¡Qué los niños y adolescentes ayuden a los niños y adolescentes!

Pbro. Osvaldo Pablo Leone,
Director Nacional de OMP Argentina

Revista Iglesia Misionera Hoy¿Qué entusiasmó a los Apóstoles cuando fueron, vieron y se quedaron con Jesús para después ir a invitar a otros a que hicieran la misma experiencia (Jn 1, 35-42)?

El amor es lo que nos gana el corazón y cambia nuestra vida. Jesús los llama para “estar con Él” y ésta es la primera “clave” para ser animadores misioneros. En el encuentro con Jesús empezamos a ser sus discípulos misioneros. El “fuego misionero” se despierta y se mantiene vivo en el encuentro con Jesús, “separados de mí, nada pueden hacer” (Jn 15,5).

La animación misionera tiene como objetivo fundamental: despertar, avivar y sostener el espíritu misionero universal. La IAM está al servicio de la Iglesia, para que el Espíritu Santo, protagonista de la misión, pueda despertar en el corazón de cada niño y adolescente la llamada de Jesús: “Ven y sígueme”. Este es el regalo más grande que podemos hacerle a cualquier niño o adolescente: ayudarlo a que se encuentre con Jesús para que sea su discípulo misionero.

El documento de Aparecida nos dice que los verdaderos destinatarios del anuncio de la Buena Nueva, “son sobre todo los corazones” (DA 375). ¿Cómo hacer entonces, para animar los corazones? ¿Cómo hace la IAM para despertar ese fuego misionero y mantener viva esa llama en el corazón de los niños y adolescentes?

Sabemos que ellos pueden entusiasmarse fácilmente con las palabras, pero lo que contagia es el testimonio de vida de otros niños y adolescentes como discípulos misioneros de Jesús. La IAM es misionera saliendo al encuentro de otros niños y adolescentes para contagiarlos de ese fuego misionero que recibió como un don, no para sí misma sino para los demás.

Tanto los niños como los adolescentes, son muy sensibles y entusiastas cuando se les ofrece la posibilidad de ser misioneros. La IAM tiene el compromiso de animar la misión ofreciendo este servicio a otros niños y adolescentes de cualquier movimiento o institución. Puede ofrecer jornadas o encuentros de animación misionera, tanto para educadores, como para alumnos, en las parroquias para que la catequesis pueda asumir la dimensión misionera universal que le corresponde, con los agentes de pastoral, también puede ofrecer animación y formación misionera intercambiando materiales y experiencias con los distintos movimientos, etc.

Los niños y adolescentes buscan proyectarse inmediatamente a la misión, son muy creativos cuando se les propone un servicio misionero concreto. Su testimonio como amigos de Jesús, su alegría y entusiasmo, abre camino a la Evangelización. Cuando se comprometen, son verdaderos misioneros y animadores de la misión en su propia familia, como en el barrio, la escuela o con los amigos.

Claramente, la Obra de la Infancia y Adolescencia Misionera (IAM) debe motivar el compromiso de los niños y adolescentes primeramente en la comunidad local, para luego motivar a una cooperación misionera tanto espiritual y material a favor de los niños y adolescentes de otros continentes. Pero una cosa no quita la otra, sino que ambas se necesitan mutuamente para que sean verdaderos misioneros. “La misión ad intra es signo creíble y estímulo para la misión ad extra, y viceversa” (Rmi, 34).

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