
Hablamos de Paulina Jaricot , nacida en Lyon, Francia, el 22 de julio de 1799. Su gran amor a Jesús y a las misiones la llevó a fundar la Obra de la Propagación de la Fe el 3 de mayo de 1822, cuando tenía apenas 20 años de edad.
Movida por el Espíritu de Dios, abandonó una vida de lujo y de superficialidad, y comenzó a visitar a los pobres, vistiendo como ellos y buscando nuevos medios para ofrecerles una limosna sin que se sintieran humillados -decía - «son ellos los que nos hacen el honor de aceptar nuestro dinero».
«El amor del divino Jesús, habiendo tomado misericordiosamente posesión de mi corazón, me hizo buscar en la visita a los pobres en su lecho de dolor, en el hospital, en los reductos de la miseria, la ocasión de prestarle algunos servicios” (Paulina Jaricot)»
La Obra de la Propagación de la Fe nace de la creatividad del amor. Paulina descubre que con "un céntimo a la semana" era posible apoyar la misión. Organiza un proyecto de ayuda a las misiones que inicia con el aporte de un céntimo por semana de solamente 10 personas. Luego esas primeras 10 personas invitarían a otras 10 a hacer lo mismo y así sucesivamente….
Hoy nosotros podemos preguntarnos: ¿cómo hizo para comprometer a otras personas? Hay tres "actitudes" concretas que Paulina vive y que anima a vivir a otros: ENTUSIASMO - SACRIFICIO - AYUDA CONCRETA. Estas tres actitudes eran la clave para animar a un serio compromiso con las misiones.
Además y como pilar de sus iniciativas, existía en su corazón UNA CLARA OPCION POR LOS MAS POBRES DE LA TIERRA
«La compasión que sentía por los pobres y por la miseria de los que no conocían a Dios impulsó a Paulina a organizar una colecta para la actividad misionera de la Iglesia , pidiendo a cada uno un sacrificio que contribuyera a unirnos a Dios y que es, como decía san Ireneo, el signo auténtico de la comunión con el prójimo» (Juan Pablo II)
Pero muy pronto se dio cuenta que era fundamental sostener todo lo que se hiciera a favor de las misiones con la oración, el encuentro personal con Jesús, el Misionero del Padre. Propuso entonces a quienes se comprometían a ayudar a las misiones la creación de una
«cadena de corazones unidos por la oración» y lo llamo Rosario Viviente. El plan era tan sencillo como el primero de un céntimo, ahora se trataba de comprometer a 15 personas que pudieran rezar.
«Por su fe, su confianza, su fuerza de espíritu, su dulzura y la aceptación serena de todas sus cruces, Paulina demostró ser una verdadera discípula de Cristo». (Juan Pablo II)
¿Pero, dónde encontraba tanta fuerza para la misión? Su vida diaria estaba iluminada por la Eucaristía y la adoración al Santísimo Sacramento. Muchas veces repetía: «QUIERO SER UNA EUCARISTIA VIVIENTE».
¿A qué nos invita hoy Paulina Jaricot?
Mirando su vida sencilla y entregada, podemos decirlo con tres breves afirmaciones:
- A un profundo amor a la Eucaristía
- A un gran aprecio por la oración
- A un compromiso real con la misión
«El testimonio de Paulina nos recuerda que la misión es un problema de fe, que es el índice exacto de nuestra fe en Cristo y en su amor por nosotros”»(Juan Pablo II).
Pidámosle a la venerable Paulina Jaricot, que interceda por la misión universal de la Iglesia , y por cada uno de nosotros que queremos ser verdaderos discípulos misioneros de Jesús.
Y recordemos que, desde el lugar y situación en la que nos encontremos, «Cada uno puede ser la cerilla que enciende el fuego» (Paulina Jaricot)
Los escritos de Paulina Jaricot nos revelan su corazón revelan su interior, las intenciones y deseos más hondos de su corazón misionero y universal.
Carta de Paulina Jaricot a su hermano Pablo, 13 de septiembre de 1817. De la copia conservada en la S. C. de Ritos, Escritos, vol. 9, p. 2.
Pablo Jaricot, hermano mayor y padrino de Paulina, se encontraba en Nápoles en viaje de negocios. Su padre lo había mandado a aquella ciudad sobre todo para distraerlo del gran dolor que le había causado la muerte de su esposa Juana María Julia Germain, acaecida el 29 de junio de 1816, un año después del matrimonio. Paulina, que hacía pocos meses había comenzado una vida de piedad y apostolado, le pide ayuda para sus obras de caridad y de un modo particular para la Providencia de S. Bruno, recién fundada por Claudina Thé-venet, a la cual alude con el nombre familiar de « Glady » (cf. Docs. III, p. 21 y IV, p. 121).
Al Señor Pablo Jaricot, en Nápoles. Lyón, 13 de septiembre de 1817
Mi querido amigo y hermano:
Aprovecho que papá te escribe, para molestarte con una de mis cartas. Te agradezco, querido, el regalo que quieres hacerme de una cotorra pero, ¡ay!, ¡no sé si encontrarás demasiado exorbitante la cuenta de la panadera! Temo mucho que te parecerá indiscreta. Pero, ¿qué quieres? los pobres desgraciados tienen hambre, y yo no puedo desentenderme y bendigo al Señor por el recurso que he encontrado en tu permiso absoluto, para aprovecharlo ampliamente. La panadera deseaba el otro día que se le pagara, ya que tiene una cuenta que se eleva a 25 luises, sin admitir los vales que remití después.
Habías prometido a la Srta. Glady que le ayudarías en la creación de un taller que quería hacer, donde se pondrían dos Religiosas como maestras. Será en gran manera útil puesto que procurará un asilo a jóvenes que sin recurso podrían cometer algunas faltas, que no se reparan fácilmente. ¡Oh! ¡Cuan agradecida te quedaría si cumplieras tu promesa! Te aseguro que no falta bien por hacer, sino bienes para dar. Me encuentro algunas veces entre el martillo y el yunque [entre la espada y la pared]. Por ejemplo, en esta ocasión, cuando veo el bien que resultaría de este establecimiento, y estoy sin dinero; y así en otras muchas ocasiones, por lo menos tan urgentes como ésta.
Si estuvieras aquí, hubiera recurrido a ti con frecuencia. Pero estamos tan lejos uno de otro que esto resulta difícil. Veo sufrir a los miembros de Jesucristo, y no puedo aliviarlos completamente. Pero es ya suficiente lo dicho, querido; tú sientes mejor que yo su desgracia, y espero que me indicarás algunos medios para calmarlos. El cielo, este cielo tan bello, será nuestra recompensa, siempre que sólo Dios sea el móvil de nuestra caridad.
Tu amiga y hermana en Jesucristo
Paulina María
P. S. Contéstame, te lo ruego, y no creas sin embargo que papá no me da nada; me da, pero ¿cómo pueden ser suficientes estas pequeñas cantidades?
Carta de Paulina Jaricot a su hermano Pablo, 2 de noviembre de 1817. - De la copia conservada en la S. C. de Ritos, Escritos, vol. 9, p. 3.
Pablo Jaricot se encontraba todavía en Nápoles. Paulina le agradece el dinero recibido y le habla detalladamente del empleo que le da; alude al «Señor Wurtz», su confesor, al cual debe su conversión; y habla de la felicidad de «Glady», «que arde en celo por nuestro Dios».
Al Señor Pablo Jaricot, en Nápoles.
Lyón, 2 de noviembre de 1817
Mi querido hermano y padrino en Jesucristo:
Quizá te hubieras sorprendido mucho viendo la alegría que he experimentado al sentirme tan rica... Gracias a mi divino Esposo al que con frecuencia le pedía que me mandara dinero; El se ha servido de ti para ser el instrumento de su tierna misericordia en favor de los desgraciados que estaban sin recursos y que ni yo misma conocía.
Testimonios de la Paulina Jaricot(1817)
Ahora ya, gracias una vez más todavía a nuestro Padre celestial, he sentido nacer en mi corazón la esperanza de la salvación de una joven de 17 años a lo más, que abandonada, por así decirlo, a su débil voluntad, ha tenido la desgracia de cometer una falta enorme, incitada a ello por una mala amiga.
El Sr. Wurtz, a quien he contado la manera cómo la he encontrado, los recursos que se tienen cuando se trata de reformar a una joven sin experiencia, y quizá sin instrucción alguna, que todavía no ha envejecido en el vicio, todas las señales de buena voluntad que ha demostrado para volver a Dios sinceramente, todo esto, digo, lo ha llenado de admiración por la amorosa Providencia que vela siempre por los hombres, aun los más culpables; él ha compartido el gozo que yo sentía, viéndome en condiciones, por los medios que me había procurado la Providencia sirviéndose de ti, de poner a esta joven en camino de salvación. Voy a darte cuenta de mis primeras tentativas, es decir, de las pequeñas cosas en las que me he ocupado. Para esto, en primer lugar, he pensado en vestirla, y lo está ahora bastante bien. En seguida, he encontrado una mujer ya de edad, pero muy alegre y sobre todo prudente, que se ha encargado de instruirla: lo cual sabe hacer bien, puesto que ha tenido en su casa varias jóvenes que el Sr. Cura Párroco de San Buenaventura había colocado allí para eso. Ella ha prometido que no permitirá que esta pequeña salga de casa sin ella, que ella misma la acompañará incluso para confesarse, en fin, que la cuidará de manera que se corrija perfectamente, si ella tiene buena voluntad.
Te advierto que siguiendo el consejo de la Sra. Perrin , he comprado una clase de tela - de la que no recuerdo el nombre - tanta cuanto he necesitado, para nuestros pobres, que sentían ya vivamente el frío. Te aseguro que es riguroso y que yo me he puesto ya sin cumplidos, mis vestidos de invierno.
Estos pobres desgraciados tenían mucha necesidad de hacer lo mismo, y yo pensé que tú estarías más contento si sabías que ellos iban ya vestidos con telas gruesas forradas de muletón. He hecho ponerlo todo en tu cuenta por el Sr. Dessere (o Sere, no lo sé). No te prometo el no reincidir; tengo una cantidad de hermanos nuestros que no tienen más que pobres vestidos, que sólo verlos da frío, y que dicen de un modo conmovedor que tus gastos no han terminado.
Te aseguro que has hecho a mucha gente feliz con tu carta. No sé cómo expresarte la alegría de la Srta. Glady , (que arde en celo por nuestro Dios) cuando ha visto que dabas para su establecimiento cien escudos. Te ha deseado toda clase de bendiciones y me ha prometido que rogará al Señor por ti y por el feliz éxito de tus negocios. Te aseguro que Dios ha enviado muy oportunamente lo que te ha inspirado escribir, pues este establecimiento nos preocupaba mucho, temiendo que fuera a pique por falta de dinero. ¡Ah! ¡Qué bueno es tener para dar! Qué dulce será para ti oír de la boca de Jesucristo estas palabras: «Venid benditos de mi Padre».
Entonces reconocerás que no has puesto tus bienes a fondo perdido; sino al contrario, que Jesús no se deja vencer en generosidad y da el ciento por uno de lo que se da por su amor. Entonces, ya no más tristeza, querido mío, ya no más aflicción por estar separado de aquella que amabas; reunidos los dos en el seno del Señor, os olvidaréis de vosotros mismos, o más bien vuestros corazones quedarán fundidos y no tendrán sino un solo amor: ¡El amor divino! ¡Oh! ¡Qué dicha, mi querido hermano! Cuando sientas tu corazón conmovido por los recuerdos dolorosos, levanta los ojos hacia la Patria , y esta vista hará nacer la calma en tu espíritu. Acuérdate de que lo de aquí no es sino un lugar de paso, y que el término de nuestro viaje puede ser que no esté lejos. ¡Animo! ¡Animo! Algunos combates aún, todavía algunos sufrimientos, todavía algunas tristezas, y, victorioso en tantos peligros, Dios te hará la gracia de morir en sus brazos. No eches ya de menos a tu mujer.
No estáis separados más que temporalmente y Dios os reunirá en seguida para no separaros jamás. ¡Ah! querido, Dios quiere de ti un sacrificio generoso, aunque doloroso; tu corazón da y querría tomar de nuevo, no hay que obrar así con un Dios que nos ha dado toda su Sangre. Sí, Dios nos ama más que a su vida, puesto que El la sacrificó por nosotros. Démosle, pues, de todo corazón, cualquier cosa que nos exija; que nuestros corazones sean el altar de nuestros sacrificios.
Adiós, mi buen hermano en Jesucristo. Que Dios en su liberalidad haga sentir en tu corazón cuan dulce es amar únicamente a El sólo.
Tu hermana en Jesús
Oración de petición para que Paulina Jaricot, sea declarada por la Iglesia , modelo de vida cristiana para todo el mundo
Tú inspiraste, Señor, a Paulina Jaricot
la fundación de la Obra de la Propagación de la Fe ,
la organización del Rosario Viviente
y su compromiso radical con el mundo obrero.
Dígnate ahora apresurar el día en que la Iglesia
pueda celebrar la santidad de su vida.
Haz que su ejemplo
arrastre a muchos cristianos
a entregarse al servicio de la evangelización
para que los hombres y mujeres de hoy,
en toda la tierra,
descubran tu Amor Infinito,
manifestado en Jesucristo Nuestro Señor
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
por los siglos de los siglos. Amén