La compasión que sentía por los pobres y por la miseria de los que no conocían a Dios impulsó a Paulina a organizar una colecta para la actividad misionera de la Iglesia , pidiendo a cada uno un sacrificio que contribuyera a unirnos a Dios y que es, como decía san Ireneo, el signo auténtico de la comunión con el prójimo
Juan Pablo II