Unción de los Enfermos

uncion de los enfermosEl sacramento que alivia a los enfermos

Jesús confió a sus Apóstoles el ministerio de la sanación: Sanad a los enfermos (Mt 10,8). En la comunidad eclesial primitiva, según el testimonio de Santiago, ya encontramos este signo sacramental que alivia a los enfermos, como haciendo presente al mismo Jesús en medio de la comunidad: ¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados (Sant 5,14-15).

El sacramento de la unción tiene lugar ungiendo al enfermo e invocando al Espíritu Santo: Por esta unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en. tu enfermedad. Es, pues, una oración eficaz, en la que se pide perdón y curación. Por el sacramento de la unción se comunica el Espíritu Santo con gracias y dones especiales, para perdonar los pecados y para sanar, y también dar fortaleza para afrontar la enfermedad cristianamente. La sanación más profunda es la de saber unirse a la voluntad de Dios y a los sufrimientos de Cristo. La enfermedad grave o la vejez son un momento especial para el encuentro con Cristo, que se hace presente en este signo sacramental.

Celebración eclesial familiar

Toda la comunidad eclesial acompaña al enfermo en la celebración del sacramento de la unción. Es celebración festiva en la esperanza: «La Iglesia entera encomienda al Señor, paciente y glorificado, a los que sufren, con la sagrada unción de los enfermos y con la oración de los presbíteros, para que los alivie y los salve (cf. Sant 5,14-16); más aún, los exhorta a que, uniéndose libremente a la pasión y a la muerte de Cristo (cf. Rom 8,17; Col 1 24; 2 Tim 2,11-12; 1 Pe 4,13), contribuyan al bien del Pueblo de Dios) (LG 11).

La celebración de la unción tiene lugar en ambiente de familia eclesial. Frecuentemente en la propia familia, como Iglesia doméstica (LG 11), o también en la propia comunidad: catedral, parroquia, comunidad religiosa o apostólica. Los acontecimientos del caminar eclesial se viven siempre en comunión de hermanos. La celebración comunitaria del sacramento de la unción hace vivir la realidad de Iglesia comunión. Todos juntos completamos la vida, pasión, muerte y resurrección del Señor (Col 1,24; Ef 1,23).

Cuando se celebra el sacramento de la unción (SC 73), Cristo se hace sentir más cercano, ayudando al creyente que sufre a confiar en su amor. La vida humana, en su caminar de peregrinación, se encuentra con la sorpresa de la presencia del Buen Samaritano, que unge con óleo, como indicando la participación en su misma unción. El precio de la curación lo paga él con su donación pascual. Con su unción, ya se puede seguir caminando. y afrontando otras vicisitudes y sorpresas de la vida terrena. El dejará sentir su presencia, como él quiera, en el momento oportuno.

En algunos santuarios marianos (como en Lourdes) se acostumbra a celebrar comunitariamente el sacramento de la unción. El aspecto mariano de la celebración indica el sentido de familia eclesial, que siente cercana y presente la ternura materna de María, como expresión de la ternura materna de Dios. Nadie como María y José (en su vida de Nazaret) ha conocido tan profundamente el amor cariñoso de Cristo, que tenia la costumbre de visitar y curar a los enfermos el día de sábado (Mc 6,2-5; Lc 6,6-11; 13,10-17).

Significado misionero

El sacramento de la unción perdona, sana y une a los sufrimientos del Cristo total. Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo (1 Cor 12,26). El Espíritu une al creyente con Cristo en su vida, pasión, muerte y resurrección. La unión con Cristo doloroso hace que el creyente prolongue o complete a Cristo (Col 1,24). La unción, como comunicación de los dones del Espíritu Santo, hace de la vida cristiana una preparación para el último momento (la muerte), como participación en la donación sacrificial de Cristo.

Por medio de los sacramentos, la vida entera se hace materia para que la palabra de Cristo la transforme en su propia vida. En relación con la Eucaristía, todo pasa a ser cielo nuevo y tierra nueva (Ap 21,1). El sacramento de la unción lleva a la eucaristía el sufrimiento humano, para hacerla una sola oblación con la oblación de Cristo (ofrenda hecha a Dios) (cf. Heb 13,15; cf. 2 Cor 1,20; 1 Pe 2,5), en bien de toda la Iglesia y de toda la humanidad.

Diccionario de la Evangelización - Juan Esquerda Bifet - Biblioteca de Autores Cristianos- pag. 741, 742 y 743 - Madrid 1998

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