«Acompañemos una vida misionera»
Todos los que trabajamos con enfermos, en especial con los que padecen de una enfermedad crónica y ancianos sabemos lo que es para ellos la angustia y el sufrimiento; muchas veces difícil para sobrellevar y aceptar tanto el dolor físico o interior, al verse disminuidos en sus actividades, en su autonomía, etc. Todos con ternura y dedicación los acompañamos a que crezcan en la fe, miren la vida con esperanza y se relacionen con los demás con amor. Ayudamos en sus procesos para que asuman cristianamente su enfermedad o su ancianidad, para que como dice el autor de la carta a los Colocences Ahora me alegro de de poder sufrir por ustedes, y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia (Col 1,24)
Pablo en su ministerio entre los gentiles y ante las adversidades que se le presentan en su actividad apostólica no duda de asumirlas y orientarlas cristianamente en pos de la Iglesia, ofreciendo sus aflicciones para el crecimiento de la Iglesia de Cristo. Todos nosotros tenemos que acompañar a quienes están en una situación de enfermedad o ancianidad en el ofrecimiento a Cristo de ese sufrir en pos de la iglesia, como agentes agentes activos de la misión de la Iglesia. Esta misión es una tarea de todos los bautizados.
El Concilio Vaticano II nos dice ...todos los hijos de la Iglesia han de tener viva conciencia de su responsabilidad para con el mundo... Sepan sin embargo, que su primera y principal obligación en pro de la difusión de la fe es vivir profundamente la vida cristiana.... se ofrecerá espontáneamente a Dios oraciones y obras de penitencias para que fecunde con su gracia la obra de los misioneros...(Decr. Ad gentes 36). También Juan Pablo II nos refiere Entre las formas de participación, el primer lugar corresponde a la cooperación espiritual: oración, sacrificios, testimonio de vida cristiana. (ReMi 78).
Por lo tanto no tenemos que perder de vista que la oración, el sacrificio y el testimonio de vida son esenciales en la vida de los enfermos y ancianos y que un acompañamiento profundo y fecundo de nuestra parte tiene que ayudarlos a que puedan vivir estos tres elementos integralmente. De esta manera su dolor no será estéril, todo lo contrario sus vidas se plenificaran al configurse con la de Cristo y la actividad misionera se verá fecundada con una vida oblativa, humilde y silenciosa.
Pbro. Fabián Mondini, Miembro del Equipo Nacional
«Me alegro de poder sufrir por ustedes, y cumplo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo para bien de su cuerpo, que es la Iglesia» Col 1,24)
Todos los terceros miércoles de mes a las 18 horas se celebra la misa por los Misioneros de la UEAM en la Sede Nacional de las OMP, Medrano 735 de Capital Federal