Compromiso Misionero
El domingo 15 de abril, de 9.00 a 17 hs. en el salón de la Catedral de Quilmes se llevó a cabo el taller formativo, organizado por la Vicaría de Evangelización y Equipo de Animación Misionera de OMP diocesana. Participaron más de 50 personas, miembros de las IAM, Grupos Misioneros, Misioneros Parroquiales, y otros agentes de la pastoral misionera de de Quilmes y de algunas diócesis vecinas de la Región de Buenos Aires.
 
El objetivo del primer bloque (a la mañana) fue la toma de consciencia de que nuestro compromiso misionero tuvo un comienzo en la llamada de Dios. Fuimos llamado de la misma manera que los grandes personajes de la Biblia, como Abraham, Moisés, los profetas, la Virgen María, los primeros Apóstoles, etc. Dios nos llama porque nos ama. Quiere compartir con nosotros su amistad y permitirnos es participes de su misión. Su llamada se realiza siempre en el contexto histórico responde a las necesidades del pueblo. Nadie puede tomar su vocación como asunto privado o como motivo de privilegio. Somos llamados para servir. Para responder al proyecto de Dios que es único e irrepetible en caso de cada persona, tenemos que saber escuchar la voz de nuestro corazón y leer los signos de los tiempos.
 
Todos somos llamados y existen diferentes itinerarios de la vocación. En caso de los miembros de la Iglesia hablamos de la vocación humana, vocación cristiana y finalmente la vocación particular. Tristemente hay que constatar que muchas personas nunca descubrieron que su vida matrimonial, familiar profesional debe ser vivida en clave del cumplimiento del proyecto de Dios.
 
Quienes descubren el misterio de la llamada divina, suelen sentirse poco dignos y demasiado débiles para llevar adelante la tarea designada por Dios. Y es donde aparece la palabra de Dios, como promesa, fuente de aliento y fortaleza.
 
Nuestra vida entendida como vocación, se convierte en el acto de entrega y la acción de gracias. En la actual “crisis existencial y vocacional” tenemos dar testimonio de alegría y entusiasmo en el estado de vida que una vez hemos discernido y asumido.
 
En la segunda parte reflexionamos acerca de la vocación laical. Todos los documentos de la Iglesia postconciliar nos muestran una renovada imagen de la Iglesia.
Todos los bautizados formamos el Cuerpo místico de Cristo y somos miembros de su pueblo. Todos son llamados a participar, tomar decisiones llevar adelante un apostolado personal u organizado, desde la familia, parroquia vista como comunidad de comunidades, grupos y movimientos. La misión de los laicos vista como “la luz del mundo”, “la sal de la tierra” y el “fermento en la masa” es urgente e irremplazable, para llevar adelante el proyecto de Dios de “renovar todas las cosas en Cristo”, es decir que todos los ámbitos de vida (cultura, ciencia, economía y política) sean renovados gracias a los cristianos conscientes de su llamada a la santidad.
En este sentido, hemos citado varias frases del reciente documento del Papa Francisco quien nos invita a revivir la vocación a la santidad y cumplirla con la sencillez de la entrega diaria en el lugar del mundo donde Dios nos puso.
 
P. Jorge Faliszek