Sabías que...

La fundadora de la Obra de la Propagación de la Fe tiene una historia riquísima de datos significativos. Para no alargamos demasiado, sólo señalaré los que estimo principales para nuestro objetivo. Se sintió interesada por las misiones ya en la edad infantil, y compartió esta solicitud con su hermano, después misionero en Asia; ello engendró un gran amor a los misioneros que está en la base de su obra.
Aun siendo niña, tuvo un sencillo encuentro con Pío VII, que impuso la mano sobre su cabeza y dejó en ella un impacto que duró toda la vida, como expresa en su última circular a pocos meses de su muerte: «entre los dones de la misericordia de mi Dios, el apego sin límites, que ha gravado en mi alma, por la Cátedra de San Pedro es a mis ojos el más rico y precioso tesoro que he recibido de su munificencia» (G. NaYdenoff; P. Jaricot, pág. 90).

Inventó un modo sencillo de recoger limosnas para las misiones a base de grupos de diez, cien y mil personas, que entrelazan su donación. Así son una donación colectiva, y al mismo tiempo personal; interesante es la continuidad de estas donaciones semanales: las misiones interesan sin cesar.
La apertura universal de su obra será otra característica. Empieza por la ayuda a las misiones del Asia Oriental, pero luego, al enlazar con otra iniciativa para favorecer las de Lousiana, en los actuales Estados Unidos, se convierte en universal por la preciosa advertencia del Coste, que, en la reunión donde ambas iniciativas se funden, dice: «Nosotros somos católicos y por eso no queremos sostener talo cual misión particular, sino todas las misiones del mundo» O. Goiburu, Animación misionera, pág. 192).

La amplitud de la ayuda no se reducía a lo económico sino que incluía la oración, que especialmente se concretó en la fórmula del «Rosario perpetuo» que Paulina Jaricot extendió por todo el mundo y que quería se rezara con intención misionera universal, como ella misma dice: «No nos entretengamos en nuestros pequeños intereses personales... abracemos el universo con nuestras voces: Jesús ha muerto para todos los hombres, ¿cómo empequeñecer nuestros corazones con deseos más pequeños?» (G. NaYdenoff, P. Jaricot, pág. 48).

Todo ello se enmarcó en una vida de convertida de la vida frívola a la austeridad cristiana, en un compromiso por el apostolado social de su propio ambiente, y en una admirable paciencia para llevar pesadas cruces, aspecto que el santo cura de fus subrayó en una célebre entrevista.
Todo ello vale para dibujar el carisma de la Obra de la Propagación de la Fe: llamada a la solicitud misionera universal (animación misionera), afecto e interés por los misioneros, adhesión al Papa, con quien colaboramos, generosidad tanto en dinero como en oraciones y sacrificios para las misiones, apostolado en el propio lugar para que la atención a los lejanos no sea inhibición, y constancia en la atención diaria a la misión de la Iglesia.

Este carisma ha recorrido ya más de 170 años de peregrinación eclesial. Se ha mantenido y se ha enriquecido con la elevación de la Obra a la categoría de Pontificia al cumplirse los cien años de la fundación, con la institución del Domingo Universal de las Misiones en 1926 (que debe ser un día grande pero no un día único para ayudar a la obra misionera), con la mayor atención a la renovación eclesial que el soplo misionero produce en las comunidades que tienen animación misionera (Cfr. FD 15), con la solicitud creciente por las vocaciones ((ad gentes», etc. Por otra parte, la doctrina papal y conciliar sobre la solicitud misionera universal de toda la Iglesia, los estudios teológico s y la experiencia de la larga vida de la Obra han confirmado la validez de su carisma, ilustrándolo y fortaleciéndolo en su mismo desarrollo.

Del libro «Las Misiones de cara al siglo XXI» D. José Capmany Casamitjana - Editorial Verbo Divino - 1996 Navarra - España

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