La realidad humana del dolor y del sufrimiento

Interrogante clave

La realidad del dolor humano y el sufrimiento¿Por qué hay que sufrir? El hombre coexiste con el sufrimiento en el mundo. El dolor y la enfermedad aparecen en cualquier momento de la vida y a pesar de tantos esfuerzos que se hacen nunca ha sido posible erradicarlos definitivamente. Es verdad que se ha ganado mucho con el avance de la medicina y de las intervenciones quirúrgicas, con las mejoras de la vivienda y de los sistemas de seguridad laboral y social. Sin embargo, paradójicamente, el progreso que se ha encaminado a proporcionar al hombre una vida más prolongada y confortable, le ha traído nuevos dolores y le ha cobrado un precio alto en víctimas y sufrimientos.

La vida del hombre es lucha y esfuerzo

No existe rincón de la tierra que no sea visitado por el dolor; la vida sigue y seguirá siendo lucha sobre esta tierra, como lo afirmaba el patriarca Job. Una lucha exige siempre esfuerzo y sacrificio; estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos, el dolor, la enfermedad y la muerte inevitablemente nos saldrán al encuentro. Nada ni nadie nos librará de sufrir, de padecer enfermedades y de morir. Frente a ellos desaparecen la pobreza y la riqueza, las grandezas y los honores. Basta recorrer el camino del dolor en los sanatorios, hospitales y clínicas para constatarlo. Son muchos los seres humanos sobre los que el dolor ha hecho su presa y hoy son millones los que unidos al salmista pueden exclamar: las lágrimas son mi pan día y noche (Salmo 42, 4).

El dolor no es un castigo

Muchos consideran que el dolor es un castigo y lo convierten en un absurdo indescifrable. No pocos creyentes, todavía, tienen la imagen de un Dios castigador para quien el dolor es su medio de castigo o látigo contra los malos. Sin embargo, el interrogante surge cuando son los buenos y los inocentes los que sufren. ¿Es posible, entonces, que Dios castigue también al inocente?

En la noche oscura no estamos solos

Por otro lado, nos impresiona la constatación del triunfo aparente de malos y pecadores frente a la desgracia de los pobres y de los justos. El creyente debe ahondar más sobre estas realidades y descubrir que aun en las tribulaciones y en la noche oscura, la confianza en la presencia amorosa de un Dios bueno y misericordioso lo confortan y alivian: Mas para mí, mi bien es estar junto a Dios; he puesto mi cobijo en el Señor a fin de publicar todas sus obras (Salmo 73,24).

El Santo e Inocente da un nuevo sentido al dolor

El libro de Job es un largo y hermoso alegato para demostrar que el sufrimiento no puede ser castigo de Dios. que el dolor puede llegar también a los justos y una misma suerte toca a todos: al inocente y al culpable, al justo y al pecador (Ecle. 9,2-3). Además, todos sabemos que Jesús, el Hijo predilecto de Padre, es el varón de dolores por excelencia y que su santísima Madre, la que no tuvo mancha de culpa, participó intensamente en los dolores atroces de su Hijo.
Jesús comparte nuestro dolor hasta el último límite y lo transforma en prueba de su amor al Padre y a nosotros. Desde la cruz, clavado de pies y manos, en un estado de completa inmovilidad y de angustia suprema, realiza la más portentosa obra que se ha producido en el mundo.

Él nos enseñó claramente que las desgracias no son castigo de Dios. Suceda lo que suceda, nuestra confianza en el Padre del cielo que cuida amorosamente de nosotros debe ser infinita. ... rebosan de alegría. aunque sea preciso que todavía por algún tiempo sean afligidos. a fin de que la calidad probada de su fe, más preciosa que el oro perecedero que es probado por el fuego, se convierta en motivo de alabanza y de honor. en la Revelación de Jesucristo (1 Pe 1, 6- 7).

El dolor nos abre horizontes insospechados

Los cristianos no buscamos el dolor por el dolor. Si los santos han suspirado por él o lo han aceptado con alegría, es porque, a la luz de la fe, descubrieron en su profundidad un tesoro de gracia del Espíritu debajo de sus tristes y negativas experiencias que les permitían asemejarse a su Maestro. Enfrentaron el dolor y la dificultad con la misma valentía de Jesucristo y lo convirtieron en medio; ocasión e instrumento para alcanzar los bienes de la salvación y el provecho espiritual para sí, para la Iglesia y para el mundo entero.

Desde la caridad y la esperanza cristiana

El esfuerzo de colaboración humana con la gracia de Dios pueden transformar el dolor en una herramienta útil para el bien común, en un acicate de superación en la búsqueda de la perfección:

  1. El dolor nos protege. Ciertas sensaciones molestas nos ponen en guardia para que nos defendamos cuando algo perjudicial amenaza nuestro organismo.
  2. El sufrimiento nos curte, nos forja, eleva nuestro espíritu y nos madura. El hombre no se hace entre blanduras, sino a golpe de sacrificios, de esfuerzos y de superación constantes; el hombre se forja en la lucha.
  3. El hombre aprende con el sufrimiento y sale experimentado de él. El sufrimiento sensibiliza para comprender mejor el dolor ajeno, para solidarizarse con él y proporcionar ayuda recíproca.
  4. El contacto con el dolor propio o ajeno nos da una idea más objetiva de la realidad de la vida, nos descubre la mentira de muchas apariencias halagüeñas, nos sitúa en la verdad, nos ahorra muchos desengaños.
  5. La desgracia, la enfermedad y el dolor nos recuerdan la transitoriedad de todo y la limitación humana. Nos hacen reconocer que no somos dioses; que necesitamos de Dios y que sería gran torpeza querer cortar toda referencia a él.
  6. Nos enseña que la felicidad plena no se da en esta vida. Así, relativizando todo lo creado, nos purifica el corazón de afectos desordenados hacia las cosas y nos lleva a servimos de ellas con señorío cristiano, sin convertirlas en nuestros fines supremos y el centro de nuestra vida.
  7. Nos enriquece y hace crecer espiritualmente. La enfermedad es una buena ocasión para imitar a Jesucristo y demostrarle nuestro amor, fidelidad y gratitud.
  8. Es también buena oportunidad para expiar los pecados propios y ajenos. Es camino obligado para la perfección y salvación, al igual que el medio que nos conduce a la configuración o a la semejanza con Cristo originada en la condición de bautizados.
  9. Con su fuerza redentora, el dolor nos hace apóstoles y colaboradores eficaces de Cristo en la implantación de su Reino.

Para pensar

La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan la vida humana. En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Toda enfermedad puede hacemos entrever la muerte (Cat.No. 1500).

La enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue sobre sí mismo, a veces incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios. Puede también hacer a la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que lo es. Con mucha frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a Él (Cat.. 1501).

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