Sofía González

Jesucristo, Señor de la Historia, te agradecemos por el don de la fe recibida. Que la frescura de tu Espíritu nos anime a compartir lo que recibimos gratuitamente y a anunciar la alegría de tu Reino.

Tengo la alegría de escribirles sobre el regalo inmenso que Dios hace a mi vida en este tiempo. Desde los primeros veranos en que salíamos con el grupo misionero de la parroquia, he sentido la invitación de Jesús, a ir a anunciarlo un poco más allá (de mí, de las fronteras, de esos quince calurosos días).

Con algunas excusas lo pospuse unos años, sin embargo, con infinita ternura y delicadeza para conmigo, el Señor siguió primereándome y preparando mi corazón, hasta el día de hoy en que no deseo más que cantar cada día junto a María, la misericordia de nuestro buen Dios.

Soñaba con África. Sin embargo, de la mano de Mama Antula, poco a poco, me fue llevando donde Él quiso: Santos Lugares, en nuestra querida diócesis de Añatuya, provincia de Santiago del Estero.

Que los Grupos Misioneros manifestemos la misericordia del Padre a los que están excluidos y alejados y asumamos que la vida se acrecienta dándola, reflejando en nuestros gestos cotidianos la presencia de Jesús.

A pesar de estar aquí hace pocos meses, ¡ya hay tanto que podría compartirles! Creo que lo mejor será contarles sobre algunas riquezas que encuentro al vivir la misión en estos lugares santos.

Una de ellas es que no estoy sola. Junto a las familias santiagueñas, vamos formando una comunidad misionera, con personas de diversos lugares y formas de vida: misioneros de Argentina y de América Central; religiosas, laicas, sacerdote. Algunos viviendo aquí hace años, otras hace unos meses, y también a la espera de más misioneros que están por llegar. Soñando quedarnos por seis meses, un año o toda la vida.

Creo que nuestro Padre Dios se encarga de hacernos experimentar el ser hermanos. No sólo entre quienes convivimos, sino también con cada familia que nos abre sus puertas y nos hace sentir en casa.

Otra riqueza que voy descubriendo, es la fe de nuestro pueblo en el noroeste argentino. La Religiosidad Popular en estas tierras, ¡tiene tanto para enseñarnos! En el día a día, en los gestos cotidianos, aprendo un modo nuevo de vivir y expresar la fe. El tomar gracia de los Santos, las procesiones con nuestra Madre (en especial la Virgen de Huachana, tan amada en estas tierras), el encender luces y poner flores de nueva vida en la cruz de los difuntos; son algunas de las muchas formas que tienen para mostrar que Jesús está presente, cercano y resucitado.

Que siguiendo tus pasos seamos Iglesia en salida, yendo a las periferias de este mundo con nuevo impulso misionero.

La parroquia El Santo Cristo, junto con sus cuarenta y nueve comunidades, tiene mucho trabajo para ofrecer. Algunas actividades son más rutinarias (como los programas de la FM parroquial, el trabajo en el colegio secundario, el grupo de jóvenes o de biblia) y otras son más itinerantes (como el instalarse durante algunos días en cada paraje, especialmente en los más alejados –muy parecido a las misiones de verano- o las fiestas patronales en cada lugar). Una vez más, resuenan las palabras del Papa Francisco y voy re-descubriendo cuáles son las periferias que el Señor me invita a atravesar en este tiempo. También aquí, podemos misionar en la vida cotidiana con los profesores y alumnos del colegio al que puedo llegar a pie, así como moviéndonos cientos de kilómetros para llegar a aquellos lugares y familias que parecen haber sido olvidados entre promesas electorales, caminos de tierra que se vuelven imposibles de transitar, y escuelas, en varios casos, con aulas vacías. No llegamos a todo lo que quisiéramos, pero confío en que la obra es del Señor, que Él hace grandes cosas con nuestra pobreza, y que seguirá enviando trabajadores a la cosecha.

Que María, Reina de las Misiones, nos ayude a descubrir la vocación misionera y nos anime a la revolución de la ternura. Aquí nos tienes, Jesús, para seguir en comunión y alegría, anunciando tu Buena Nueva y teniendo la misión como estilo de vida.

Siguiendo la invitación de Jesús, comencé mi caminito en los Grupos Misioneros. Allí, descubrí que el Señor me seguía llamando. Y sé que muchos más deben estar experimentándolo también. ¡Cuánto más tendrá Dios para sorprendernos! Aquí nos tienes, Jesús.