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Voy de viaje, ¿quieres venir conmigo?


Partimos de la comunidad de Santa María y nuestro destino final es Coquinal. Esta comunidad estará celebrando a Nuestra Señora del Carmen, su patrona.

Ya está todo listo para partir, tenemos nuestro camping con su frazada y algo de ropa para esos días en la comunidad, lo justo y necesario, no es bueno cargarse de cosas. En el puerto de Santa María ya espera Bigmar el hijo de don Francisco, el animador de coquinal, él nos llevará a la comunidad.

Nos esperan cinco horas en canoa por el río secure.

Parece ser que el buen tiempo nos va a acompañar. Es un día cálido, el sol juega a las escondidas entre las nubes, el viento viene a darnos su aliento cuando parece que el sol se cansó de jugar y aparece con su fuego y su luz haciéndose sentir sin pasar desapercibido.

El río conserva su serenidad transmitiendo a su paso calma y paciencia, se deja acariciar por el paso de la canoa abriéndose a su paso.

No vamos solos, tenemos compañía y podemos ir en diálogo con el entorno.


A nuestro paso algunas petas (tortugas de río) intentan subir a los troncos de los árboles que en su momento dieron abrigo y alimento a las aves y hoy yacen derrotados por el fuerte torrente de agua que en su momento los venció. Hoy estos viejos troncos son refugio de lagartos, y lugares donde reposan las aves. Otros troncos sirven a las petas para que estas tomen el cálido sol del día apoyadas unas sobre las otras como queriendo jugar o esperando en fila algo, la más tímida al paso de los navegantes se arroja al agua. Los apresurados cuervos del rio, no nos permiten que los alcancemos lanzándose a una loca carrera para ver quién llega primero y más adelante nos esperan y vuelven a las carreras, un chapuzón, un poco de comida y a seguir con la competencia.


Pequeñas pero ágiles acróbatas van delante nuestro, son las golondrinas que van mostrado sus piruetas haciendo un sin fin de volteretas y de movimientos imprevistos que no sabemos cómo continuarán por donde y hacia donde se dirigirán volando a milímetros del agua sin tocarla.

A lo largo del recorrido vamos siendo custodiados en su gran mayoría sobre la ribera del río por ambaibos (arboles). AL lento paso de los viajeros, algunos de estos vigías parecen inclinarse curiosos para ver quiénes somos, otros llegan hasta tocar el agua y pareciese que sedientos buscan calmar su sed, hay otros que elegantes y esbeltos se mantienen de pie y nos miran desde arriba, los que están más atrás, parecen empujar a los primeros porque ellos no se quieren perder el paso de estos desconocidos.

Nuestro viaje continúa tranquilo y sereno avanzando a la velocidad de lo que una peta nada en el río, o tal vez un poco más rápido. Seguimos acompañados del sol que ya no juega a las escondidas. El que no se ha retirado es el viento que nos sigue acompañando y dando ánimo en la travesía.

Quienes no pasan desapercibidos a la vista de este viajero y su piloto, son aquellos gigantes de la selva que en su momento tuvieron vida y hoy yacen en el río y que en este tiempo de sequía las aguas dejan ver lo que en su tiempo fueron, grandes, poderosos, fuertes. Este cementerio de gigantes, interfieren en nuestro paso, nos ponen obstáculos, parecen querer agarrarnos, otros pareciera que salen a tomar una bocanada de aire, mientras que algunos perecen surgir del agua como queriendo ser rescatados y nos tienden su mano. Nos increpan con su presencia, nos hacen sentir que están cuando sin verlos ocultos bajo el agua nos chocamos con algunos y la canoa se sarandea.


Van pasando las horas y el sol dejó de jugar con las nubes, estas se van amontonando como diciéndoles: ya no jugamos. Se han tornado pesadas y oscuras, esto va a cambiar. El viento sopla un poco más fuerte, y los nubarrones descargan su agua. Ya se decía, se anunciaba días atrás; está por llegar el sur. Y si, llegó, pero también nosotros llegamos al puerto de Coquinal. Nos esperan días de encuentro y celebración. Gracias por este viaje. Te espero en el próximo. Dios te bendiga


No todos los viajes son iguales, cada viaje nos lleva a destinos diferentes, con el tiempo el entorno va cambiando, lo cual el paisaje cambia. En cada viaje algo diferente se contempla; el paisaje, los animales, el río, se contempla un pensamiento, una idea, un deseo, un sueño, un proyecto, una situación particular que se puede estar viviendo, un recuerdo, una persona o varias que son significativas en la vida de uno, cada viaje es diferente. Lo que siempre está presente en cada cosa y situación que es objeto de contemplación es Dios. Con él y desde él se contempla la vida.



P. Fernando Sánchez

argentino

Congregación de la Misión


“Con mis cohermanos Jorge y Andreas, estamos destinados a la misión por los ríos de la Amazonía Boliviana en la zona conocida como TIPNIS (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure). En la zona conviven comunidades indígenas Trinitarios y Yurakare. Atendemos unas 30 comunidades que se encuentran a la rivera de los ríos, Isiboro, Sécure e Ichoa, hay algunas comunidades tierra adentro. El acceso a la zona es por río o aire”.



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