Padre Mateo Bautista - Religioso camilo - www.pastoralsalud.com
San Camilo, un santo nacido de una conversión trinitaria
Los santos no nacen, se hacen. Son fabricados, por la gracia de Dios, de nuestra misma pasta o peor. Camilo fue un pobre hombre y pobre enfermo que tuvo que tocar fondo de miseria para saltar a la luz, adelantarse en los derroteros de la fuga para poder ser reencontrado. Como buen aventurero fue buscando golpes de gracia hasta dar con el golpe de la Gracia divina.
San Camilo es modelo sublime de un arrepentimiento desplegado al Otro y a los otros, abierto a la conversión trinitaria. Conversión al Padre, es decir, sentirse infinitamente querido como hijo a pesar de las propias miserias. Conversión a Cristo, configurándose con Él, Hermano mayor, redentor, salvador; conformándose con Él, como Él, y en Él, en su cuerpo sufriente; también como Cristo, sanador-herido. Conversión al Espíritu Santo, es decir, docilidad total a su inspiración para la causa del Reino de Dios: sirvan a los enfermos con el mismo amor que una madre para con su único hijo enfermo y según el Espíritu Santo les sugiera.
San Camilo (1550-1614), el santo de la cruz roja, buen samaritano, cristificado, trinitario, modelo de discípulo misionero ministerial: una luz para el hombre actual, un referente para el profesional de la salud, modelo para todo enfermo que ha de buscar siempre una salud integral abierta a la salvación.
El psiquiatra Karl Jung nos dice: Los admiro a ustedes, cristianos, porque identifican a Cristo con el pobre y al pobre con Cristo, y cuando ustedes dan pan a un pobre saben que lo están dando a Jesús. Lo que me resulta más arduo de comprender es la dificultad con que reconocen a Jesús en el pobre que está dentro de ustedes mismos. Cuando siente sed de sanación y de cariño, ¿Por qué no lo quieren reconocer? Cuando se dan cuenta de estar desnudos, extranjeros con respecto de ustedes mismos, cuando se encuentran encarcelados y enfermos, ¿Por qué no ven en esta fragilidad la presencia de Jesús en ustedes?
Lo mencionado es un rasgo característico de la espiritualidad cristiana que solemos descuidar. Cristo fue sanador-herido y nosotros somos también sanadores-heridos. Cuando estamos enfermos (o en pobreza interior) debemos cristificarnos con Jesús sanador-herido; es decir, debemos aferrarnos a Jesús, sentir más que nunca la presencia tierna, consoladora y salvífica de nuestro Redentor. En ese momento de gran vulnerabilidad interior donde debemos encarnar las actitudes positivas de Cristo sufriente que no se hizo víctima; fue paciente pero no pasivo; no se abandonó a si mismo; no abandonó a los suyos, no quiso ser abandonado por los suyos; no abandonó al Padre; no se sintió abandonado por el Padre sino que se abandonó en el Padre. Cristificándonos con Cristo, sanador-herido seremos, como enfermos, verdaderos evangelizadores, auténticos discípulos misioneros ministeriales.