¿Un amor de adeveras SIN PROBLEMAS?
Benedicto XVI, en su encuentro con los sacerdotes de la diócesis de Albano, Italia, hablando sobre el matrimonio hizo referencia a su presencia en el Encuentro con las Familias en Valencia, España, de julio pasado. En él vivió la experiencia de familias felices, numerosas y que vivían el gozo y la alegría de su amor. Pero también la experiencia de aquellas otras que habían pasado por serias crisis que «casi las llevan al divorcio». Pero que habían aprendido a «superar esa crisis, el sufrimiento de la alteridad del otro, y cómo habían aprendido a aceptarse de nuevo».
Comentando esta experiencia, el Papa les decía a los sacerdotes: "Precisamente al superar el momento de crisis, el deseo de separarse, creció una nueva dimensión del amor y se abrió una puerta hacia una nueva dimensión de la vida, que sólo podía abrirse soportando el sufrimiento de la crisis. Esto me parece muy importante. Hoy se llega a la crisis en el momento en que se constata la diversidad de temperamentos, la dificultad de soportarse cada día, durante toda la vida. Entonces, al final se decide: separémonos».
Miedo a las crisis
Uno de los primeros problemas de las parejas es su miedo a las crisis. La mayoría se imagina que una crisis es como el anuncio de un cáncer avanzado que ya no tiene remedio. Se imaginan que las crisis son la señal de que su amor se está muriendo o simplemente debilitando. y esto se debe, posiblemente, a que durante los años de enamoramiento ambos han evitado los conflictos precisamente por miedo a perderse el uno al otro.
El amor entre enamorados y novios se parece mucho a esas exploraciones de los metales donde se sustrae de las entrañas de la montaña más tierra que metal. Muchos novios llegan al matrimonio con demasiada tierra, escondiendo su verdadero amor. Y luego, ya casados, tienen miedo al proceso de purificación que separa la tierra de los auténticos metales...
La belleza necesita del contraste
¿Y no serán las crisis señal también de crecimiento? Vistas serenamente, son un camino de maduración. Porque en primer lugar, las crisis nos están diciendo que somos distintos, que pensamos distinto, que tenemos gustos distintos. Y en segundo lugar, las crisis ponen al descubierto la verdad de nuestro amor. Porque éste no se manifiesta en su verdad cuando todo marcha bien, sino cuando surgen obstáculos y dificultades en el camino.
El Papa Benedicto tiene una frase bien simpática. «Una belleza hecha sólo de armonía no es una verdadera belleza; le falta algo, es deficitaria. La verdadera belleza necesita también el contraste. Lo oscuro y lo luminoso se completan. La uva para madurar no sólo necesita el sol, también la lluvia; no sólo el día, sino también la noche».
La belleza del amor se da en el contraste de la alteridad. No me caso yo con mi yo. Mi «yo» se casa con el «tú» que es el otro. Y son precisamente las crisis las que nos ayudan a descubrir al «otro» como distinto, como diferente. Y a aceptarlo en sus diferencias.
«Estamos mal»
Con frecuencia, cuando todo ; marcha bien, suponemos muchas ; cosas. Suponemos que nos amamos, suponemos que estamos muy bien... y dejamos de cuestionamos y de someter a autocrítica nuestro matrimonio.
Son precisamente las crisis las que nos despiertan y nos obligan a preguntamos y reflexionar sobre lo nuestro. Nadie va al médico cuando siente que tiene buena salud; incluso nos cuesta hacer ese chequeo anual que se suele aconsejar. Pero cuando algo nos empieza a doler, entonces y enseguida pensamos en el médico.
Las crisis tienen mala literatura, porque ante una crisis inmediatamente la gente piensa que «estamos mal». Y las crisis no sólo son fruto de problemas, sino también de crecimiento y maduración. El problema lo pueden tener las parejas cuando, ante una crisis, caen también en esa mentalidad del «estamos mal». ¿Por qué no decir «algo nos está fallando o en algo estamos cambiando, qué hacemos»?
¿Unos consejitos?
Siempre me ha gustado el relato evangélico de las bodas de Caná. «El mejor vino fue el segundo», el vino de la crisis. ¿Por qué un amor sin problemas ha de ser siempre el mejor amor? El amor, como la vida, siempre está en camino y en camino de maduración. La verdadera crisis se da cuando dejamos de crecer, porque ahí el amor comienza a caer en la rutina.
¿Unos consejitos? No me gusta dar consejos, pero ahí van algunos:
- no tener miedo a las crisis;
- pensar que las crisis no son la muerte del amor sino su posible revitalización;
- las crisis no se discuten, se dialogan;ver las crisis como una oportunidad para revisar nuestro amor y nuestras vidas;
- ver las crisis como la posibilidad de recomenzar algo nuevo entre los dos.
P. Clemente Sobrado, C.P.
Artículo extraído de la Revista 'Misión sin fronteras' pag. 14 y 15 - Nº 275 marzo abril 2007 editada por los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús