Propagación de la Fe de Argentina

Click para la explicación del logo
El Evangelio de Aparecida

Aparecida

Nuestros obispos de Latinoamérica y El Caribe se reunieron con el Papa Benedicto XVI en Aparecida Brasil, inaugurando el 13 de mayo de 2007 la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano: Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida ' (Jn 14,6). La V Conferencia , analizando la realidad Latinoamericana y Caribeña en el contexto actual, se ha propuesto la gran tarea de custodiar y alimentar la fe del pueblo de Dios, y recordar también a los fieles de este continente que, en virtud de su bautismo, están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo (DA 10). Esta dimensión discipular y misionera ha acompañado la acción evangelizadora de la Iglesia desde los primeros tiempos, y en nuestro continente de manera especial ha quedado expresada en las cuatro Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano : Río de Janeiro (1955), Medellín (1968), Puebla (1979) y Santo Domingo (1992). Aparecida hace suya y es continuadora de esta rica tradición continental evangelizadora, centrándose en el anuncio de Jesús resucitado como fuente de Vida para nuestros pueblos.

Los discípulos misioneros tienen el encargo del Señor de comunicar su Vida a otros que aún no lo conocen. Este mandato se realiza en la Iglesia que en su dimensión peregrina es misionera por naturaleza, misión que recibe del Padre, en el Hijo por el Espíritu Santo. Por tanto, la vida trinitaria comunicada a los discípulos conduce a la misión (cf. AG 2; DA 347). Es por esto que la Iglesia Latinoamericana y Caribeña invita a participar de la misión continental. Se trata de salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos, para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de sentido, de verdad y amor, de alegría y esperanza (DA 548).

El discípulo es misionero ya que discipulado y misión son como las dos caras de una misma medalla: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos salva (cf. Hch 4,12). En efecto, el discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro (Benedicto XVI, Discurso Inaugural de Aparecida , p. 14).

Anunciar el Evangelio es para mi una necesidad imperiosa (1Cor 9,16)

Get Adobe Flash player

Para poder seguir leyendo el texto se debe apoyar el puntero del mouse en la última línea del párrafo visible y este se desplazará. Para detenerlo sacar el puntero de la zona y para desplazar hacia arriba se debe apoyar el cursor en la primera línea visible

22 de julio de 2010
Aniversario del nacimiento de Paulina Jaricot, fundadora de la Propagación de la Fe

La vocación misionera de Paulina

Ella supo hacer frente, desde 1819, a una necesidad acuciante de la Iglesia y asociar a ella a todo el Pueblo de Dios: sus opiniones se revelaron perspicaces y verdaderamente proféticas. Con razón la Obra de la Propagación de la Fe, fundada en 1822, reconoce hoy toda la parte que corresponde a la intuición, a la iniciativa y al método de esta laica lionesa.

22 de julio de 2010 Aniversario del nacimiento de Paulina JaricotLa llamada de todos y cada uno de los fieles a ser corresponsales en la acción misionera de la Iglesia se fundamenta en el Bautismo y la Confirmación (LG 33). Esta corresponsabilidad se realiza en dos campos dentro de la misión ad gentes: la actividad misionera y la cooperación misionera. La actividad misionera es la obra evangelizadora que realizan los misioneros en pueblos y grupos que aún no conocen a Cristo, y la cooperación misionera es una parte de esa acción evangelizadora de la Iglesia, y tal vez sea la parte más amplia. No todos podemos ser misioneros en el ámbito estricto de la palabra, pero todos estamos llamados a ser misioneros en el sentido amplio de la acepción, desde la cooperación misionera, con nuestra ayuda espiritual y/o material.

A todos nos toca ser responsables en la misión universal de la Iglesia. Ya sea como parte de una comunidad, como Iglesia local y según la vocación a la que cada uno ha sido llamado. Hay rasgos que podemos distinguir en la vida de Paulina y que nos dicen cómo vivió su corresponsabilidad con la misión de toda la Iglesia. Podemos hablar de algunos rasgos de su vocación misionera: su capacidad de ir más allá de las fronteras, sobre la base de una entrega incondicional a la misión de Jesucristo.

Podemos preguntarnos también nosotros como cristianos: ¿Cuáles son los rasgos que me definen como discípulo misionero de Jesús?

Nuestra vocación cristiana, como lo fue también para Paulina, es una llamada a la santidad y a la misión. Por eso necesariamente tiende a ser un encuentro con Cristo, para amarlo y hacerlo amar. Paulina decía “Quiero ser una Eucaristía viviente”. Toda su vida estaba fundamentada en el encuentro personal con Jesús; en su seguimiento, como configuración con Jesús misionero del Padre. En la vida de Paulina, su amor y entrega a la misión fue el termómetro que certificaba la autenticidad del encuentro con Jesús y su seguimiento. También Aparecida nos recuerda que “discipulado y misión son dos caras de la misma medalla” (DA 146)

Cuando ahondamos en la vida de Paulina otro elemento que se destaca, es su disponibilidad misionera, tanto local como universal. Llamada como laica al encuentro y seguimiento de Jesús, participó en su misma misión. Tenía muy en claro que pertenecía a una Iglesia que es misionera por naturaleza y a desde su juventud decidió ponerse a su servicio: “Santa Iglesia de Dios, no me arrepentiré jamás, pase lo que pase, de no haber vivido nada más que para ti desde mi juventud” (Paulina Jaricot)

También podemos encontrar en la vida de Paulina Jaricot, los rasgos con que la Redemptoris Missio nº 65, describe la vocación misionera:

. Seguir el modelo de los apóstoles.
. Compromiso total al servicio de la evangelización
. Entrega que abarca toda la persona y toda la vida.
. Desprendimiento de intereses personalistas.

Configurada con Jesús misionero, su servicio a la misión universal de la Iglesia abarcó toda su vida. Lo demuestran expresiones como esta: “Yo amé a Jesucristo más que a nada en la tierra y, por su amor, yo amé más que a mí misma a todos aquellos que estaban en el trabajo o en el dolor”

Hay una sintonía general en la vocación misionera de Paulina Jaricot dada por la fidelidad a la llamada, que se concretiza en su disponibilidad generosa y total para la misión. De allí su apertura a lo largo de toda la vida, a las variadas adaptaciones que debió afrontar y que llevó adelante con total serenidad de espíritu y entereza. Lo demuestra la humildad con que dejó en manos de otros el desarrollo de la Obra de la Propagación de la Fe afirmando “Yo he sido la primera cerilla que encendió el fuego” (Paulina Jaricot)

Hna. Mariel N. Robledo, hsj
Secretaria Nacional
Propagación de la Fe