

La familia, al igual que la Iglesia , debe ser espacio donde el Evangelio es transmitido y desde donde éste se irradia. Dentro pues de una familia consciente de esta misión, todos los miembros de la misma evangelizan y son evangelizados. . .Una familia así se hace evangelizadora de otras muchas familias y del ambiente en que ella vive. FC.52.

Dado que participa de la vida y misión de la Iglesia , la cual escucha religiosamente la Palabra de Dios y la proclama con firme confianza, la familia cristiana vive su cometido profético acogiendo y enunciando la Palabra de Dios. Se hace así, cada día más, una comunidad creyente y evangelizadora. F..C 51.

Una familia que vive en Cristo, es la que siente necesidad de comunicar la alegría del encuentro con el Cristo vivo. Hay que hacer un anuncio directo de la Persona de Jesucristo, muerto y resucitado, de su mensaje, esto llevará al oyente a tener un encuentro fuerte y personal con Jesucristo, que realmente lo convierta en verdadero discípulo de Jesucristo. Como manifiesta el Documento de Aparecida 363: La fuerza de este anuncio de vida será fecunda si lo hacemos con el estilo adecuado, con las actitudes del Maestro, teniendo siempre a la Eucaristía como fuente y cumbre de toda actividad misionera. . . Se trata de salir de nuestra conciencia aislada y de lanzarnos, con valentía y confianza, a la misión de toda la Iglesia .

La Iglesia y cada familia misionera debe anunciar que Jesucristo es Buena Noticia siempre. Porque El es el Evangelio. El es el gozo de quienes han experimentado en sus vidas las maravillas de la gracia.

El gozo misionero de cada familia, es el gozo de la Evangelización.

El Apóstol San Pablo en la Carta a los romanos manifiesta sin ningún complejo: Yo no me avergüenzo de la Buena Noticia , que es una fuerza divina de salvación para todo el que cree... es que el Evangelio revela, manifiesta, aplica y hace efectiva esta iniciativa de Dios que nos trae la salvación.

Que magnífico programa de trabajo misionero que debe partir desde su fuente la Eucaristía , centro y culmen de la vida cristiana.

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