Pontificia

Unión Misional

PUM

Paolo Manna

Beato

La Pontificia Unión Misional es una de las 4 Obras que conforman las Obras Misionales Pontificias.

 

La Obra se inspira en el beato Paolo Manna, sacerdote misionero del Pontificio Instituto para las misiones extranjeras. Sostenida por san Guido María Conforti, la misma fue aprobada por el Papa Benedicto XV el 31 de octubre de 1916; y cuarenta años después el venerable Pío XII la calificó como «Pontificia».

A través de la intuición del beato Paolo Manna y la mediación de la Sede apostólica, el Espíritu Santo condujo a la Iglesia a tener una consciencia cada vez mayor de su propia naturaleza misionera, conducida luego a su maduración por el Concilio ecuménico Vaticano II.

El beato Paolo Manna comprendió muy bien que formar y educar en el misterio de la Iglesia y en su intrínseca vocación misionera es una finalidad que concierne a todo el santo Pueblo de Dios, en la variedad de los estados de vida y de los ministerios. «De las tareas de la Unión misional algunas son de naturaleza cultural, otras de naturaleza espiritual, otras, por último, prácticas y organizativas.

La Obra

Finalidades

específicas

AYUDAR

En la formación misionera de los líderes de las comunidades cristianas

y, en particular, de aquellos que están más involucrados en la actividad

misionera; en esencia, todos los llamados a participar activamente como

misioneros en el pueblo de Dios.

FORMAR

La formación misionera de los obispos y

de los sacerdotes es central, porque el compromiso misionero de la Iglesia

necesita de su compromiso y servicio como principio de unidad vital y

evangelizadora, que estimule la dimensión y la responsabilidad misionera

de cada persona y de cada institución que se les confía: ≪La preocupación

de anunciar el Evangelio en todos los pueblos pertenece al conjunto de

los pastores, pues recibieron todos juntos el mandato de Cristo que les

imponía un deber común≫

(Lumen gentium, 23).

La formación
para la misión de las OMP y de la PUM

Benedicto XV concluye la carta apostólica Maximum illud con una exhortación a los obispos a hacer todo lo posible para establecer en sus respectivas diócesis la Unión Misionera del Clero, que él mismo aprobó el 31 de octubre de 1916. Una realidad maravillosa y fructífera que esta dando un nuevo empuje al compromiso misionero del pueblo de Dios:

≪Y con razón: porque su carácter cuadra perfectamente con el influjo que debe ejercer el sacerdote, ya para despertar entre los fieles el interés por la conversión de los gentiles, ya para hacerles contribuir a las obras misionales, que llevan nuestra aprobación≫ (MI 107). Una realidad concebida porque, a través de los sacerdotes y de los obispos, los fieles bautizados fueron cada vez más conscientes de su propia responsabilidad misionera frente al mundo en apoyo del trabajo de quienes consagran toda su vida a la missio ad gentes.

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