Eduardo Francisco Pironio nació el 3 de diciembre de 1920 en Nueve de Julio, provincia de Buenos Aires, vigésimo segundo y último hijo del matrimonio de inmigrantes italianos. El 5 de diciembre de 1943 fue ordenado sacerdote en la Basílica de Luján.
En mayo de 1976 obtuvo la dignidad cardenalicia de manos del papa Pablo VI, realizó una intensa actividad y numerosos viajes por todos los países de América, casi todos los países de Europa; también por India, Japón y Asia.
Al iniciarse el papado de Karol Wojtyla (Juan Pablo II), tras el fallecimiento de Pablo VI, el nuevo Papa en 1983 lo designó Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos. Desde allí impulsó la organizaci´pon de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que se celebraron sucesivamente en la Argentina, Santiago de Compostela, Czestochowa, Denver, Manila.
En 1995, con motivo de haber cumplido 75 años de edad, Juan Pablo II aceptó su renuncia al cargo, permaneciendo en el Vaticano para colaborar con ocho Congregaciones y las primeras sesiones del Sínodo de América.
El cardenal Eduardo Pironio falleció en Roma el 5 de febrero de 1998 a los 77 años, víctima de un cáncer, en su departamento de Ciudad del Vaticano. A pedido suyo, sus restos descansan en el Santuario de la Basílica de Nuestra Señora de Luján, provincia de Buenos Aires.Como misioneros queremos recordar a un hombre que fue ejemplo de hijo, con su madre en la tierra y con su madre en el cielo, para él Maria era sobre todo La Virgen pobre, contemplativa y fiel.
Por los trabajos soportados verála luz, y se saciará de saber.
Acerquémonos confiados para obtener misericordia.
Quien entre ustedes quiera llegar a ser grande que se haga servidor de los demás; y quien quiera ser el primero que se haga sirviente de todos.
A cada invocación respondemos: Por María madre de la Iglesia, te lo pedimos Señor.
A imitación de tu Madre Santísima, Señor, concede al Santo Padre una fe grande y un corazón abierto a la voluntad de Dios; a fin de conducir su rebaño por el camino de la salvación. OREMOS...
Que tu Iglesia, Señor, y cada evangelizador sean testigos del poder misericordioso y liberador del Evangelio en medio de todas las naciones de la tierra. OREMOS...
Por todos los sacerdotes, para que vivan en la verdad y confíen plenamente en el amor de nuestro Padre Dios; a fin de ser coherentes al testimoniar la fe en el Evangelio del reino. OREMOS...
Por nuestra comunidad, para que sea un recinto de fraternidad y libertad, en donde todos seamos hermanos y hermanas unidos en el amor y el servicio recíproco. OREMOS...
Por todas las madres, para que desempeñen su rol siguiendo el modelo de mujer y madre que nos dejo María. OREMOS...
Pan y vino son los elementos que llevamos al altar, y los que eligió Cristo para consagrar y darse como alimento de Vida Eterna. Esta ofrenda es símbolo del trabajo del hombre para ganar su alimento diario y que hoy queremos compartir como familia.
Por la intersección de la Gracia Divina; las palabras de consagración del sacerdote celebrante y la oración de la comunidad reunida; Cristo se hace nos ofrece como Pan de Vida Eterna. Vayamos con alegría a recibirlo.
El ícono evangélico que evocó más reflexión, estimuló más la fe y la esperanza del Cardenal Pironio fue el íicono de la Anunciación. Fue el texto, el misterio y la figura de María preferida. Al Cardenal Pironio le gustó andar por el mundo y por la Iglesia dando buenas noticias y escuchando de María que para Dios nada es imposible. Iluminados por su testimonio de vida, regresemos a nuestros hogares queriendo imitar su ejemplo.
En este tercer domingo incluimos en el monumento misionero un signo representativo en la vida del Cardenal Pironio y a la vez honramos la Madre de Dios y Madre nuestra, en este día tan especial. Entronizamos la imagen de la Virgen de Luján, patrona de Argentina, por la significación que la misma ha tenido en la vida del Cardenal Pironio:
- María siempre ocupó un lugar privilegiado, lo cual se manifestó en los escritos marianos del Cardenal, oración y consagración de su vida a ella. L a profunda relación con María contribuyó mucho a que el anuncio del Evangelio no se desencarnara ni se desfigurara.
- Una vez ordenado sacerdote, fue enviado a cumplir su ministerio a la Basílica de Luján, con toda la significación que ello implica: su primer destino, la primera comunidad que se le confía como Pastor.
Y ese recuerdo casi inolvidable de su primera comunidad, se materializó en un pedido expreso por parte del Cardenal en sus últimos momentos: padeciendo la enfermedad de cáncer, pidió que sus restos descansen en dicha Basílica, y así se cumplió.
El singo elegido: la Virgencita de Luján, quiera iluminar a nuestros Jóvenes argentinos en su vocación misionera, para ser testigos, a ejemplo del Cardenal Pironio de anunciar a Cristo en el mundo. Y el manto de María proteja nuestros sacerdotes en su misión.
La gran pasión del Cardenal por las frecuentes visitas a los Santuarios estaba motivada por su fe en la presencia de María. Todo esto iba precedido de una peregrinación. Para Pironio las peregrinaciones; eran expresión de la más sana piedad popular. Peregrinar es caminar, viajar, ir de un lugar a otro. Eso le servía para recordar que todos somos peregrinos de la fe. Pironio subrayaba tres rasgos en María: fiel, contemplativa y pobre. Son los rasgos que se deben poner de relieve cuando se quiere hacer semblanza del Cardenal. Como ella, él trató de ser pobre, contemplativo y fiel. Eso veía el Cardenal en María. Con la gracia de María y la mirada puesta en ella, Pironio también quiso recorrer el camino de la pobreza, la contemplación y la fidelidad.
Los zapatos no sólo son singo de las peregrinaciones a los Santuarios Marianos; también expresan su peregrinar de la vida marcado por la elección de la pobreza, sencillez y humildad, despreocupado totalmente de los bienes materiales. A la hora de su muerte, las personas encargadas de preparar su funeral; buscaban entre sus objetos personales, la ropa más distinguida para el Cardenal, para sorpresa de todos, él no contaba más que con un solo par de zapatos, una sola sotana. Vivió en un lugar de lujos pero en la más absoluta pobreza. No necesitaba más que ese par de zapatos para caminar por el mundo y dar testimonio del amor de Dios.