Al plantearnos la animación misionera en las escuelas parece casi imprescindible que partamos de la experiencia que históricamente se ha realizado en nuestras Parroquias y Comunidades llamada: Misión Popular. Por tanto, nuestro planteo apunta a realizar una gran misión popular en la Escuela en un tiempo determinado que instale, promueva y desarrolle la animación misionera permanente en las escuelas.
La misión que nos hemos propuesto, nos permitirá el anuncio explícito de la persona de Jesús vivo y de su Evangelio.
Este tiempo de misión está animado por la fuerza del Espíritu, quien, al igual que en el comienzo de la Iglesia, actúa en cada uno de nosotros que queremos ser evangelizados y convertirnos en evangelizadores de nuestros hermanos.
Es un tiempo en que nos hacemos más conscientes aún de que debemos depositar toda nuestra confianza en Dios, único capaz de responder a las ansias más profundas del hombre y darle un sentido para su vida.
Es un tiempo en que Dios nos llama a mantener un espíritu nuevo, a ser testigos de la esperanza y de la vida, para que, renovados y convencidos de que el Reino de Dios es siempre la oferta más plena de realización humana, nos aventuremos a invitar a otros a nacer de nuevo y comprometernos juntos a hacer nuevas todas las cosas.
Es el tiempo de un compartir gratuito, de atender a quienes se encuentran solos y necesitados. Es el tiempo de poner el oído en el corazón del otro para escuchar por donde palpita la vida y por donde pasa Cristo. Con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio. En resumen, es tiempo de evangelizar.
Evangelizar, misionar, será hacer el anuncio de que en la vida cotidiana, con sus luces y sus sombras, está Dios queriendo decir algo; está dando a través de su Hijo Resucitado, un sentido a cada persona, a cada historia, incluso al dolor y a la muerte, que ya no es definitiva. Con la ayuda del Espíritu, seremos capaces de ayudar a otros para que reconozcan a Jesucristo como respuesta, verdad, camino y vida.
El tiempo de preparación de la misión es muy importante. De lo que se haga y cómo se haga en este tiempo depende muchísimo lo que se realice en la misión y los frutos que ésta pueda dar.
Las tareas propias de este tiempo son:
Una mirada a la realidad de la Escuela en toda su Comunidad Educativa: alumnos, docentes, personal auxiliar administrativo y de maestranza, familias.
Hacer el proyecto de la misión para la Escuela. Este proyecto debe incluir: objetivos que se quieren alcanzar, actividades de la misión previendo lugares y horarios, personas que van a estar a cargo de las distintas actividades, medios que se necesitan para realizar las actividades. Al hacer el proyecto habrá que tener muy en cuenta las personas a quienes van dirigidas las diversas actividades: familias, adultos, jóvenes, niños, abuelos, enfermos... para prever los espacios y los horarios adecuados.
Conseguir los misioneros. Los responsables de la pastoral de la Escuela son los primeros misioneros, pero todos los sectores de la Comunidad Educativa son llamados e impulsados a participar según sus posibilidades.
Formación de los misioneros. El objetivo prioritario en esta formación es la gestación de una verdadera disposición espiritual y el tener lo más claro posible lo que tiene que hacer y decir en la misión.
Preparación de los materiales que se van a utilizar en la misión. Los materiales deberán prepararlo, en principio, los directivos con el equipo pastoral de cada nivel acorde al tipo de misión que se ha elegido para hacer, a los destinatarios y al tiempo que se va a dedicar para ello.
Es muy importante que cuando comienza la misión todas las familias sepan de la misión, y, en la medida de lo posible, que estén esperándola. Para conseguirlo es muy importante un tiempo de pre-misión.
Lo mínimo en esta pre-misión es llegar a cada familia e informar de la misión: cuándo se va a hacer y qué se va a hacer en la misión.
Se invita a las familias a disponerse a participar en las actividades de la misión. Se invita a orar por la misión; se puede enviar una hojita con una oración por la misión, con el programa de la misión.
Es el tiempo fuerte de encuentro con las personas, en el que se realizan las distintas actividades de la Misión.
Todas las familias, todas las personas son invitadas a participar en las diversas actividades que han sido preparadas para ellos.
Es también un tiempo fuerte de oración. Para los misioneros y para toda la comunidad. No debemos olvidar que los frutos de la misión dependen esencialmente de la presencia y de la acción del Espíritu. ¡Y hay que darle lugar!
Según el proyecto de misión que se haya hecho, el tiempo de misión puede ir desde 10 días hasta un mes. Es importante que, al menos, sean 9 ó 10 días, para que se incluyan dos fines de semana, porque los días sábado y domingo son los que ofrecen más posibilidades para celebraciones o encuentros de toda la comunidad.
Nos hace bien recordar a Juan Pablo II cuando nos decía: el alma de toda la actividad misionera: es el amor que sigue siendo la fuerza de la misión, y es también el único criterio según el cual todo debe hacerse y no hacerse, cambiarse y no cambiarse. Es el principio que debe dirigir toda acción y el fin al que debe tender. Actuando con caridad o inspirados por la caridad, nada es disconforme y todo es bueno.