Octubre: Mes de las Misiones

Tu compromiso nos ayuda. ¡Anunciemos a Jesús!

¡Misiones! ¿de quése trata?

Para profundizar, completar o corregir la idea que nos hemos hecho de quées la misión

ver

Bautismoa. Hagamos un momento de silencio. Pensemos en dos cosas que nos vienen enseguida a la mente cuando escuchamos la palabra misión, al final podemos verificar si eran las más importantes o las más correctas.

b. Si queremos compartir esto con nuestro grupo podemos intercambiar ideas sobre las frases que siguen (son correctas, incorrectas, por qué)

En una de las parroquias más grandes de Brasil un misionero bautiza más de mil niños por mes. Alguien se pregunta: ¿Cuándo llegaremos a bautizar a todos los hombres de la tierra? ¿Sin embargo, es esta la misión de la Iglesia?

De vuelta después de dos meses de trabajo con los más pobres en uno de los países más pobres del mundo, un muchacho saca esta conclusión: Para mí la misión es solamente ayudar a los más pobres de nuestra sociedad .

Después de una vigilia misionera donde fueron enviados algunos misioneros a África y Asia, una joven madre comenta: Ellos parten como misioneros, yo me quedo aquí con mis tres hijos... ¿quésoy?

En los monasterios de clausura hay hermanas que rezan por las personas del mundo entero. Una de ellas dice: Aunque no salgo nunca de aquí, me siento misionera.

juzgar

1 . Miremos a Jesús

La palabra misionero, que quiere decir mandado-enviado, se aplica ante todo a Jesús. Él dice de si mismo que es mandado por el Padre al mundo. Tiene una misión para realizar, una tarea que debe llevar a termino.

¿Cuál?

 Es necesario que yo anuncie el Reino de Dios: para esto he sido enviado(Lc 4,43)

La misión de Jesús esta ligada al Reino de Dios. Pero quées este Reino del que habla frecuentemente? No lo define con precisión, pero trabaja con pasión, hasta la muerte, para que«el Reino venga» y, desde la cruz, se presentará como«Rey» de un Reino que no es de este mundo.

He venido -ha dicho- para que tengan vida y vida en abundancia (Gv 10,10)

Esto es el Reino: la vida plena y abundante de Dios que irrumpe y transforma nuestra vida cotidiana (familia, trabajo, estudio, amistad, sociedad....) y la vida de todos los pueblos, para que vivan en la justicia y en la paz,«sin luto, ni llanto, ni dolor», sin violencia ni muerte.

La misión de Jesús es implantar entre los hombres el Reino del Padre, que implica:

- la vida corporal (Jesús cura las enfermedades y da el pan);

- la vida de la sociedad (Jesús ama a todos, con una opción preferencial por los más pobres, perdona a los enemigos)

- la vida de los hijos de Dios (Jesús perdona los pecados y ofrece a todos la posibilidad de ser hijos de Dios y de llamar a Dios Padre, Abbá;

- la vida que vence la muerte y es definitiva, es decir eterna ( Jesús resucita de entre los muertos, el primero entre muchos hermanos).

 2. La palabra de Jesús a los misioneros

 SER TESTIGOS

¡Vayan! Yo los envío como ovejas en medio de lobos... no lleven oro, ni plata….

En la casa donde entren digan paz a esta casa (Mt 10,5-15; Lc 9, 1-6).

Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí nada pueden hacer (Jn15,5)

La primera forma de misión es el testimonio de la propia vida:

- Permanecer unidos al Señor

- En la fe y en la escucha atenta de su Palabra

- Vivir el Evangelio de la paz, siendo humildes

- Amar a todos sin excluir a nadie

ELEGIR A LOS MÁS POBRES

Curen a los enfermos (Lc 10,9)

Tenemos que vivir la caridad con todos, pero sobre todo con los más débiles, enfermos, los últimos, los más pobres. La opción por los más pobres que Jesús mismo ha hecho, debe ser la opción de cada enviado.

ANUNCIAR

Digan a la gente: El Reino de Dios esta cerca de ustedes ( Lc 10,9).

Es necesario también hablar, comunicar la propia fe, contar a la gente lo que Jesús ha hecho y ha dicho, cómo ha muerto y resucitado para edificar el Reino y para dar la Vida en plenitud y abundancia a todos los hombres de la tierra. Es necesario que contemos a todos esta buena noticia.

REZAR

Cuando recen, digan: Padre Nuestro… venga tu reino (Mt 6,10)

La mies es mucha pero los obreros son pocos. Rueguen al dueño de la mies para que envíe obreros a su mies (Lc 10,2)

Tomen y coman; este es mi cuerpo... esta es mi sangre (Mt 26,26-30)

Sin la oración no puede haber misión.

El Reino que la misión debe edificar es del Padre y no se edifica solamente con las propias fuerzas. Sin la Eucaristía y sin los sacramentos, que nos dan la vida en abundancia del Reino, no puede haber misión.

 CONFIAR EN EL ESPIRITU

Los perseguirán... los llevaran ante el rey y gobernadores por causa de mi nombre... el Espíritu Santo les enseñara lo que deben decir (Mt 10,16-20)

La misión implica siempre fatigas, a veces también persecución y martirio. Pero el Espíritu Santo es la fuerza y sostén de cada discípulo misionero.

BAUTIZAR

Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a cumplir todo lo que les he mandado (Mt 28, 19-20).

Los pueblos de la tierra deberán escuchar primero que les contamos la vida, muerte y resurrección de Jesús y después libremente creerán, se convertirán en discípulos con el bautismo que los hará parte de la gran familia de la Iglesia y«semilla, inicio» del Reino de Dios.

3. La misión hoy

La misión comprende diversos elementos armonizados entre si.

Son parte de la misión:

- el testimonio personal y comunitario;

- la caridad con una opción preferencial por los más pobres y la promoción humana;

- el claro anuncio de Jesús y de su Reino a todos los hombres;

- el Bautismo para quienes acogen el Evangelio ;

- la Eucaristía y los Sacramentos que nos dan la vida del Reino;

- la oración para que el Reino venga entre nosotros;

- el diálogo con las religiones no cristianas y con los hermanos cristianos; el martirio...

 

Se puede decir que cada uno de estos elementos es misión, aunque separados no realicen completamente la misión.

No siempre una sola persona puede vivir todas las dimensiones de la misión. Pero una comunidad cristiana, a través de sus miembros, debe vivir todas estas dimensiones, armonizándolas en una unidad.

Escuchamos que nos dicen al respecto algunas reflexiones del Magisterio.

- RM = Redemptoris Missio, de Juan Pablo II

- EN = Evangelii Nuntiandi, de Pablo VI)

 EL TESTIMONIO PERSONAL Y COMUNITARIO

BautismoEl hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros; cree más en la experiencia que en la doctrina, en la vida y los hechos que en las teorías. El testimonio de vida cristiana es la primera e insustituible forma de la misión: Cristo, de cuya misión somos continuadores, es el «Testigo» por excelencia (Ap 1, 5; 3, 14) y el modelo del testimonio cristiano. El Espíritu Santo acompaña el camino de la Iglesia y la asocia al testimonio que él da de Cristo (cf. Jn 15, 26-27).

La primera forma de testimonio es la vida misma del misionero, la de la familia cristiana y de la comunidad eclesial, que hace visible un nuevo modo de comportarse. El misionero que, aun con todos los límites y defectos humanos, vive con sencillez según el modelo de Cristo, es un signo de Dios y de las realidades trascendentales. Pero todos en la Iglesia , esforzándose por imitar al divino Maestro, pueden y deben dar este testimonio, que en muchos casos es el único modo posible de ser misioneros. (RM 42)

El misionero es el hombre de las Bienaventuranzas. Jesús instruye a los Doce, antes de mandarlos a evangelizar, indicándoles los caminos de la misión: pobreza, mansedumbre, aceptación de los sufrimientos y persecuciones, deseo de justicia y de paz, caridad; es decir, les indica precisamente las Bienaventuranzas, practicadas en la vida apostólica (cf. Mt 5, 1-12). Viviendo las Bienaventuranzas el misionero experimenta y demuestra concretamente que el Reino de Dios ya ha venido y que él lo ha acogido. La característica de toda vida misionera auténtica es la alegría interior, que viene de la fe. En un mundo angustiado y oprimido por tantos problemas, que tiende al pesimismo, el anunciador de la « Buena Nueva » ha de ser un hombre que ha encontrado en Cristo la verdadera esperanza. (RM 91)

LA CARIDAD CON UNA OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS MÁS POBRES

La Iglesia y los misioneros son también promotores de desarrollo con sus escuelas, hospitales, tipografías, universidades, granjas agrícolas experimentales. Pero el desarrollo de un pueblo no deriva primariamente ni del dinero, ni de las ayudas materiales, ni de las estructuras técnicas, sino más bien de la formación de las conciencias, de la madurez de la mentalidad y de las costumbres. Es el hombre el protagonista del desarrollo, no el dinero ni la técnica. La Iglesia educa las conciencias revelando a los pueblos al Dios que buscan, pero que no conocen; la grandeza del hombre creado a imagen de Dios y amado por él; la igualdad de todos los hombres como hijos de Dios; el dominio sobre la naturaleza creada y puesta al servicio del hombre; el deber de trabajar para el desarrollo del hombre entero y de todos los hombres. (RM 58)

La Iglesia en todo el mundo -dije en mi primera visita pastoral al Brasil- quiere ser la Iglesia de los pobres... quiere extraer toda la verdad contenida en las bienaventuranzas de Cristo y sobre todo en esta primera: Bienaventurados los pobres de espíritu.... Quiere enseñar esta verdad y quiere ponerla en práctica, igual que Jesús vino a hacer y enseñar.

Las jóvenes Iglesias que en su mayoría viven entre pueblos afligidos por una pobreza muy difundida, expresan a menudo esta preocupación como parte integrante de su misión. La III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, después de haber recordado el ejemplo de Jesús, escribe que "los pobres merecen una atención preferencial, cualquiera que sea la situación moral o personal en que se encuentren. Hechos a imagen y semejanza de Dios para ser sus hijos, esta imagen está ensombrecida y aun escarnecida. Por eso, Dios toma su defensa y los ama. Es así como los pobres son los primeros destinatarios de la misión y su evangelización es por excelencia señal y prueba de la misión de Jesús".

Por esto, exhorto a todos los discípulos de Cristo y a las comunidades cristianas, desde las familias a las diócesis, desde las parroquias a los Institutos religiosos, a hacer una sincera revisión de la propia vida en el sentido de la solidaridad con los pobres». (RM 60).

Contra el hambre cambia la vida » es el lema surgido en ambientes eclesiales, que indica a los pueblos ricos el camino para convertirse en hermanos de los pobres; es necesario volver a una vida más austera que favorezca un nuevo modelo de desarrollo, atento a los valores éticos y religiosos. (RM59)

ANUNCIAR

CatequesisY, sin embargo, esto sigue siendo insuficiente, pues el más hermoso testimonio se revelará a la larga impotente si no es esclarecido, justificado -lo que Pedro llamaba dar "razón de vuestra esperanza" , explicitado por un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús. La Buena Nueva proclamada por el testimonio de vida deberá ser pues, tarde o temprano, proclamada por la palabra de vida. No hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios. (EN 22)

Efectivamente, el anuncio no adquiere toda su dimensión más que cuando es escuchado, aceptado, asimilado y cuando hace nacer en quien lo ha recibido una adhesión de corazón. Adhesión a las verdades que en su misericordia el Señor ha revelado, es cierto. Pero, más aún, adhesión al programa de vida -vida en realidad ya transformada- que él propone. En una palabra, adhesión al reino, es decir, al "mundo nuevo", al nuevo estado de cosas, a la nueva manera de ser, de vivir juntos, que inaugura el Evangelio. Tal adhesión, que no puede quedarse en algo abstracto y desencarnado, se revela concretamente por medio de una entrada visible, en una comunidad de fieles. Así pues, aquellos cuya vida se ha transformado entran en una comunidad que es en sí misma signo de la transformación, signo de la novedad de vida: la Iglesia , sacramento visible de la salvación. Pero a su vez, la entrada en la comunidad eclesial se expresará a través de muchos otros signos que prolongan y despliegan el signo de la Iglesia. En el dinamismo de la evangelización, aquel que acoge el Evangelio como Palabra que salva , lo traduce normalmente en estos gestos sacramentales: adhesión a la Iglesia , acogida de los sacramentos que manifiestan y sostienen esta adhesión, por la gracia que confieren. (EN 23)

Este anuncio se hace en el contexto de la vida del hombre y de los pueblos que lo reciben. Debe hacerse además con una actitud de amor y de estima hacia quien escucha, con un lenguaje concreto y adaptado a las circunstancias. En este anuncio el Espíritu actúa e instaura una comunión entre el misionero y los oyentes, posible en la medida en que uno y otros entran en comunión, por Cristo, con el Padre. (RM 44)

REZAR

El misionero, sino es contemplativo, no puede anunciar a Cristo de modo creíble. El misionero es un testigo de la experiencia de Dios y debe poder decir como los Apóstoles: « Lo que contemplamos... acerca de la Palabra de vida...., os lo anunciamos (1 Jn 1, 1-3). (RM91)

Entre las formas de participación, el primer lugar corresponde a la cooperación espiritual: oración, sacrificios, testimonio de vida cristiana. La oración debe acompañar el camino de los misioneros, para que el anuncio de la Palabra resulte eficaz por medio de la gracia divina. San Pablo, en sus Cartas, pide a menudo a los fieles que recen por él, para que pueda anunciar el Evangelio con confianza y franqueza. ( RM78)

MARTIRIO

La prueba suprema es el don de la vida, hasta aceptar la muerte para testimoniar la fe en Jesucristo. Como siempre en la historia cristiana, los « mártires », es decir, los testigos, son numerosos e indispensables para el camino del Evangelio. También en nuestra época hay muchos: obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, así como laicos; a veces héroes desconocidos que dan la vida como testimonio de la fe. Ellos son los anunciadores y los testigos por excelencia. (RM 45)

VIVIR LOS SACRAMENTOS

SacramentosLos Apóstoles, movidos por el Espíritu Santo, invitaban a todos a cambiar de vida, a convertirse y a recibir el bautismo. Inmediatamente después del acontecimiento de Pentecostés, Pedro habla a la multitud de manera persuasiva «Al oír esto, dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás Apóstoles: "¿Qué hemos de hacer, hermanos?" Pedro les contestó: "Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" » (Act 2, 37-38). Y bautizó aquel día cerca de tres mil personas. Pedro mismo, después de la curación del tullido, habla a la multitud y repite: «Arrepentíos, pues, y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados◄» (Act 3, 19).

La conversión a Cristo está relacionada con el bautismo, no sólo por la praxis de la Iglesia , sino por voluntad del mismo Cristo, que envió a hacer discípulos a todas las gentes y a bautizarlas (cf. Mt 28, 19); está relacionada también por la exigencia intrínseca de recibir la plenitud de la nueva vida en él: «En verdad, en verdad te digo: -dice Jesús a Nicodemo- el que no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios» (Jn 3, 5). En efecto, el bautismo nos regenera a la vida de los hijos de Dios, nos une a Jesucristo y nos unge en el Espíritu Santo: no es un mero sello de la conversión, como un signo exterior que la demuestra y la certifica, sino que es un sacramento que significa y lleva a cabo este nuevo nacimiento por el Espíritu; instaura vínculos reales e inseparables con la Trinidad ; hace miembros del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia . (RM 47)

Sin embargo, nunca se insistirá bastante en el hecho de que la evangelización no se agota con la predicación y la enseñanza de una doctrina. Porque aquella debe conducir a la vida: a la vida natural a la que da un sentido nuevo gracias a las perspectivas evangélicas que le abre; a la vida sobrenatural, que no es una negación, sino purificación y elevación de la vida natural. Esta vida sobrenatural encuentra su expresión viva en los siete sacramentos y en la admirable fecundidad de gracia y santidad que contienen.

La evangelización despliega de este modo toda su riqueza cuando realiza la unión más íntima, o mejor, una intercomunicación jamás interrumpida, entre la Palabra y los sacramentos. En un cierto sentido es un equívoco oponer, como se hace a veces, la evangelización a la sacramentalización. Porque es seguro que si los sacramentos se administran sin darles un sólido apoyo de catequesis sacramental y de catequesis global, se acabaría por quitarles gran parte de su eficacia. La finalidad de la evangelización es precisamente la de educar en la fe, de tal manera, que conduzca a cada cristiano a vivir -y no a recibir de modo pasivo o apático- los sacramentos como verdaderos sacramentos de la fe. (EN 47).

actuar

Verificamos nuestras intuiciones

1. Cada uno puede verificar las propias ideas sobre la misión:

¿Cuáles eran erradas?

¿Qué aspectos había olvidado?

¿cuáles son los elementos más importantes e indispensables de la misión?

 2. Identificar que cosa le falta de importante a la idea de misión que hay en la propia parroquia.

- buscar un modo practico de completarla y de corregirla .

 Por ejemplo :

- un diálogo con el párroco Una propuesta a la comisión diocesana de misiones o al consejo parroquial

- un encuentro con los distintos grupos misioneros existentes en mi parroquia. Con los catequistas

- algo que se pueda introducir en la liturgia

3. Escribir a un misionero , con el cual podemos comenzar una relación o con alguno que ya conocemos. Contarle las conclusiones que he sacado o hemos sacado en mi grupo en relación a lo que es la misión. Pedirle su opinión y un consejo para la propia vida o la vida del grupo.

(Si no conocen a ningún misionero a quien puedan escribirle, pedir ayuda a la comisión diocesana de misiones o bien al servicio de ad gentes de la Obra de la Propagación de la Fe : adgentes@ompargentina.org.ar ).

.

Volver al Índice de Octubre: Mes de las Misiones