LA CRUZ DEL DISCÍPULO 
MISIONERO

Aporte de las Obras Misionales Pontificias de Argentina para la celebración del Mes Misionero Extraordinario – Octubre 2019-

Catequesis y diseño: Claudio Martín Navarro - Ilustración: Cristian Daniel Camargo

Introducción:

La Cruz es el signo de los cristianos.  Nos recuerda el Amor Salvífico de Cristo, nuestro único y verdadero Señor. El Amor de un Dios que asumiendo nuestros pecados, nos libera, nos salva.

La Cruz nos anima a caminar, sabiendo que no caminamos solos, que el Dios de la Vida camina con nosotros, ayudándonos a llevar nuestras propias cruces, asumiéndolas, redimiéndolas.

Somos misioneros del Cristo Crucificado, que venció a la muerte. Por eso la Cruz, es signo de luz, de victoria y de resurrección.

Contemplar imágenes y en especial la Cruz, al Crucificado, nos ayuda a cultivar actitudes de discípulo, adentrándonos en el misterio y en la fuerza que de ella brota, para ser más y mejores discípulos.

Con este espíritu contemplamos la cruz.

La Cruz del discípulo misionero:

El primer símbolo es la cruz en sí misma:

Miramos la cruz, centrándonos en la persona de Cristo, en el Crucificado. Implica sentirse "primereados en el amor". Un amor infinito, generoso y salvífico. 

El Espíritu Santo:

que desciende sobre Jesús, como lo hizo en el Jordán, (Mc 1, 9-10) representa  el dinamismo pastoral de su Iglesia. El Espíritu es el protagonista de la misión. Pensar la misión sin su presencia se reduce apenas a un conjunto de actividades, muchas veces vacías de contenido, que lejos están de ser la misión que Jesús comparte con cada uno de nosotros. 

Jesús resucitado que viene a nuestro encuentro:

Jesús camina, viene a nosotros, en lo familiar y cotidiano, Resucitado y Glorioso. Nos espera con los brazos abiertos, se dona, se da y al mismo tiempo nos envía, nos alienta, nos impulsa como misioneros a salir para encontrar a otros en el camino.

Con ese gesto, parece enviarnos y alentarnos para ir hacia adelante. Cristo nos indica el camino, El mismo es el camino, para ser transitado, vivido y consagrado al Padre y al Espíritu.

Jesús camina sobre el mundo, como signo del actuar de Dios aquí y ahora en nuestras realidades. 

Su túnica blanca, signo de resurrección, evoca la vestidura blanca del bautismo “Todos los que están bautizados están revestidos de Cristo.” (Gal 3, 27.28).

Los colores misioneros:

 

simbolizan la fuerza transformadora de la misión extendida en todas las naciones, en cada continente.  Rojo para América, verde para África, blanco para Europa, amarillo para Asia y azul para Oceanía.

El pueblo de Dios:

que peregrina siguiendo las huellas del Maestro, siendo partícipes de la Salvación y de la Vida Eterna que nos ha sido dada. Jóvenes, niños, familias y ancianos, todos somos discípulos misioneros. 

La Imagen de María de Lujan:

María es modelo para toda la Iglesia discípula misionera. Por eso peregrina junto a sus hijos, nos enseña a “hacer todo lo que Jesús dice” y a hacerlo “al estilo de Jesús”.

 “María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros.”(DA, 269).

 

La Palabra de Dios:

La presencia de la Palabra de Dios en la tarea misionera es fundamental. Es la Palabra acogida la que nos envía a la misión; y la misión es la proclamación de la Palabra de Aquel que nos envía como Palabra de vida plena.

Un árbol:

símbolo de la creación, la Casa Común. El sínodo de la Amazonía

«El Reino que se anticipa y crece entre nosotros lo toca todo» (EG 181). Con la muerte y resurrección de Jesús se ilumina el destino de la creación entera, impregnado de la fuerza del Espíritu Santo. La Pascua lleva a cumplimiento el proyecto de una “creación nueva” (Ef 2,15; 4,24), revelando que Cristo es la Palabra creadora de Dios (Jn 1,1-18) y que «todas las cosas han sido creadas por medio de él y para él»

Vasija de barro y el agua del bautismo:

Como misioneros llevamos el Tesoro de la buena noticia en vasijas de barro.  Barro que se vuelve frágil, barro que en las manos del alfarero puede dar vida y fortalece nuestro ser misionero.  Por el agua renacemos. El agua es fuente de vida y de bienestar, tiene la capacidad de lavar, limpiar y purificar.

El agua es fuente de vida, que fecunda, regenera, purifica. Simboliza entonces, la vida nueva de Hijos de Dios. Ser bautizado significa ser sumergido en Cristo, y participar, ya desde ahora, de su vida.

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